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Es posible que el actual JEMAD, el general Félix Sanz, no sea el responsable directo de no haber instalado antes los inhibidores de frecuencia con los que añadir algo de seguridad a las tropas desplegadas en el extranjero y cuya ausencia facilitó el atentado en el que seis soldados de nuestro ejército murieron recientemente en el Líbano. Pero sí que es el responsable directo de no habérselos arrancado antes al Gobierno del que es el principal asesor en materia de defensa y militar.
Ahora dice que va a instalarlos hasta en el "camión de las patatas", pero calla que hasta ayer mismo no dijo nada al respecto ni expuso de las consecuencias de no contar con ellos a su superior, el ministro de Defensa. Ni cuando lo era Bono, ni con su sucesor Alonso. Como tampoco dice cuánto va a tardar en hacerlo y si la prioridad es hoy el Líbano, qué va a pasar con el despliegue en Afganistán u otros lugares.
Además, el JEMAD aprovecha una conferencia en un curso de verano para arremeter contra el PP y todos aquellos que han criticado la inadecuación de los medios del contingente español de la FINUL. Se mofa de los miembros del principal partido de la oposición porque alguno de sus portavoces se ha manifestado a favor de desplegar también carros de combate. Según EFE, el JEMAD dijo que eso "era una gran tontería" y que los BMR son más que suficientes y aptos para la misión.
Nosotros no vamos ni a depurar la responsabilidad del JEMAD, que le tocaría a otros órganos, ni a defender las manifestaciones del PP, que para eso están sus miembros. Es más, tampoco nos parece ideal enviar ahora unos cuantos Leopard. Pero eso no significa que el despliegue actual sea perfecto, ideal o simplemente adecuado. Todo lo contrario.
El JEMAD se ciega o calla ante un hecho evidente: el modelo español de despliegue en misiones de paz se ha agotado. Y ese modelo se articulaba básicamente sobre el BMR, porque era un vehículo con una buena movilidad táctica, flexible para el desplazamiento táctico de un puñado de soldados y con escasa potencia de fuego, lo que lo hacía "más pacífico" a los ojos de la población circundante. Y, claro está, escasamente protegido frente ataques directos, ataques que, en cualquier caso, no se esperaban en una misión de la ONU, admitida por todas las partes.
Pero lo que fue bueno para Bosnia, ha dejado de serlo para Afganistán y Líbano. Y puede que lo deje de ser también para Kosovo. El JEMAD, que tanto sabe, debería ya estar mentalmente preparado para ello. En misiones donde hay un alto riesgo de violencia contra nuestras tropas no basta con ser queridos por la mayoría de la población. Hay que desprender disuasión sobre posibles adversarios. Y eso, hoy por hoy, con BMR pintados de blanco y que recuerdan más a carritos de helado que a vehículos militares, no pasa. Puede que el Leopard sea una exageración, pero entre estos carros y el inerme BMR hay opciones intermedias que el JEMAD tendría que contemplar. Hay otros contingentes en la misma misión que cuentan con mejores defensas y mayor potencia de fuego. En lugar de criticar al PP, el JEMAD debería explicar por qué España es diferente.
En la historia de los jefes militares, ha habido JEMAD que han hecho de su papel una auténtica figura, responsable y coherente y, por tanto, incómoda al poder político. Al fin y al cabo, una cosa es ser militar y otra diputado, ministro o presidente del Gobierno. Félix Sanz ha caído en el saco de los que han preferido una convivencia sin problemas aunque eso significara plegarse a los caprichos de sus superiores civiles.
Pero de ahí a caer en el juego de meterse directamente con la oposición hay un trecho muy amplio y que no debería haber cruzado. Las Fuerzas Armadas son de todos los españoles y no sólo del PSOE. Ahora que el JEMAD quiere preconizarse para un alto puesto en la OTAN, entrar en la polarización política no va a resultarle de gran utilidad. Que se dedique a hacer lo que debe hacer, esto es, aconsejar al Gobierno mientras procura que los militares españoles desempeñen sus funciones de la mejor manera posible. Todo lo demás sobra.
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