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No adoptes, compra

Ni adoptes ni compres animales ni plantas cuando viajes fuera de España, en cambio puedes comprar artesanía propia de las poblaciones indígenas.

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Detalle de una cabeza de guacamayo barba azul | Clément Bardot/Wikipedia

Que nadie se asuste ante esta utilización en sentido contrario del viejo lema proteccionista de perros y gatos. Nos referimos exclusivamente al mundo de los animales silvestres que algunos viajeros adquieren o adoptan durante sus trayectos a países exóticos.

Ni adoptes ni compres animales ni plantas cuando viajes fuera de España, en cambio puedes comprar, pero no seres vivos, sino artesanía propia de las poblaciones indígenas. Seguramente serán objetos bellísimos y no sólo harás un beneficio a la fauna y a la flora, sino también a nuestros congéneres.

Hay que insistir en recomendar que no se compren animales, ni plantas, ya que algunas especies botánicas están también protegidas por el Convenio CITES y otros tratados internacionales similares, lo que nos puede traer como desagradable consecuencia la confiscación y la multa correspondiente al terminar el viaje de retorno.

Pero la compra de artesanía es otra cosa. Muchas poblaciones autóctonas de países pobres en desarrollo y ricos en naturaleza desarrollan trabajos manuales que se traducen en diversos objetos decorativos, ropas y demás enseres, algunos muy imaginativos. Todos serán magníficos recuerdos.

Vamos a ser aún más exigentes: también está prohibido el comercio de objetos fabricados con restos biológicos procedentes de especies protegidas, de manera que adiós a los objetos de carey o de marfil, por limitarnos a un par de ejemplos.

El caso de los guacamayos

El guacamayo barba azul y sus bellas plumas nos proporcionan un excelente ejemplo de cómo proteger la naturaleza aguzando el ingenio y sin menospreciar las tradiciones populares. Una reciente conversación mantenida en nuestro programa Jungla de asfalto en esRadio, con el Director científico de Loro Parque Fundación, el biólogo Rafael Zamora, nos ha causado verdadera admiración. Esta es la historia:

Es verdaderamente conocido y prestigioso el Loro Parque del tinerfeño Puerto de la Cruz. Se trata de uno de los mejores zoológicos del mundo y cumple todos los requisitos de lo que debe ser una de estas instituciones en la actualidad. Su gran especialidad son los loros en todas sus gamas, desde los diminutos Forpus a los grandes guacamayos, y sus éxitos con esta espectacular familia de aves incluye la reproducción en sus instalaciones de algunas especies en peligro crítico de extinción.

En paralelo al zoológico propiamente dicho, funciona, y muy bien, la Fundación Loro Parque, implicada en numerosos proyectos de defensa animal preferentemente en los países de origen de las especies correspondientes.

Es el caso del proyecto para la conservación del guacamayo barba azul, o barbazul, como también se le conoce.

Se trata de un gran guacamayo de plumaje azul y amarillo. Su nombre científico es Ara glaucogularia, y es muy parecido al conocido guacamayo azul, Ara ararauna, pero muchísimo más escaso.

Lo más característico de esta especie es su garganta azul, que no posee su primo el ararauna; ambos han sido sometidos durante casi todo el pasado siglo a una captura excesiva con destino al mundo de los animales de compañía y el ararauna ha resistido mejor, pero el pobre barba azul ha llegado a ser tan raro que puede que no queden en libertad más allá de doscientos ejemplares. El peligro de extinción es crítico.

En la actualidad la mayor parte de esa población sobrevive en la zona boliviana de Muxo, y hasta aquí se ha dirigido un ingenioso proyecto de Loro Parque Fundacion para colaborar en la salvación de los últimos ejemplares del Ara glaucogularis.

Se trataba de neutralizar un peligro quizá aún más preocupante que el de la caza para el mercado doméstico: la captura para la obtención de las bellas plumas largas azules del ave para adornos tribales de amplia tradición y extendido uso en fiestas populares de las zonas de origen.

Y aquí viene el derroche de ingenio: se trata de fabricar plumas artificiales que imitan fielmente las de los guacamayos barbazul adultos. Se ha proporcionado material y método para hacerlo a las poblaciones que aún conservan "la Paraba de barba azul", como en Bolivia se llama a la especie. El éxito está siendo rotundo.

Porque los tocados de plumas artificiales en nada desmerecen en belleza de los naturales, de manera que se aceptan plenamente en las ceremonias rituales y además, como son muy sencillas de fabricar, se veden como recuerdo a los turistas e incluso comienzan a exportarse como artesanía propia de la zona. Todo funciona de manera esperanzadora.

Sirva como botón de muestra el ejemplo que exponemos: la imaginación funciona y el fomento de la compra de artesanía de imitación de la naturaleza puede ser la tabla de salvación de numerosas especies en peligro.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

En Tecnociencia

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