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Hace mucho tiempo que la actitud del Comisario Peces ha agotado los calificativos. No hay palabras que puedan expresar la vileza con que este hombre esta tratando a las víctimas del terrorismo. Peces, ese gran hallazgo de Zapatero, ha conseguido situarse en una posición de descrédito tan grande que el único camino que le queda es irse a su casa por la puerta de atrás.
Sinceramente a estas alturas sólo queremos una cosa: olvidarnos de Peces para siempre. Que desaparezca de la vida pública. No queremos ver más a este personaje que se dedica a insultar, a atacar, a dividir, a desprestigiar, a despreciar a las víctimas del terrorismo. Es tal la ignominia que ya no es sólo cuestión de dimitir. Pero hay una solución. Peces, desaparece.
Hay que coleccionar mucho rencor, mucha bilis, mucho odio, mucho sectarismo. Hay que militar en la miseria más baja para entrar en este juego de ataque sistemático a las víctimas del terrorismo. Ha costado muchos años que tuvieran un reconocimiento público y general; ha costado mucho esfuerzo que tuvieran la posibilidad de desarrollar una vida normal con una atención específica. Ha costado todo demasiado como para que llegue ahora este señor e intente destruir todo el camino recorrido. Peces, desaparece.
Su misión era la destrucción de un colectivo que, gracias al apoyo de todos los ciudadanos, había recuperado un prestigio que se traducía en una vida más reconfortada después del sufrimiento por la perdida de los seres más queridos. Y ese vil encargo recibido por Zapatero ha sido obedecido de la forma más fiel posible a los deseos del presidente. Peces, desaparece.
Ha demostrado sin matices su indigencia moral; pero lo peor es que ha enterrado todos los posibles sentimientos positivos que pudiera albergar hacía las víctimas del terrorismo. De él ya hemos dicho que está inhabilitado para ese trabajo. Ahora ya no nos referimos a la política, estamos hablando de la faceta humana. Y Peces no tiene esa mínima talla personal para ocupar ese cargo pensado por Zapatero para alcanzar unos objetivos políticos de muy baja calaña. Peces, desaparece.

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