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Los renglones de Belén

En el ‘QMD!’ de esta semana se ve a Belén Esteban en una tumbona de Miami leyendo 'Los renglones torcidos de Dios' de Torcuato Luca de Tena.

Rosa Belmonte
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Leer está sobrevalorado. Leer según qué cosas. Por ejemplo, muchos de esos tochos de siete kilos que la gente devora en el metro. En lugar de ir al gimnasio a hacer brazos, sostienen unos libracos que deberían apoyarse en una mesa de matar marranos. La lectura a veces es noticia. O bien porque nos enteramos de que casi la mitad de los españoles no ha leído un libro, o bien porque Belén Esteban tiene un volumen encuadernado entre las manos. En el QMD! de esta semana se la ve en una tumbona de Miami leyendo Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena. Mientras, le desvalijaban su casa de Paracuellos.

En agosto de 2011 hubo un gran revuelo porque se difundieron otras fotos de Belén Esteban leyendo. Breaking news, Belén Esteban lee. Entonces era Federico Moccia, también favorito de los intelectuales Casillas y Carbonero, pero la noticia estaba en que tuviera un libro entre las manos, daba igual el título (se trataba de Perdona pero quiero casarme contigo, no de Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy). La miramos por encima del hombro. Ni que fuéramos Borges, que imaginaba el Paraíso como una biblioteca. Un Borges que en El hacedor escribe: "Pocas cosas me han ocurrido más dignas de memoria que el pensamiento de Schopenhauer o la música verbal de Inglaterra". Belén Esteban lee. El fin del mundo, no te digo. En todo caso, la rubia ha evolucionado en sus gustos. De Moccia a don Torcuato.  

Eso sí, nada que ver sus lecturas con las de Marilyn Monroe, según la biblioteca de 400 títulos que dejó al morir. La lista es apabullante: Spinoza, Dumas, Schopenhauer (como Borges), Bertrand Russell, Einstein, Pushkin, Turgenev, Chejov, Tolstoi, Dostoievski, Flaubert, Proust, Thomas Mann,  Dorothy Parker, Mary McCarthy, Emily Dickinson, Terry Southern, Joyce, Camus y muchos más. Mucha poesía. También tenía La impotencia sexual en el hombre, de Leonard Paul Wershub (yo me inclino por Arthur Miller).

Comparado con ese mar literario, lo de Belén es de parvulario. Cuando Risto Mejide tenía su programa de televisión hizo una entrevista a Belén Esteban. Le preguntó por el último libro que había leído. "Todavía me lo estoy leyendo, Los hombres que no amaban a las mujeres", dijo. Y sobre qué le parecía, contestó: "Pues me está costando, me han dicho que lo voy a empezar a entender cuando vaya por la página cien". Iba por la treinta. Nunca supimos si lo había acabado ni si había seguido con los otros de Larsson. Pero sí se echó otra trilogía al cuerpo. En su baja laboral de hace unos meses se leyó el libro de Jorge Javier Vázquez y los tres de 50 sombras de Grey. Eso además de entregarse al punto de cruz y el ganchillo. Belén no escribe, como sí hacía Marilyn. Seix Barral editó Fragmentos donde leemos, entre otras cosas, cartas desde el manicomio a Lee Strasberg: "La doctora Kris me ha internado en el hospital de Nueva York (división psiquiátrica al cuidado de dos médicos idiotas). Ninguno de los dos debería ser mi médico. No habéis tenido noticias mías porque estoy aquí encerrada con todos estos pobres chiflados. Estoy segura de que terminaré chiflada si sigo en esta pesadilla". Pobre, como Jessica Lange o Sarah Paulson en American Horror Story. Lástima que Marilyn muriera antes de que Torcuato Luca de Tena hubiera escrito su novela. Podía haber leído Los renglones torcidos de Dios. En la segunda parte, la protagonista, una detective que ha ingresado en un psiquiátrico para una investigación, tiene que volcarse en demostrar que está cuerda. Belén estará enganchada.

En Sálvame, el programa que más secciones ha tenido, deberían hacer un club de lectura. Como Oprah. Y que Belén contara los libros que se lee. Como Cándida.

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