A buen seguro que los asistentes a la entrega de los XXVII Premios Ortega y Gasset de Periodismo tuvieron tiempo de dar una cabezada durante el interminable discurso de Juan Luis Cebrián. Por si fuera poco elogio que El País concediera un premio a su propia plantilla por el "mejor trabajo en prensa", el broche de oro lo puso el consejero delegado, aleccionando sobre el buen periodismo que han hecho, violando constantemente el sumario del caso Gürtel.
Para regocijo de quienes se perdieron tamaño evento, el discurso de Cebrián lo recoge hoy El País, en dos páginas completas. Titulado "En defensa de una libertad frágil", Cebrián se pone el traje de profesor, y diserta largamente sobre los orígenes de la libertad de prensa, la revolución francesa y las Cortes de Cádiz. Así las cosas, el experto orador suerta perlas como estas: (...) "Proliferaron los movimientos cívicos y solidarios, no todos necesariamente al abrigo de la denostada francmasonería", apostilla.
En ciertos puntos, Cebrián se pone nostálgico, y no duda en transmitírselo a su auditorio: "Quienes como yo pertenencen a la generación del 68 lamentamos que el puritanismo de los nuevos tiempos haya olvidado la máxima, a un tiempo romántica y sublime, que campeba en los muros de la Sorbona: prohibido prohibir".
Además, descubrimos a un reciente y desconocido admirador de las redes P2P, reconvencido porque "permiten el disfrute en línea de todo tipo de contenidos, empaquetados por nuevos intermediarios que no se sometían, ni se someten, a control ni jerarquía conocidos", afirma Cebrián.
Pero lo realmente interesante llega a la hora de sacar pecho y colgarse medallas, especialidad del director del diario. A propósito de que el propio diario se haya entregado el premio en periodismo de investigación, por el caso Gürtel, Cebrián coge aire y asegura que la sección de Nacional fue "capaz de descubrir y denunciar el caso Gürtel de corrupción política a pesar de los numerosos intentos y las presiones de muchos sectores por ocultar la verdad. Durante los 14 meses que duró la investigación, importantes dirigentes políticos pretendieron ocultar la verdad, torpedeando y descalificando las informaciones que El País ofrecía, minimizando hasta el ridículo su importancia, y esgrimiendo todo tipo de amenazas contra la redacción. El premio a los redactores de la sección de Nacional de El País pone de relieve la contribución que el buen periodismo es capaz de seguir haciendo a las libertades democráticas. Quizás desaparezcan o no los diarios, pero nunca han de hacerlo los periodistas, cualquiera que sea su medio de expresión, si no queremos que la convivencia democrática se vea seriamente dañada".
Continuando con la epopeya del periodista íntegro, entregado a la labor altruista de descubrir la verdad que encarnan los redactores de su diario, Cebrián prosigue: "Esta función social que los profesionales del periodismo ejercen incorpora no obstante peligros mayores que las amenazas de los burócratas o el ceño fruncido de algunos jueces".
