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Estos días en Colombia llueven verdades, toda clase de verdades. Algunas, no tan verdaderas. Las hemos oído de todo color y origen, nacionales e internacionales y con todo nivel de veracidad. Unas son a todas luces falsas, otras semifalsas, amañadas, negociadas, compradas, inventadas y, valga decir, alguna que otra son verdades con mayúscula. Pero, ¿es qué acaso existe la verdad absoluta, transparente y universal? Aquello que es cierto o verdadero para usted, puede ser visto como una falacia o una invención por su vecino.
Los colombianos oímos todos los días la "verdad" de los paramilitares que se han acogido a la amnistía, que acusan a diestra y siniestra para mostrar su arrepentimiento y obtener beneficios legales. Por otro lado, los que han sido señalados por los "paras" como sus cómplices, varias docenas de congresistas, algunos de los cuales ya están en la cárcel, señalan a sus acusadores como mentirosos. El ir y venir de estas acusaciones, más el resultado de pesquisas periodísticas empeñadas en encontrar "verdades" en contra del presidente Uribe, han salpicado la legitimidad del gobernante, quien, naturalmente también tiene su verdad, la cual hasta ahora, aunque un poco averiada, se sostiene. Y es que algunos periodistas, no digo que todos, se rasgan las vestiduras y claman por la verdad a cualquier precio. Pero, muchas de las noticias que nos dan tienen un tufillo a prefabricado bastante sospechoso.
En lo referente a la relación con Ecuador y Venezuela, Uribe dice la verdad respaldada por los famosos ordenadores rescatados del campamento del narcoguerrillero Reyes, repletos de pruebas, con fotos y todo, de las relaciones de las FARC con esos gobiernos. Correa y Chávez dicen otra cosa muy distinta. Naturalmente, las FARC y sus amigos tienen su propia historia, que venden internacionalmente como verdad absoluta.
¿Cómo reconocer la veracidad de las "verdades" con que estamos siendo bombardeados? Primero, hay que tener en cuenta quién la dice. ¿Provienen acaso de una persona que ha estado fuera de la ley, por ejemplo un asesino acostumbrado a matar y mentir? ¿Beneficiará judicial, política o económicamente al que las dice? ¿Se trata de algo que hoy afirma alguien que anteriormente lo ha negado bajo juramento? Y, así podemos plantearnos un sin fin de preguntas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que aun el más mentiroso dice la verdad ocasionalmente y el más honesto a veces miente.
En todo caso, en este momento en Colombia se vive un total estado de confusión. ¿A quién creer? ¡Dios mío, a quién creer! Porque tampoco es que nos tengamos que tragar entero todo lo que nos digan. A mí, que me traigan pruebas comprobables.
© AIPE
María Clara Ospina es analista colombiana.
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