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Galicia sueva

¡Ah, traidores...!

Me ha llegado por correo esta protesta que circula entre las bases del BNG, creando en ellas notable inquietud y confusión:
 
“El BNG reclama para Galicia algunos territorios de León y Asturias. ¿Sabrán lo que hacen? A uno de esos irredentos le oí decir: “Nos non falamos galego. Falamos berciano, que é moito más difícil, e moito mais bonito”. ¡Y tan campante, el tío! ¿Adónde puedes ir con tipos así, renegados, xente da tralla que jamás entenderán la fuerza de la razón, sino sólo la razón de la fuerza? Pero ya les ajustaremos cuentas cuando llegue la ocasión. Que llegará, no lo duden, porque las grandes causas siempre terminan venciendo. Es una ley de la Historia.
 
Y a todo esto, ¿podemos hacer algo con gentecilla tan coitadiña y petapouco como los mandamases del BNG? Vamos a ver, señores, todo el mundo sabe que las esencias gallegas provienen del reino suevo, de nuestros llorados reyes Rékila, Rekiario, Miro… Sobre todo el gran Rékila, que supo extender Galicia por los territorios que hoy ocupan Portugal, Asturias, León, Extremadura, la Mancha y Andalucía. Bien, de acuerdo, no vamos a reivindicar ahora mismo esos territorios, el realismo es fundamental en política, no lo ignoro. Y la política es la ciencia de lo posible, eso lo sabe cualquiera. Pero en cualquier caso debemos hacer constar bien alto nuestro derecho. Como cuestión de principio. Luego ya veremos, la vida da muchas vueltas, y lo que hoy parece imposible mañana puede resultar sencillísimo. Bueno, pues estos tipos del BNG no sólo no lo hacen constar, ¡es que ni siquiera osan reclamar el mínimo de los mínimos, coño, el tercio norte de Portugal, dos tercios de Asturias y la región leonesa hasta Salamanca inclusive! Advierto esto con amargura, porque duele hablar así a individuos que, en definitiva, son compatriotas. Duele tener que advertirles del camino de renuncia y traición que han emprendido. Pero, aun amargo, no es menos necesario, pues la base sana del partido debe entender, sin sofismas ni triquiñuelas retóricas, adónde nos llevaría una política claudicante. La base sana debe hacérselo ver a los líderes, y repudiarlos descabalgarlos democráticamente de sus puestos si no entran en razón. Quienes sentimos de verdad la nación gallega tenemos la obligación de denunciar la traición y la claudicación, caiga quien caiga.
 
Señoras y señores, hombres y mujeres de Galicia, ¡no podemos conformarnos con cuatro leguas del Bierzo y otras cuatro de Asturias! Si ustedes, líderes, siguen por ahí, estarán traicionando, pura y simplemente, los más elementales intereses nacionales de Galicia. Y aún diría más: ¡estarán colaborando, quizá no intencionadamente, pero sí de hecho, con la injusticia histórica de un imperialismo salvaje que nos privó de nuestras tierras, aplastando nuestra libertad! Pues desde que, con ferocidad y alevosas insidias, la barbarie visigoda derrotó a nuestro recordado rey Miro, Galicia no ha conocido sino opresión, humillación, explotación colonial y genocidio. ¡Casi mil quinientos años de tantos males, carallo, que eso sí que no hay cuerpo que lo resista! Los gallegos siempre nos hemos distinguido por nuestro espíritu tolerante, pero bueno está lo bueno, y hay cosas que no pueden ser. ¡Y estos del BNG, tan frescos, como si no hubiera pasado nada, como si de aquel imperdonable crimen histórico fuéramos a resarcirnos con unas migajillas aquí y allá! ¡No, hombre no, hasta ahí podían llegar las bromas!
 
Porque aquella derrota de nuestros suevos fue el disparo de salida para la ristra interminable de tragedias y sangrientos errores que marcan a fuego la desgraciada historia de España. ¡Cuán distinto hubiera sido todo si hubiera triunfado en la península la ilustrada Galicia sueva sobre la ignominia visigoda! Porque, ¡fíjense ustedes, líderes cagapoquito del BNG!, el mismo Ortega y Gasset, ya saben, el filosofastro españolista aquel, admite que España ya empezó mal, y empezó mal por haber ganado los visigodos, unos tipejos contaminados de latinismo decadente. Seguramente hasta habían perdido su idioma propio, ¡y ahí está la clave de tantas miserias posteriores!
 
¡Pero los suevos eran otra cosa, compatriotas! César describe muy bien en sus “Comentarios de la guerra de las Galias” el sistema prácticamente socialista de los suevos. Y mantenían, eso podemos darlo por descontado, su idioma germánico; no el alemán degenerado de hoy día, no, algo incomparablemente más noble. Un idioma que, no me recato en hacer el llamamiento, la intelectualidad gallega consciente y patriótica debería recobrar, porque no basta, como se viene haciendo, con reivindicar nuestro reino suevo. ¡He aquí un programa espiritual de altura! ¡Atrevámonos! ¿Por qué quedarnos en pequeñeces? ¿En ambiciones de aldea o en charlatanería vacua que apenas logra encubrir la aspiración de los trepas a cargos de poder y dinero? Porque, sin la lengua sueva, nuestro ser gallego permanecería como mutilado, incompleto, hemipléjico. Sólo hace falta emprender la adecuada investigación filológica, y para ello contamos con el ejemplo generoso, la espléndida inspiración, me atrevería a decir, de Cubillo y su glorioso MPAIAC cuando resucitaron el idioma guanche. ¿Hemos de quedarnos atrás los gallegos? A su debido tiempo declararemos cooficial y de enseñanza obligatoria el idioma suevo, expulsando de una vez el de Franco, de Valle Inclán, de Pablo Iglesias y de Cela, esa sucia lengua que nos degrada al nivel de los españoles. En la cual me veo desdichadamente forzado a escribir, por no estar el proceso de concienciación patriótica tan avanzado cual debiera, a causa de la nefasta colonización española, reforzada por las traiciones y claudicaciones de los líderes beenegueiros lacayos de Madrid.
 
Por supuesto, los líderes beenegueiros me tacharán de exagerado y de provocador, tratarán de embaucar a la buena gente contándole que ellos también están de acuerdo, pero que eso no es una reivindicación de ahora mismo. ¡Traidores, una vez más! O, lo que puede incluso ser peor: ¡ineptos! Disfrazan su ineptitud con el conocido truco del realismo político. ¡Hay realismos y realismos, señores furafollas!”
 
Lo firma un tal “Xan o Brétemas”, poético seudónimo, sospecho, de un prestigioso intelectual nacionalista que prefiere mantener el anonimato.
 
El texto, debo admitirlo, me ha convencido y casi emocionado. Lo discutí con Cristina Losada, pero ella preconiza la independencia de Vigo ¡Mujer, Cristina…! No voy a decir que andes descaminada, todos conocemos el hecho diferencial vigués, eso nadie con sentido común y un conocimiento elemental de la Historia lo pone en duda. ¡Pero de ahí a la independencia…! Un poco excesivo, ¿no? El honrado pueblo vigués, estoy convencido de ello, aceptaría una amplia autonomía si se le explica bien. Algo como los estatutos de Ibarreche, Carod, Maragall y demás próceres ilustres, modelos de estadistas con visión política de alcance. Además, aun si digna de consideración de cara al futuro, la independencia de Vigo no nos parece a los gallegos conscientes una reivindicación inmediata. Lo inmediato, lo fundamental, la reivindicación mínima, irrenunciable, de todo buen gallego es ahora, y sólo puede ser, la Galicia sueva, incluyendo el tercio norte de Portugal, la región leonesa y Asturias, un poco como los Països Catalans, si quieres, pero en el lado del Atlántico. De ahí no debemos apearnos un milímetro, ya nos amenacen, ya nos quieran camelar con sofismas seudohistóricos y concesiones de boquilla. Porque se empieza cediendo y al final nos enredan como siempre. Luego, conseguido eso, ya podríamos pensar en otras mejoras, autonomías o, si me apuran, independencias, que nuestro espíritu, el espíritu del auténtico pueblo gallego, siempre ha sido muy abierto al progreso.

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