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De la Vega

De Maputo a Nueva York

Se puede ser una ajetreada vicepresidenta del Gobierno y estar al día en las novedades de la moda femenina, e incluso compatibilizar el exigente trabajo de despacho que requiere el cargo con viajes a tierras exóticas aduciendo los motivos más variados. La prueba es que Fernández de la Vega lo hace habitualmente, de forma que tan pronto hace su aparición estelar en Maputo ataviada con la tradicional vestimenta mozambiqueña para redimir a la mujer africana de su discriminación ancestral, como acude a las capitales más cosmopolitas con el mínimo séquito que requiere un alto cargo, que si es socialista no baja del medio centenar.

Las frecuentes visitas a Nueva York de la vicepresidenta del Gobierno de España deben tener alguna explicación distinta del estricto cumplimiento del deber, porque no se conocen casos similares entre los vicepresidentes del resto de la Unión Europea.

O María Teresa se ve fuera del brillantísimo equipo de Rodríguez Zapatero y está aprovechando para fundirse el presupuesto de viajes de su departamento antes de que le indiquen el camino a la puerta, o alguien le ha dicho en serio que le trae un aire a Sarah Jessica Parker y ha decidido frecuentar los mismos lugares que el personaje de la famosa comedia "de género" que catapultó al estrellato a la actriz.

 A Fernández de la Vega le gusta Nueva York, qué se le va a hacer, y como en la gran manzana debe haber todos y cada uno de los días del año del orden del centenar de actos que tengan algo que ver con la cultura o la lengua españolas, la Fernández ha encontrado un buen pretexto para esmaltar con su presencia y la de su cortejo algunos de estos saraos, por más que en algún caso sólo hayan concitado la atención de una veintena de estudiantes de lengua española.

En todo caso, puestos a que dilapide el dinero que le quita a los pensionistas está bien que el Gobierno envíe a sus representantes a países civilizados como los Estados Unidos de Norteamérica. Allí no les piden subvenciones para las cosas más absurdas como ocurre cuando viajan al tercer mundo y, además, con unas cuantas giras neoyorkinas más hasta es posible que un alto porcentaje del séquito vicepresidencial acabe civilizándose y sacudiéndose el pelo de la dehesa del que habitualmente hacen gala los políticos profesionales de la España interior. Cosas más raras se han visto.

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