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Más de una vez nos hemos venido refiriendo aquí al insondable misterio del catalán simpático. Ese fenómeno estupefaciente que jamás deja de maravillarnos a los aborígenes, y del que ya un Pla no menos perplejo escribiera gloriosas páginas sembradas de atónita admiración. Grosso modo, el prodigio consiste en que ciertos catalanes, guardianes celosos de un arcano ignorado por el común, logran hacer de Madrit un sayo –el suyo– por arte de birlibirloque; vaya, sin haber de demostrar nada del otro jueves ni allí, ni mucho menos aquí. Así, pensábamos los demás que a esos iniciados en el secreto les bastaba con imprimirse el gentilicio en las tarjetas, meter una muda limpia en la maleta, plantarse en El Prat y... ¡alehop!, de Madrit al cielo.
Pensábamos digo, pues acaba de llegar a las librerías el tío Macià Alavedra con las rebajas. Y es que en la primera parte de las "Memorias" del prócer nacionalista (la segunda habrá de redactarla Javier de la Rosa algún día) se desface el entuerto. "Los Reyes son los padres", nos revela ahí el afortunado marido de Doris Malfeito, aquella prodigiosa artista que, a mediados de los ochenta, se tornara la pintora más cotizada del Mundo en las galerías de Barcelona y su partido judicial.
"Fue una lástima que se nos escapase. En aquel momento, la única manera de retenerlo hubiera sido nombrarlo consejero. Hablé con Pujol, pero el president, que después lo ha acabado valorando, tal vez no lo conocía bien (...) Después tengo entendido que Pujol le ofreció alguna cosa y estrecharon relaciones, pero ya era tarde". Tal que así –confiesa Alavedra– comenzaría la tocata y fuga de su subordinado predilecto, Josep Piqué, el que creíamos último exponente vivo del gran enigma.
Lo dicho, señores: los Reyes son los padres. De tal guisa, poco más tarde de que don Josep desertase de la Generalidad por tan insalvables discrepancias doctrinales con el nacionalismo, sucedía el encuentro llamado a descubrir la almendra del misterio. Recuerda, lacónico, Macià: "Un día lo llamé a mi despacho y le dije: Josep, te harán ministro. Él me respondió que no, que sabía que le querían ofrecer alguna cosa, pero no algo tan gordo."
Mas iba a ser que sí. Resulta que, en una cena por ahí, al dirigente soberanista le "pareció" que buscaban catalanes para cubrir algún ministerio; y, claro, sonó el nombre de Piqué. Luego, sin duda por pudor, el autor nos ahorra el desgarrador dramatismo de la escena que hubo de vivir en su despacho ante el candidato. "El Partido Popular no le hacía ninguna gracia, él quería ser el hombre de Convergencia dentro del Gobierno (...) Yo le advertí: Si entras en el Gobierno de Aznar serás un independiente, en ningún caso el hombre de Convergencia, eso lo tienes que tener muy presente". Y coló.

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