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EEUU

Tea Party

En 1773, un 16 de diciembre por más señas, tres barcos cuyas bodegas rebosaban té llegaron hasta el puerto de Boston. La carga tenía su aquel porque las autoridades británicas habían decidido que no sólo tenían el monopolio del té sino que además podían utilizarlo como instrumento para aumentar los impuestos de los colonos americanos. La respuesta de los funcionarios del puerto de Boston consistió en apoderarse de los barcos y, acto seguido, un grupo de colonos, convenientemente disfrazados de pieles rojas, entraron en las naves y arrojaron la carga de té al mar.

La acción fue interpretada inicialmente por los británicos como una gamberrada además de un intolerable quebrantamiento de la legalidad. Sin embargo, aquel Tea Party significaba mucho más. Apelando al precedente de las revoluciones puritanas del s. XVII, los americanos no estaban dispuestos ni a permitir que les subieran los impuestos ni a que los políticos sentados en el parlamento no les defendieran de aquellas arbitrariedades. 

Jorge III, a pesar de que pasó loco buena parte de su reinado, captó enseguida el fondo del asunto y dijo aquello de "las colonias americanas se han ido con una novia puritana". No estaba mal el comentario porque los puritanos habían decapitado a Carlos I por ser un déspota justo en la época en que los españoles soportaban a un Felipe IV que aniquilaba el imperio y los franceses se rendían ante un absolutismo servil. Estaba loco, pero no era idiota Jorge III. 

Al cabo de unos años, los americanos no sólo eran independientes sino que habían creado la primera democracia contemporánea. Con estos antecedentes –gloriosos, sin duda– no es de extrañar que el movimiento social de mayor relevancia en Estados Unidos haya decidido autodenominarse Tea Party. Sé que la prensa progre española califica al Tea Party como grupo de extrema derecha. La ignorancia es lo que tiene. 

El Tea Party es un grito de libertad que recupera la esencia de la constitución norteamericana recordando que no se puede consentir que el ciudadano se vea aplastado por los impuestos y mucho menos que esas decisiones las adopten unos políticos convertidos en casta parasitaria en lugar de en representantes del pueblo que los eligió y, por añadidura, los paga. Ni que decir tiene que en los Estados Unidos de Obama son necesarios como la lluvia temprana. También lo serían en España, pero de eso hablaré otro día. Ha comenzado a sonar la alarma contra tornados y debo ir a protegerme en el refugio. Cosas del Sur.

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