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Katy Mikhailova

Combinar corbatas con calcetines

El pasado jueves se produjo en Madrid la primera reunión oficial de ‘El club de el aristócrata, en un momento en el que ya ni los políticos.

Katy Mikhailova
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La limitación del armario masculino hace que más de uno abuse de un mismo recurso a la hora de vestir para acudir a una reunión, a un evento o a una boda. "Hay vida más allá del negro, tanto en los calcetines como en los zapatos", atestigua Rafael Median, Duque de Feria, en el prólogo de El Manual del Perfecto Cabellero, escrito por José María Galiacho, presidente deEl Club El Aristócrata.

Se han perdido las tradiciones y el buen gusto en el vestir masculino. Ahora, ni siquiera los políticos ajustan bien los colores, los estampados y los estilos –pese a que en apariencia sea más fácil que entender de economía, y sin embargo parece que no saben ni de una cosa ni de la otra-.

Cuándo usar frac, chaqué, esmoquin o traje de chaqueta... ¡Difícil de responder para una inmensa mayoría de hombres –por no hablar de mujeres-, sobre todo los de las nuevas generaciones, a los que probablemente solo les suene la combinación del traje con su corbata correspondiente!

Ante tanta ineptitud en la vestimenta del caballero, José María Galiacho, alias "El Aristócrata", ha decidido montar un club privado que organice reuniones con grandes sastres y profesionales del sector de la moda para debatir estas cuestiones.

No hace apenas un año del nacimiento del Club de El Aristócrata, como consecuencia del gran éxito que tuvo el portal www.elaristocrata.com en donde su creador, José María, daba consejos a miles de españoles para combinar corbatas con calcetines, con camisas, así como sus respectivos zapatos y demás pamplinas a las que a veces se les da más importancia de la que tiene.

El pasado jueves 4 de octubre se celebró la primera reunión oficial en el Villa Magna de los miembros del club. Allí se pudo contar con la presencia inigualable de expertos de la moda y la elegancia masculina como es el caso del anglosajón Simon Cripton, el famoso sastre napolitano Luca Rubinacci y el argentino experto en zapatos artesanales Norman Vilalta. Además se contó con las intervenciones, durante la conferencia, del sastre español José María Reillo, así como la presencia del vicepresidente del Club, Lucio Rivas.

Las 3 reglas del perfecto caballero

El Manual del Perfecto Caballero, que va por su segunda edición, es ya la biblia de muchos hombres con problemas para saber vestir bien. Óscar Wilde ya decía que "no hay una segunda oportunidad para una primera impresión". Vamos, dicho de otra manera, que como se acuda a una entrevista de trabajo con pelo sucio, las uñas largas, la camisa manchada y apestando a exceso de colonia –o, en su caso contrario, a sudor- le va a ir bien, irónicamente hablando, al candidato.

Pues bien, esas normas básicas del "perfecto caballero" son, en primer lugar, la correcta hechura del traje y la camisa. Esto significa que o se tiene un cuerpo diez para encajar en las muchas manufacturas low cost confeccionadas por las fábricas de Inditex o es que se tiene mucho dinero para gastar en un sastre, que, dicho esto en momentos por los que pasamos, es casi un insulto a la inteligencia; pero tratándose de hombre elegantes –o que aspiran a ello- es imprescindible. Cada cuerpo es un mundo y hay que conseguir la prenda que se ajuste a una determinada estructura corporal. Según Galiacho, "...que el pantalón caiga de forma natural sin formar ninguna arruga hasta el zapato o que la camisa siempre asome por el mango de la chaqueta".

La segunda norma reside en el llamado juego de los contrastes. En función del grado de contraste de color que haya entre rostro y cabello, se tendrá que elegir tal contraste en la selección de los colores de la ropa. Por ejemplo, si el pelo es oscuro y la tez morena, este supuesto caballero habrá de escoger unos colores para su traje cuyo contraste sea escaso; podría optar por un traje azul marino y una camisa en burdeos. Por el contrario, si tiene una tez muy clara, no deberá elegir ni tonos excesivamente oscuros ni tampoco colores vivos.

Y en último lugar, la tercera norma consiste en la combinación de formas y diseños. Un punto que da para mucho en el libro de El Manual de Perfecto Caballero, pero cuya idea fundamental es que la ausencia de cualquier tipo de dibujo es la máxima de la elegancia, en tanto que el abuso de formas y estampados puede llevar al ridículo en la vestimenta del que la porte si no se combinan correctamente.

Conociendo estos principios básicos, cualquier hombre puede adentrarse en el mundo de la ropa masculina. Aprender qué tipos de zapatos hay –saber diferenciar unos Oxford de unos Derby- y asimilar de una vez por todas que los mocasines nunca deben ponerse con un traje, es algo imprescindible para aquel hombre que entienda que la imagen es la mejor tarjeta de visita. A esto hay que sumarle los fenómenos ópticos que consiguen que, por llevar un color o una serie de botones en un traje, parezca uno más delgado o más alto, por ejemplo. Y yendo más lejos aun, saber cómo y cuándo sacarle partido al pañuelo o a la combinación de hasta cuatro colores entre zapatos, traje, corbata y camisa.

Relajación Masculina

La famosa "Peacock Revolution" -"Revolución del Pavo Real" -, debida al excesivo colorido en la ropa de los años 60 y 70, hace que la moda sufra una caótica evolución caracterizada por la aparición de iconos musicales y políticos. La rebeldía entre los jóvenes implica que se entierren los atuendos clásicos para dar paso a los jeans, los piercings y prendas deliberadamente rotas o agujereadas. También son las famosas décadas llamadas, como otra corriente simultánea en la moda, "los años de la margarita" o "el poder de las flores". En realidad se trata de un sentimiento anti-convencionalista y anti-político, como protesta ante guerras como la de Vietnam, por ejemplo.

Dentro de este contexto y en la actualidad, ¿qué entendemos por "formal" y qué es "informal" en la ropa de hombre? A pesar de que la gran mayoría de las personas tiendan a asociar el grado de formalidad en función del uso de corbatas o pajaritas, la respuesta, curiosamente, reside en el largo de la chaqueta.

Durante la Inglaterra victoriana y eduardina, los caballeros, si estaban en presencia de mujeres antes de la seis, usaban chaqué; y, cuando la luz solar dejaba de verse, recurrían al frac. Ambos elementos eran considerados como formales. Tanto la longitud del frac como la del chaqué llegaban hasta las rodillas. Y el esmoquin se empleaba cuando los hombres estaban solos, siendo, por tanto, una prenda semiformal. Como prenda informal era solamente el traje de chaqueta.

Las dos guerras mundiales consiguieron que para los años 40 el traje de chaqueta barriera todos los demás tipos de trajes formales y semiformales, siendo, por tanto, el traje de chaqueta un tipo de indumentaria, en la actualidad y por error semántico, formal. Los desastres demográficos, grandísimas potencias arruinadas... el mundo sufría una relativa apatía que les hacía plegarse a la comodidad, razón que explica esta evolución.

Esta tendencia en los años 60, como ya hemos mencionado, coincidió con generaciones ansiosas por destruir las reglas en la vestimenta que se había heredado.

Hoy, las chicas acuden a las facultades en shorts, a veces tan cortos que casi es difícil distinguir dónde acaba la camiseta y dónde empiezan los pantalones cortos; los chicos, mientras tanto, aparecen con horribles chanclas presumiendo de pedicuras descuidadas. Aquel que acuda a clases con camisa y zapatos es "pepero", "pijo" o simplemente "freak". La historia se repite. La moda del 15M fue una lección de hasta dónde puede llegar el descuido estético de las personas –por no decir higiénico-. Pero no hace falta recurrir a los que se proclamaron indignados o a esa "chusma" de Neptuno –en palabras de Alfonso Ussía- para hablar de estética.

Acordémonos de Carmen Chacón, entonces Ministra de Defensa, quien en 2009 apareció en la celebración de la Pascua Militar vestida con un esmoquin negro de Purificación García, en actitud de rebeldía, mezclada con ese ultra-feminismo y una auténtica falta de respeto hacia los demás invitados.

De esta manera observamos la tendencia actual monopolizada por el antojo egoísta de unos cuantos –o unos muchos- individuos que conforman una comunidad en la que ya no se respeta a los demás integrantes. Y eso ya lo vemos en políticos que ni en el Parlamento se ponen corbatas.

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