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Columna publicada el 07-10-2003
Este martes, con todos los honores que una celebración de estas características se merece, se ha celebrado en el Parador de Gredos una declaración institucional de los padres de la Constitución española. Allí estaban todos menos Jordi Solé Tura, ausente por una grave enfermedad. Los redactores del texto constitucional han firmado el citado documento en el que se deja abierta la puerta a la reforma constitucional, siempre y cuando se guarden las mismas reglas que en su nacimiento: es decir se aborde deSde el consenso. También se habla del respeto a los valores y a las reglas del juego como garantía de futuro. Se insiste en que la Constitución, veinticinco años después, mantiene el espíritu de reconciliación, ayuda a cerrar heridas históricas y alienta la voluntad de concordia. Los redactores del texto constitucional tampoco se han olvidado del reconocimiento para la figura del Rey Juan Carlos.
Son, en definitiva, afirmaciones más o menos conocidas, más o menos sensatas, más o menos previsibles. Ideas y mensajes que nunca viene mal recordar en el tiempo, en un momento en el que los moscones de la Carta Magna siguen incordiando. Y por cierto hay moscones para todos los gustos, de todo origen y condición.
Para empezar, tenemos a los nacionalistas que en estos momentos abordan una de sus mayores ofensivas contra la Constitución. Una ofensiva directa, aquí no hay engaños, contra esta norma de convivencia y en ningún caso con simples intenciones de una sencilla reforma. El Plan Ibarretxe es el intento más serio de romper la convivencia democrática, aunque el Jefe del Ejecutivo vasco intente acaramelar su mensaje con un falso diálogo. Los nacionalistas en su guerra, y los socialistas en su ambigüedad. En el Partido Socialista se ha entrado en una dinámica inexplicable para una formación que siempre había mostrado su fidelidad a la Constitución. El secretario general del PSOE, incapaz de imponer un criterio unificado, ha optado por dejarse llevar por la corriente. De aquí para allá, Zapatero navega sin rumbo fijo y con un criterio poco aclarado. Él dice que la Constitución es la gran referencia –algo que es de agradecer–, pero luego esa insistencia no la acompaña con el ejemplo. Especialmente con el ejemplo de saber poner orden y concierto en su propio partido. Y, sinceramente, se echa de menos un mensaje más sólido y más consistente del principal partido de la oposición en esta cuestión básica e imprescindible.
Pero en fin, los moscones de los partidos políticos tienen a la postre sus historias y sus hipotecas sobre las que el tiempo pasa indefectiblemente factura. Lo que no se entiende desde ningún punto de vista es que veinticinco años después "algún" padre de la constitución siga "mareando la perdiz", insistiendo en llamar la atención. En la reunión, celebrada el lunes por la noche, previa a la firma del documento, se ha podido oír a Miguel Herrero de Miñón pidiendo –eso sí con buenos modos– que el texto firmado en Gredos fuera amplio, que no se excluyera a nadie y que se dejaran las puertas abiertas a ¿todos? Ciertamente, el documento de Gredos recoge las ideas básicas que merece la pena recordar en un aniversario como este, aunque siempre podía haber sido más exigente. La lástima es que a estas alturas sigamos con estos moscones, que no consiguen nada; pero molestar, molestan los suyo.

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