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La boda de Feli

Se casa con Alba Carrillo el 17 de julio, cuando la eliminatoria es del 17 al 19 y con Gala León al frente de un equipo que ni siquiera ha existido.

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Feliciano López y Alba Carrillo | Archivo/Cordon Press

Gala León era como Varoufakis. La bestia negra de los tenistas por un lado. La bestia negra de Bruselas por otro. Varoufakis es como un Pepe Viyuela alto cuando resulta simpático. Como un asesino albanokosovar la mayor parte de las veces. Perfecto como figurante para una de esas películas vengativas de Liam Neeson. Gala León, igual que los griegos, actuaba como Miguel Ligero en Nobleza baturra (1935). Como el señor subido en un burro por la vía del tren a punto de ser atropellado en una versión ferroviaria, antigua y maña del Duel de Spielberg. "Chufla, chufla, que como no te apartes tú…".

La Federación Española de Tenis parece (parecía) un sketch de Monty Python. El presidente que nombra a una doña Nadie; la presidenta que lo sustituye en funciones y que había regalado bolas chinas a los delegados en un congreso cuando estaba en la UGT; Gala echando al encordador de toda la vida, y los jugadores más importantes con una boda durante la eliminatoria con Rusia. Feliciano López se casa con Alba Carrillo el 17 de julio en el monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo). Y sabemos que Verdasco va. Al menos eso ha dicho. La eliminatoria es del 17 al 19. Con Gala León al frente de un equipo que ni siquiera ha existido, los tenistas españoles de Copa Davis se habían visto metidos en un absurdo lío acusados de machismo (y sólo Toni Nadal dijo lo de la entrada de una mujer en el vestuario masculino). Claro que hay equipos femeninos dirigidos por hombres, incluso por muchos que no lo merecen (recuérdense las quejas de las futbolistas tras el Mundial), pero lo de Gala fue un despropósito desde el principio. ¿Qué conocimiento tenía del circuito masculino? ¿Y de los propios jugadores españoles?

El sexo era lo de menos. Pero se convirtió en lo de más. "Soy icono en muchos países menos en el nuestro", dijo Gala León en la revista Glamour. Aquí los tenistas se desataron. Con razón. Sobre todo, Feliciano: "¿Cómo va la enésima reivindicación por la libertad y el feminismo…?". O "Después de llamarnos machistas, peseteros y acosadores, el 'destructor del tenis español' y su 'icono' amenazan con dejarlo todo como un solar". Y Marcel Granollers: "No sabía que Gala León era un icono en muchos países. ¿Alguien sabe a qué países se refiere?". Es verdad que ella no se refería con lo de icono a su consideración como tenista en el extranjero sino al hecho de nombrarse a una mujer para un equipo de hombres. Porque al 'iconismo' le da igual el 'doñanadieismo'. Hace unos meses, Alessandra Stanley, la crítica televisiva del New York Times, llamó a Shonda Rhimes mujer negra enojada (angry black woman). Inmediatamente la acusaron de racismo. Como si por ser negra no se pudiera afear el carácter. Con Gala León ha pasado algo parecido. Por ser mujer no se podía criticar su estupefaciente y ridículo nombramiento. Que estamos hablando de un equipo que ha ganado la Copa Davis en cinco ocasiones y ha sido finalista en cuatro (dos en los últimos años). El nombramiento de Conchita Martínez, que es alguien en el tenis aunque no aparezca en la lista de gays más influyentes, ha hecho serio el sketch de la federación. El nuevo presidente ha puesto sensatez, al menos para la eliminatoria de Vladivostok. Puede haber más jugadores seleccionables y dispuestos. Tras Wimbledon ya no hay ni un Grand Slam ni un Masters 1000 (Montreal es el 10 de agosto). Pero Feliciano se sigue casando el 17 de julio.

El teatro de la Zarzuela busca director tras la marcha de Paolo Pinamonti al San Carlo de Nápoles. Voy a presentarme antes de que lo haga Gala León, que huevos sí tiene.

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