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El bautizo de Rosario que no pagó Carmen Sevilla

Rosario cumple ahora 10 años de felicidad matrimonial. Su vida, ausente de polémicas, alberga sin embargo diversas curiosidades. 

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El bautizo de Rosario que no pagó Carmen Sevilla
Rosario y su marido e hijo | Cordon Press

Ha cumplido Rosario cincuenta y tres años hace pocas semanas y tiene un nuevo disco bajo el brazo, "Gloria a ti", donde muestra de nuevo su raza, las magníficas condiciones que la adornan como una de las mejores intérpretes del pop español de nuestro tiempo, cuya personalidad gitana que funde con sonidos latinos, del Caribe, la han convertido en una estrella con luz propia.

La tercera de las hijas de Lola Flores vino al mundo en Madrid el 4 de noviembre de 1963. Apenas tres semanas después, el día 25, se celebró su bautizo en la céntrica iglesia de la Concepción, seguida de una fiesta por todo lo alto en "La Pérgola", restaurante por entonces de moda, a las afueras de la capital, en la carretera de La Coruña, lo que se conocía como la popular Cuesta de las Perdices. Trescientos fueron los invitados. Padrinos de la neófita fueron nada menos que Carmen Sevilla y el bailarín Antonio. Unos meses después el dueño del establecimiento demandó a quienes le habían encargado el ágape, por impago de sesenta mil pesetas, cantidad respetable por aquellas calendas. Un empleado medio ganaba al mes entre tres o cuatro billetes verdes, o sea cuatro mil "pelas. Luego aquel bautizo le hubiera significado un año de trabajo, pero sin gastar un céntimo; sólo para hacer frente a los gastos. ¡Qué vergüenza! Porque Augusto Algueró, marido de Carmen Sevilla, se negó en redondo a satisfacer la mitad de aquella factura: "¡Que la pague el padrino…!" Y éste, Antonio Ruiz Soler, el genio del baile, se comportó como un señor, aunque adujo que desde luego satisfaría tal cuenta, pero sólo la mitad, como creyó era lo acordado. Y ante el juez, se presentaron los demandados, a los que les impuso el pago correspondiente, al cincuenta por ciento… más intereses por el tiempo transcurrido. Antonio cumplió su parte. Y Antonio González Bautista, "El Pescaílla", padre de la bautizada Rosario, hubo de rascarse el bolsillo y "apoquinar" el resto. A pesar de lo ocurrido, entre cruces de acusaciones y algún denuesto, Lola no rompió su amistad con Carmen Sevilla. Otra cosa fue con Augusto, rácano al menos en la ocasión que les hemos relatado.

Lola Flores siempre dijo a los periodistas que compartíamos de vez en cuando una "pringá gitana" en su confortable piso de la calle de María de Molina, que la más artista de la familia era Rosario, a quien nosotros, no sé por qué, dimos en llamarla gremialmente Rosariyo, lo que a la susodicha no le hacía ni pizca de gracia. Peor fue que el reconocido representante de artistas, Luis Sanz, descubridor de Rocío Dúrcal, Luis Sanz, diera en bautizarla artísticamente como Rosario Ríos, un apellido éste que la distanciaba a primera vista de la dinastía de los González-Flores. Pero con tal apelativo apareció en la portada de su primer disco, pieza ahora de coleccionistas que yo guardo en mi particular discoteca: un sencillo, o sea de dos canciones, aparecido sin pena ni gloria en 1976, con el que la mentada debutaba en el tinglado musical.

"Con un clavel y una bata de cola habría armado el taco", sentenció Lola Flores con el paso del tiempo, al convenir que Rosario había elegido integrarse en una época distinta a la suya, con un estilo diferente, con un sonido afín con la nueva juventud, la de los años 80 y 90. Y así continúa… Y aun respetando las costumbres de los suyos, sobre todo las de su padre, decidió independizarse la primera de la prole. Así lo contaba Lola: "Rosario es como yo de joven, independiente, orgullosa, complicada, difícil, muy valiente, al punto de que se fue de casa la primera, siendo la menor de mis hijos en vivir por su cuenta… Incluso me dio el disgusto de su desnudo en la película Calé…" (Y lo declaraba Lola, que luego se despelotó para una portada y páginas interiores de Interviú)

La vida sentimental de Rosario ha sido en términos generales muy tranquila, sin escándalos ni exclusivas. La única que protagonizó fue a cambio de ciento cincuenta mil pesetas cuando estaba muy enamorada de un camarero del madrileño barrio de Usera, el amor de su vida por entonces, y pasó por la caja de la revista Semana. Bien lo sé, pues fui quien firmó semejante reportaje. Y ya no volvió a reincidir en esa práctica luego tan usual entre los mal llamados famosos, mas bien personajes o personajillos de tres al cuarto aupados a la popularidad, muchos sin especial trabajo salvo el de contar sus intimidades en la prensa rosa. Luego ya roto aquel juvenil romance con el camarero, Rosario se fue a convivir con un argentino de piel algo cobriza llamado Carlos Orellana, que la encandiló con su apostura durante unos pocos años. Fruto de sus amores vino al mundo Lola, una niña que acaba de cumplir veinte años el pasado mes. Cinco años después del nacimiento de su niña, Rosario se colocó ante las cámaras de cine, a las órdenes de Pedro Almodóvar, a quien le fascinaba la artista, con el eco de su voz, con su poderosa presencia dominada por una mirada brillante, inquisitiva. Era algo más que una mujer fotogénica y el manchego supo obtener de ella cuanto quería para su película Hable con ella. Allí estaba como ayudante de dirección un joven rubiales, Pedro Lazaga Jr., hijo de un excelente realizador asimismo llamado y de la bailarina y actriz Maruja Bustos. El "flechazo" surgió entre toma y toma. Y la pareja inició una feliz convivencia coronada con la boda en abril de 2006, de carácter íntimo que celebraron en Caños de la Meca, paradisíaco lugar playero de la costa gaditana donde coinciden en verano no pocos nombres del espectáculo, sobre todo artistas flamencos, como la propia Rosario, asidua en sus vacaciones desde que dejaron aquel chalé familiar de Marbella y tuvieron que venderlo tras las deudas que acumuló Lola con el Fisco.

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Rosario y su marido | Cordon Press

Este disco recién salido al mercado, que les citábamos al principio, está especialmente dedicado a Lola. Me uno a quien en su día adjudicó a Rosario el sobrenombre de "La Faraona Pop". Tiene "Gloria a ti" once temas donde se funden las baladas aflamencadas, las rumbas tan afines a su habitual estilo y el funky y toques cubanos. "Mamasita" es uno de los más sobresalientes, donde rinde homenaje a su madre. Pero hay otra pieza, que posiblemente resulte la más emotiva: "Hace tiempo". Resulta que su autor, Antonio González Flores, la compuso pocos meses antes de fallecer, hizo unas pruebas, recogidas en una maqueta, que Rosario tenía guardada hasta encontrar el momento oportuno para estrenarla. Y lo ha hecho después de que con la técnica actual pudiera encajar su voz junto a la de su recordado hermano. Puede que de este disco sea la que mayor divulgación, recorrido, que se dice ahora, tenga, no sólo por la calidad: también por la voz de Antonio, apagada precisamente cuando cabía esperar de él un esperanzador futuro. Porque cabía esperar también que hicieran duetos, al estar ambos muy compenetrados, desde que escribieran, por ejemplo al alimón, "Mi gato", aquel tema que lanzó al éxito a Rosario. Ella no ha podido olvidarlo y cuando ensaya su repertorio, siempre tiene presente a Antonio. Doce discos de platino, tres discos de oro, alrededor de millón y medio de álbumes vendidos, de los doce que ha grabado incluyendo el último reseñado. Una artista admirada, que se divierte e interesa mucho no sólo cuando canta o compone, sino también en su papel de "coach" (término sajón ahora tan en boga, símil de quien enseña o adiestra) en el programa televisivo La Voz Kids junto a David Bisbal y Manuel Carrasco.

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