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La nueva izquierda

Neocon o no neocon

Lo primero que pone en claro la salida de los descontentos vascos del PSOE es la crisis del propio PSOE. El PSOE ya no es lo que era. Esa parece ser la conclusión a la que han llegado. Se podían haber integrado en el PP. Es lo acabaron haciendo muchos “neocon”, o “nuevos derechistas” norteamericanos cuando se desencantaron de la política del Partido Demócrata y se pasaron al Republicano, en los años 70. No todos lo hicieron, es verdad. Pero sí la mayor parte. Lo que aportaban a la derecha era un apoyo moderado a determinados programas de bienestar y una concepción moral de la política exterior, más intervencionista de lo que era entonces tradicional en el Partido Republicano.

¿Qué es lo que habrían podido aportar nuestros neocon, en el caso de que lo hubieran sido, al Partido Popular? Ideológicamente, muy poco. En el PP hay de todo: liberales, conservadores, democristianos, incluso socialistas, alguno de estos últimos sin saberlo y otros muchos sí. En política exterior, la nueva organización no tiene una sola idea. En realidad, es un partido con un punto único en el programa: la defensa de la nación española y del Estado democrático y constitucional.

Resulta que también ese flanco lo cubre el PP. Aunque hay que reconocer que no del todo. La incorporación de Mikel Buesa al nuevo partido, que debería explicar con sinceridad, lleva a pensar que lo que quieren hacer valer es una reforma constitucional que permita una gobernación de España sin hipotecas nacionalistas.

En mi opinión, el PP es el primer partido interesado en esta reforma. Y es el primer interesado en proponerla como se debe, es decir adelantando que, de llevarse a cabo, se hará contando con el PSOE. La oferta al electorado sería doble: la de una reforma constitucional sensata y la de un pacto entre los dos grandes partidos nacionales sobre este asunto. Un pacto natural en cualquier país civilizado cuando se ha llegado a la situación en la que estamos.

El nuevo partido introduce una variable nueva. Mikel Buesa, el recién incorporado fichaje, ha argumentado que el problema político español consiste en que sólo hay un partido que defienda la nación española democrática y constitucional. No es exactamente así. El problema político actual es que el PSOE no sólo ha dejado de sostener una idea democrática, constitucional y nacional de España. Es que está creando un magma (hablar de modelo sería un chiste) confederal en continua transformación. A su lado el famoso pacto bilateral y sinalagmático de Pi y Margall es un dechado de racionalidad y cartesianismo.

Que nos deslicemos hacia esa cosa zapateril no es una hipótesis. Ya estamos en ella. Y que nos hundamos definitivamente en ese magma es lo que está en juego en las próximas elecciones. Elecciones que se celebrarán, por lo que se sabe, dentro de seis meses. Pensar que se puede crear una izquierda nacional de nuevas en ese tiempo no es de recibo. Y menos un partido capaz de negociar una reforma constitucional.

Se podía haber aportado al PP un apoyo desde fuera, condicionado a la aceptación de una parte al menos de la propuesta de reforma constitucional. El grupo habría seguido siendo de izquierdas, algo por lo visto esencial, con la ventaja de no haber puesto en peligro el movimiento cívico surgido en el País Vasco y en buena parte de España en los últimos años. En cualquier caso, que los votantes del PP tomen buena nota que estos “neocon” nonatos no se mezclan con “la derecha”, es decir con ellos.

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