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Más allá del western: John Ford, libertad y propiedad privada

Repasamos el legado del genial cineasta y cómo sus películas defendieron el respeto a la ley, la iniciativa privada y la soberanía personal.

John Ford es el único director al que Orson Welles respetaba sin reservas. Cuando le preguntaron por los tres mejores cineastas norteamericanos, respondió: "El primero es John Ford, el segundo es John Ford y el tercero es John Ford."

Esta semana, en Economía para Quedarte sin Amigos, contamos con Santiago Navajas, filósofo y crítico de cine, para analizar tres películas del director —La diligencia, El sargento negro y El hombre que mató a Liberty Valance— y explorar por qué su cine sigue siendo una de las defensas más lúcidas del pensamiento liberal que ha dado la historia del séptimo arte.

La tesis de partida es que el liberalismo, a diferencia de otras ideologías, no es una utopía abstracta sino, como señala Navajas, "una utopía con los pies en el suelo, basada en una concepción de la naturaleza humana que no es idealista sino enraizada en lo que los seres humanos realmente son." Eso es precisamente lo que Ford traduce en imágenes: la violencia no es algo que deba negarse sino encauzarse mediante la ley, el orden surge desde abajo y no desde arriba, y la civilización es un logro frágil que exige coraje para sostenerse.

La diligencia ilustra ese orden espontáneo con una escena que hoy sería impensable: el ejército avisa a los viajeros de que no puede garantizar su seguridad y les deja decidir si continúan o no. Nueve personas de orígenes y clases muy distintos —incluyendo una prostituta y un fugitivo recién salido de la cárcel, los verdaderos protagonistas— deben ponerse de acuerdo por sí solos. Como apunta Navajas, es "una defensa de cómo el orden surge desde abajo, de la capacidad de la sociedad para autoorganizarse sin esperar que vengan desde arriba a sacarle las castañas del fuego".

El hombre que mató a Liberty Valance va más lejos y plantea una de las preguntas sin respuesta de la historia del cine: ¿está mal lo que hace Tom Doniphan? La película demuestra que en el fundamento de la civilización, más allá de la ley y la racionalidad, está el coraje. "El mal no triunfa porque haya muchos malos, sino porque hay pocos buenos que se atreven a enfrentarse a ellos", señala Navajas. Y el título en inglés —The Man Who Shot Liberty Valance, no quien lo mató— matiza que Stoddart tuvo al menos el valor de intentarlo.

El sargento negro añade otra dimensión: la dignidad del que cumple la ley aunque no sirva de nada, aunque sea injusta, aunque nadie se lo agradezca. El sargento Rutledge podría escapar, pero elige quedarse y confiar en el proceso. Ese imperativo moral que va más allá de los incentivos materiales conecta con uno de los debates más recurrentes entre economistas y filósofos: hay cosas que se hacen porque están bien, no porque sean rentables.

Lo que la crítica progresista nunca le ha perdonado a Ford es precisamente eso: que levanta las alfombras y muestra cómo se hace la civilización. Sus héroes no son los que diseñan los sistemas desde despachos luminosos sino los que aguantan sobre sus hombros el peso de construirlos en el barro. Y sus personajes más despreciables —el banquero clasista de La diligencia, los sudistas de El hombre tranquilosiempre conservan una nobleza que el cine maniqueo jamás les concedería.

Para profundizar en estas ideas y conocer el análisis completo de Santiago Navajas sobre John Ford y su lectura liberal del cine del oeste, te invitamos a escuchar el episodio completo de Economía para Quedarte sin Amigos, disponible en todas las plataformas de podcast y en el canal oficial de YouTube.

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