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Las cifras surgen precisas de la mente ágil y la lengua rápida de Frank Buckles, que parece un poco perplejo al decir que de los 4.734.991 norteamericanos que desempeñaron el servicio militar durante la implicación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, 4.734.990 ya no están con nosotros. Él está bien de salud, gracias por preguntar.
Los ojos del último soldado de infantería norteamericano de la Primera Guerra Mundial aún ven lo suficientemente bien como para convertirlo en un ávido lector, y su voz es aún profunda y fuerte a la edad de 107 años. Debía de haber sido un muchacho excepcional cuando, a los 16 años de edad, su persistencia encontró premio y en Oklahoma City encontró un reclutador del ejército que creyó, o fingió creer, las mentiras que antes había dicho sin éxito a los reclutadores de la Marina y el Ejército en Kansas al cumplir los 18. Creció en una granja de Missouri, no lejos de donde nacieron dos prominentes generales: John "Black Jack" Pershing y Omar Bradley.
"Los chicos del campo – dice Buckles – leen la prensa", de manera que estaba impaciente por entrar en batalla. Le dijeron que la manera más rápida era entrenarse para la recuperación de caídos y operaciones de urgencias médicas. Enseguida se encontró camino de Inglaterra a bordo del barco de pasajeros Carpathia, que era ampliamente conocido por haber rescatado a los supervivientes del Titanic cinco años antes.
Buckles nunca entró en combate pero "vi los resultados". Sólo hay una cosa sobre la que duda. ¿A cuanto de qué vino la Primera Guerra Mundial?
Antes de dejar Inglaterra con destino a Francia, estuvo destacado cerca del Winchester College, donde reparó que entre los nombres que los alumnos habían grabado en sus pupitres había un Buckles. Esto suscitó su interés en la genealogía, lo cual le condujo a descubrir que su ancestro Robert Buckles, nacido en Yorkshire el 15 de mayo de 1702, y que llegó a los 30 años a lo que hoy es Virginia Occidental.
Después de que el cabo Buckles fuera licenciado por el ejército en 1920 con 143,90 dólares en el bolsillo, fue a la escuela empresarial de Oklahoma City durante cinco meses, a continuación alquiló una máquina de escribir por tres dólares al mes y envió currículos. Uno de ellos le permitió trabajar en una compañía naviera, lo que le llevó por todo el mundo: Latinoamérica, China, Manchuria. Y Alemania, donde en 1928, asegura, "dos caballeros imponentes" le dijeron: "Nos preparamos para otra guerra."
Tras los cristales de una vitrina en su reducida sala de estar están los trofeos de su agitada vida: un cinturón del ejército alemán con una hebilla que lleva las palabras en las que creen todas las naciones: "Gott Mit Uns" (Dios está con nosotros). La jarra en la que tomó todas sus comidas, o lo que fueran, durante los 39 meses que fue prisionero de los japoneses, porque el 7 de diciembre de 1941 estaba trabajando para una compañía de logística en Manila.
Enviudado en 1999, este hombre que nació durante la administración del presidente número 25 participó recientemente en las primarias de Virginia Occidental para elegir a un candidato a ser el 44. ¿Su presidente favorito durante su vida? El de mayor edad, Ronald Reagan.
Buckles está leyendo 1776, de David McCullough. Esa fecha está apenas 18 años más alejada de su nacimiento que 2008.
Durante el Día de los Caídos, Buckles fue agasajado en Missouri, en el desfile anual con fuegos artificiales en Kansas City. Quizá viaje hasta Bethany, a la casa en cuyo porche se sentaba a los tres años de edad, hace 104 años.
Nació en febrero de 1901, siete meses antes de que el Presidente William McKinley fuera asesinado. Si Buckles hubiera nacido 2 meses antes, habría vivido en tres siglos. Ha estado en este mundo a lo largo del 46 por ciento de la vida de la nación, un porcentaje que se eleva cada mañana cuando se levanta.
El 28 de junio de 1914, la bala de un asesino en Sarajevo mataba al heredero del trono del imperio austrohúngaro. La guerra que siguió se cobró más de 116.000 vidas americanas, más que todas las guerras de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Y en cierto sentido, la Primera Guerra Mundial se llevó muchas más vidas, porque condujo a la Segunda Guerra Mundial y muchas otras. De hecho, la Primera Guerra Mundial aún se está cobrando vidas americanas porque destruyó los imperios austrohúngaro, Romanoff y otomano. Una pequeña parte del último se llama Irak.
Los vientos de guerra del siglo XX se llevaron a miles de millones de personas normales y corrientes de todas partes. Una de ellas está sentada aquí con una chaqueta de punto en una casa colonial de las de antes, situada sobre un montículo de su rancho de 130 hectáreas. En este caso, y probablemente en todos, decir "normal y corriente" resulta muy poco apropiado.
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