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Margit Kocsis, aquella Lady Godiva del anuncio de una marca de brandy

¿Quién era ella y cómo fue contratada para aquella campaña publicitaria y por quién?

¿Quién era ella y cómo fue contratada para aquella campaña publicitaria y por quién?
Margit Kocsis | Gtres

En la retina de muchos españoles quedaron grabadas las imágenes sensuales de una espectacular rubia montada en un caballo tordo, galopando sobre una playa desierta. Correspondían al "spot" de una conocida marca de brandy que se emitió el año 1964 en Televisión Española, la única por entonces, en blanco y negro. Durante un tiempo continuaron difundiéndose, porque el anuncio en cuestión no era habitual por aquellas calendas en las que la censura franquista prohibía cualquier exhibición relacionada con desnudos. No era exactamente así, porque aquella modelo rubia del caballo blanco no iba del todo despelotada; aun así lucía un cuerpo exuberante, melenas al viento, camisola, hasta la cintura, semitransparente, que parecía ser una rediviva Lady Godiva del pasado.

Fue calificado, pasado el tiempo, aquel "spot" de ser machista. No se olvide la época. Un caballero sorbía lentamente el contenido de una copa de brandy y parecía imaginar aquella escena que los televidentes contemplaban con toda nitidez: la susodicha de la espléndida rubia al galope de un caballo que, anecdóticamente, se llamaba "Descarado II". La modelo era Margic Kocsis.

¿Quién era ella y cómo fue contratada para aquella campaña publicitaria y por quién? Se trataba de una joven nacida en la isla indonesia de Java, hija de padre húngaro y madre holandesa-alemana. Margit Kocsis había pasado una infancia desgraciada: padeció poliomielitis. ¡Qué paradoja, con el cuerpo serrano que luego exhibió! La II Guerra Mundial deparó muy ingratos momentos para su familia, que hubo de exiliarse. Más adelante, en La Haya, estudió Bellas Artes y se dedicó a la pintura.

En 1962 se instaló en España, primero en Mallorca, luego en Barcelona donde un gran fotógrafo y director de "videoclips" y anuncios, Leopoldo Pomés la convencería para realizar una campaña de la casa Terry. Ella, que adoraba los caballos y montaba a pelo con absoluto dominio de la doma, fue la protagonista de ese "spot" ya mencionado, que casi ocasionó un escándalo entre las gentes de la época que velaban por la más estricta moralidad en nuestro país. Ella había sustituido como modelo para esa marca de brandy a Nico, aquella modelo, musa de Andy Warhol, cantante de The Velvet Underground. Después de aquel éxito publicitario, Margit Kocsis desarrolló su vida profesional entre la pintura, y la faceta de modelo, incluso de actriz cinematográfica.

Como modelo, lo fue en trabajos curiosos: para dibujantes muy conocidos de "cómics". Y para una fotonovela con textos de Corín Tellado, la popular novelista de románticos y folletinescos relatos. Coincidió en seis capítulos, donde figuraba sobre todo su rostro, con Silvia Tortosa. Margic Kocsis, dada su fotogenia y desde luego una anatomía singular, belleza rubia de aire nórdico por otro lado, también había iniciado sus pinitos en la pantalla. Fue requerida para una docena de películas, la mayoría de ellas, por no decir todas, perfectamente olvidadas, que rodó entre 1962 y la última en 1976. En las que, sobra decirlo, sobresalían sus desnudos. A modo de resumen, apuntemos estos títulos: "Playa de Formentor", "El rapto de T.", "La liga no es cosa de hombres", "Las correrías del vizconde Arnau", "Ninguno de los tres se llamaba Trinidad"… Películas de consumo en un tiempo del destape, donde el físico de Margit Kocsis contrastaba con el de otras colegas, por la contundencia de sus curvas y su llamativo busto y trasero.

Margic, pese a esos trabajos, no era una mujer frívola en el trato. Como pintora obtuvo buenas críticas en sus exposiciones en Cataluña, preferentemente. Le obsesionaban los niños, aunque no los tuvo, retratándolos a menudo; sobre todo preocupada por los pequeños en situaciones marginales. Aunque también se dedicó a otra temática: pinturas eróticas, que destinó para exhibirlas en los Estados Unidos.

Se había casado con un catalán, Alfred López, del que acabaría divorciándose. Pasó muchas temporadas en su masía de Besalú. Acabó sus últimos días en la capital holandesa, donde le sorprendió la muerte víctima de cáncer. Tenía sólo cuarenta y tres años.

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