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Katy Mikhailova

El disfraz de la dignidad

La dignidad, aunque algo sobrevalorado y de difícil definición, es eso que nos queda cuando nos desnudamos el cuerpo y el alma.

La dignidad, aunque algo sobrevalorado y de difícil definición, es eso que nos queda cuando nos desnudamos el cuerpo y el alma.
Kim Kardashian en Halloween. | Instagram

El precio de la dignidad es una metáfora indescifrable. La dignidad, aunque algo sobrevalorado y de difícil definición, es eso que nos queda cuando nos desnudamos el cuerpo y el alma. Incluso también cuando no lo hacemos. La dignidad podría ser ir con la cabeza alta aun cuando se nos rompe un vestido y no tenemos tiempo para cambiarlo.

Y es que, cuando transcurre la celebración de Halloween, el asunto terrorífico no queda sólo ahí (el 3 de noviembre en mi Instagram, hoy ya 5, sigue habiendo Halloween). Esta tradición pagana trae como consecuencia semanas enteras de posts en Instagram, herencia tardía de esta fiesta americana. Se tenía que decir y se dijo: sin pelos en la lengua, Carmen Lomana escribía el pasado 1 de noviembre "la mayor certeza de la vida es la muerte. Pero no soporto estos disfraces espantosos diabólicos". Y en efecto, suscribimos sus palabras. Tiene toda la razón aunque la careta de muerto viviente impida a verlo a muchos.

Despedido Halloween en el calendario, ¿saben lo que se nos viene encima, verdad? Dos meses de villancicos, decoración navideña y turrones que te acosan en cada pasillo del supermercado, que por cierto están desde diciembre. (Que sí, que todo eso es muy bonito, ¿pero con dos meses de antelación?). Y si no, que se lo cuenten a Mariah Carey quien, disfrazada de bruja mientras pedalea una bicicleta estática, anunciaba la llegada de las fiestas navideñas mientras despedía ‘la noche de brujas’. Mariah, por cierto, vuelve a estar en el "candelabro" al contar Chenoa hace escasos días que la cantante americana le negó en una ocasión un beso porque decía que le iba a "quitar el maquillaje". Esto es un clásico de muchas mujeres que anidan en fiestas a diario.

Si es que lo de besar está sobrevalorado también. Yo detesto dar esos dos besos protocolarios. De las pocas cosas que extraño de vivir en tiempos de pandemia ha sido lo de dejar de besar. ¡Qué necesidad intercambiar hormonas, sudores, fragancias y maquillajes entre personas desconocidas! Besemos a quien queramos besar. En Francia -dicen- son tres. No diría que tengo alergia a los besos con extraños, pero hay quien tiene alergia hasta para el sexo. Leía esta semana un artículo acerca de que hay al menos 24.000 personas en el mundo con alergia al orgasmo, y no es de extrañar que en Francia se hable de "la petit mort" para hacer referencia al placer final de la práctica de sexo. ¿Habrá vacuna que lo limite?

Reflexionando sobre el sexo, la muerte, el placer y Halloween, y como este espacio va de modas y modos, la última polémica del asunto ha sido el disfraz de Jeffrey Dahmer para estas tan señaladas fechas de las que reflexiono. Resulta cuando menos desagradable que cualquier ser humano quiera disfrazarse de un asesino en serie. Conocido como El Monstruo de Milwaukee. Hablamos de un caso real y verídico (recogido en una serie en Netflix) sobre un delincuente sexual estadounidense que cometió el asesinato y desmembramiento de17 adolescentes entre 1978 y 1991. Comprendo que ‘El Juego del Calamara’, una serie de ficción en su totalidad, pueda inspirar para disfrazarse. Pero no logro entender qué ser humano, con ética y estética, desea parecerse a Dahmer durante unas horas. Por fortuna, Ebay se ha negado a vender disfraces que inciten el odio o la violencia. Aunque si lo pensamos desde este punto de vista, la mayoría de los disfraces de Halloween van muy en la línea del alegato no verbal de la muerte, el miedo, la ira, la violencia y la fealdad (pensemos en los ‘best seller’ de disfraces para el 31 de octubre: Freddy Krueger, la clásica máscara de Scream o brujas y brujes).

Lo que es evidente es que hay una tendencia al alza que está experimentando el segmento de los disfraces desde que Instagram es Instagram y sigue sumando adeptos (a la par que caídas durantes horas, como esta semana que muchos usuarios denunciaban no poder entrar en la red). Antes, salvo que uno tuviera una fiesta cuyo dress code fuera un disfraz, nadie se disfrazaba. Ahora, la gente lo hace aun quedándose solos en casa con la finalidad de publicarlo en Internet. No todos tienen acceso a macrofiestas de lujo y glamour como Kim Kardashian que ya de por sí es un disfraz andante (pero ella prefirió teñirse de azul y homenajear X-Men pintada de Pitufo este año) o Chiara Ferragni que emulaba a Christina Aguilera (que, de por sí, el estilo de la influencer italiana va muy en la línea de esta cantante). Hay disfraces y disfraces. Matizo: hay quien se pasa los días de su vida metidos en un rol y buscando, por tanto, elementos físicos que consigan que la personalidad en cuestión sea más creíble. No me atrevo a decir si los consultores viven disfrazados, y si el traje y la corbata forman parte de su esencia invisible. Puede que hasta yo misma habite disfrazada y no me he dado cuenta.

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