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Columna publicada el 05-05-2004
Siento de veras mi involuntario protagonismo tras el desdichado programa Historias de Aznar y Guiñol. Agradezco sin embargo a mi admirado Víctor de la Serna que en su columna de El Mundo del martes 4 de mayo se hiciera eco de la versión íntegra de mi aparición en ese espacio televisivo expuesta en este sin igual foro de libertad que es Libertad Digital y en el que me honra colaborar. Y digo mi involuntario protagonismo porque comprenderán los lectores que después de una década escribiendo libros junto con José Díaz Herrera, el dichoso programa no era precisamente una plataforma de lanzamiento al estrellato, sino más bien al contrario.
Cuando se pusieron en contacto conmigo los responsables del programa para invitarme a participar en él, lo hicieron en mi calidad de coautora de una biografía sobre el ex presidente del gobierno publicada por Planeta al final de la primera legislatura de José María Aznar. Me aseguraron que contaban ya con la participación de prácticamente “todos los autores” que habían escrito sobre él y que por lo tanto estaban muy interesados en incluirnos a ambos. Una vez consultado con el coautor, quién se temió lo que finalmente ocurrió y declinó participar, yo acepté.
Lo hice sencillamente porque considero importante defender siempre y sin complejos las ideas allí donde haga falta, aun a riesgo de que no siendo un directo, se extraigan los cortes que menos te favorezcan, algo que profesionalmente creo tenemos todos asumido. Daba por sentado que mi línea argumental no coincidiría con la de los Guiñoles pero pensé –y hete ahí mi pecado– que la respetarían. Lo que ni por asomo es práctica profesional admisible es la manipulación descarada y torticera que se produjo del sentido de mis intervenciones que se produjo.
La aparición al día siguiente en Libertad Digital de mi humilde protesta llevó al director de los Guiñoles a ponerse en contacto telefónico conmigo. Me pidió disculpas, enviándomelas además por escrito a lo largo de tres folios y me ofreció rectificar. Aludió a problemas de edición a la hora de cortar la frase y me comunicó su pesar por haber conocido mi indignación a través de Google (sic). Rechacé tal rectificación puesto que nada tengo que rectificar. Lo que dije, lo dije bien clarito desde el primer momento. Me aseguró que intentarían incluir el fragmento mutilado que tanto cambiaba el sentido de mi intervención y me expuso que mi valoración sobre Aznar como uno de los mejores presidentes de la Historia de España se suprimió “como se suprimen tantos cortes a la hora de la edición final”. No he visto la edición posterior del programa, si es que se realizó, ya que recientemente me he dado de baja de la plataforma digital única magistralmente fusionada por Polanco durante el intolerante, prepotente, autoritario y carente de libertad de expresión mandato de José María Aznar, al decir del imperio de Prisa.
No es ésta, por tanto, una cuestión de lavanderías de ropa sucia entre periodistas de distintas tendencias. Trasciende el ámbito personal y afecta a la integridad de esta profesión sobre cuya deriva siento una profunda tristeza. Mantenerse líderes en el mercado desde hace más de diez años escribiendo libros no es fruto del azar. Sólo debido al enorme esfuerzo, al rigor y al respeto a los hechos y a la verdad se consigue un respeto y un nombre en el periodismo, principios de los que se hurtó a los espectadores del especial de los Guiñoles de la cadena codificada, emitido ese día sí en abierto para que su rastrera manipulación llegara al mayor número de gente. Igual que tras la llegada de Aznar a La Moncloa publicamos Pacto de Silencio sobre su primer año de Gobierno, en cuya portada aparecía un primer plano del propio presidente con una tirita en la boca y que evidentemente no gustó nada al poder, dos años más tarde, a la vista de los acontecimientos, consideramos que éste lo había hecho bien y vio la luz Aznar, la vida desconocida de un presidente. En él se deshacían en halagos hacia el entonces jefe de Gobierno hasta los sindicatos. Pocos meses después de salir el libro, el biografiado obtuvo más de diez millones de votos. Lo dicho. Lamento coincidir con mis admirados colegas Díaz Herrera y de la Serna y en adelante me abstendré, faltaría plus, de “conceder ciertas entrevistas a quien juega siempre con las cartas marcadas”.

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