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Las ventanas de Kim

EL NY Post hizo la mejor crónica: "Dos gilipollas se casaron el sábado en Italia".

Rosa Belmonte
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Kim Kardashian | Cordon Press

Un señor muy rico se construyó una magnífica casa en Marbella. Para celebrarlo invitó a sus amigos. A Venecia. Amárrame los pavos. Como Kim Kardashian y Kanye West, que celebraron la preboda en París, la boda en Florencia y el principio de la luna de miel en Irlanda. Todo en sitios carísimos. La mejor crónica del acontecimiento planetario la ha publicado el New York Post en un suelto: "Dos gilipollas se casaron el sábado en Italia. La estrella de un vídeo sexual, Kim Kardashian, de 33 años, se casó con el egocéntrico Kanye West, de 36, en una boda lo sufientemente opulenta para la Florencia de la dinastía Medici y lo suficientemente hortera para un reality de televisión. Se desposaron en la fortaleza Belvedere. El atleta olímpico Bruce Jenner llevó a Kim al altar. La república permanece". El Post ya había publicado otra cosa poniéndolos verdes ("Tenéis clase y talento y, sobre todo, gran reconocimiento entre la población que va de los 18 a los 24 años").

La boda de los "dos gilipollas" es un perfecto viva el lujo y quien lo trujo. En Historia natural de los ricos, Richard Conniff dice que las conductas de exhibición de los ricos a veces son beneficiosas. Por ejemplo, El nacimiento de Venus, de Botticelli, fue encargado en nombre de Lorenzo de Medici. Y el ‘Réquiem’ de Mozart fue encargado por el conde Von Walsegg zu Stupach con la intención de hacerlo pasar por obra suya. Esas exhibiciones de ricos dan un servicio a la humanidad. Lo otro no. Además, Kim Kardashian, desde la perspectiva española y dejando aparte de todo lo demás, resulta prácticamente desconocida. En las zapaterías había una silueta suya de cartón anunciando Skechers. Si hubieran puesto a Malena Gracia habría tenido más efecto. Poca gente sabía quién era.

Pero estas exhibiciones de riqueza son siempre reseñables. Por ordinarias. Eso sí, las mejores exhibiciones son las que sólo son capaces de apreciar otros ricos. Pero esas no dan para comentario de texto. Por ejemplo, pasa con esas extrañas joyas de Joel A. Roshenthal (JAR). Platino que parece acero y zafiros que pasan por amatistas. Hay quien sabe lo que esas joyas significan. Y lo que cuestan. Y quien sabe lo que esconde la discreta joyería en la Place Vendôme. "Para los ricos –escribe Conniff– el deseo de impresionar a un extraño en la calle tiene tanto sentido como que un pavo real quisiera impresionar a un perro". No sé si reales, pero Kim y Kanye son bastante pavos. Y yo muy perra, pero es que provocan.

Es verdad que la gente que dice que el dinero no da la felicidad no sabe dónde comprar, pero también que pudiendo comprar lo que sea estos compran lo más chusco (Andrea Bocelli cantaba en el camino al altar de Kim; solo les faltó Siempre así). Vale que Kim interesa poco por aquí, pese a que acabemos importando el también dudoso interés que por la pareja (o por las Kardashian en general) se tiene en Estados Unidos. ¿Pero son más interesantes Chabelita Pantoja y Gloria Camila Ortega? Me temo que no. Y con ellas ni siquiera nos podemos reír de despilfarros. Ni de sus culos gordos.

En La plenitud de la señorita Brody, de Muriel Spark, la tonta protagonista tiene una frase extraordinaria dicha a sus alumnas: "Quienquiera que haya abierto la ventana la ha abierto demasiado. Quince centímetros son perfectamente adecuados. Más es vulgar". Vivimos con las ventanas abiertas de par en par.

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