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Columna publicada el 16-02-2004
La Convención nacional del Partido Popular de este fin de semana ha puesto sobre la mesa un interrogante inevitable en plena campaña electoral: ¿es mejor candidato Aznar o Rajoy? ¿Son contradictorios o complementarios? Además, las intervenciones de Aznar y Rajoy también han planteado otra cuestión: ¿estrategias diferentes o papeles repartidos? Es un asunto importante en una situación insólita. Y es que en la política española no se conocía nada semejante: un presidente del Gobierno con mayoría absoluta, con todas las papeletas para repetir y que dice adiós por las buenas. Es todo tan novedoso que en ocasiones hay que entender que se pueda registrar algún desajuste, aunque lo importantes es que, si se producen tales desajustes, se recompongan con rapidez.
Dicho esto, y en mi opinión, no estamos ante un discurso diferente. Estamos ante dos personas diferentes, pero con el mismo discurso. El director de campaña de Rajoy, Gabriel Elorriaga, lo decía gráficamente: "Aznar no es Rajoy y Rajoy no es Aznar". Es algo que todo el mundo sabía, pero que algunos siguen empeñados en utilizarlo electoralmente. De lo que no hay duda es de que el tono de Aznar en los mítines es bien diferente al de Rajoy, pero también es verdad que, si Rajoy actuara como Aznar en los actos públicos, los críticos dirían que el candidato es una mala copia del original. Lo que nadie cuestiona es que el que quiera criticar, va a criticar, da igual lo que se le ponga por delante. Pero, hasta el momento, lo que sí se puede decir es que Rajoy está aprobando con buena nota en un proceso muy complicado: suceder a un presidente del Gobierno que se marcha con una solvente gestión política y con una consistente mayoría parlamentaria. Rajoy lo está haciendo bien, algo que en sí mismo es muy complicado, y lo demás es marear la perdiz.
En este contexto, desde el PP se anuncia que este lunes ha comenzado la Fase III de campaña. Es un cambio de ritmo que imprime más beligerancia por parte del candidato, con un cuerpo a cuerpo directo con su adversario directo. Se trata de una nueva actitud –explican desde la calle Génova– que no se debe a ningún cambio de estrategia, sino que "es la nueva fase que ya estaba previamente diseñada", afirman desde la dirección popular. A este hecho se le puede añadir un dato. El pasado mes de diciembre, en un encuentro informal con periodistas, Mariano Rajoy decía: "No esperéis emociones fuertes hasta después de la Convención". Aquella advertencia, desde luego, la ha cumplido al pie de la letra.
Así pues, cuando entramos en la recta final de la campaña podemos decir sin temor a equivocarnos que Mariano Rajoy ha cubierto con brillantez la exposición de su programa. Ahora comienza el cuerpo a cuerpo final, un terreno en el que no habría de tener problemas ya que ha demostrado buena capacidad dialéctica en lugares como en el Congreso de los Diputados. Aznar no está preocupado con Rajoy, ni le ha tirado de las orejas. La preocupación general en la dirección del PP es que el partido esté movilizado convenientemente y, en estos momentos, no lo está. Esa es la gran cuestión. Por lo demás, Aznar y Rajoy son diferentes, pero también pueden ser eficazmente complementarios.

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