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La dura vida de María Jiménez, que sigue en silla de ruedas

Al margen de su desdichado matrimonio con Pepe Sancho María Jiménez no tuvo otras amistades íntimas masculinas.

Al margen de su desdichado matrimonio con Pepe Sancho María Jiménez no tuvo otras amistades íntimas masculinas.
María Jiménez. | Gtres

No han cesado las desgracias en la vida de la cantante María Jiménez. Los últimos tiempos, en una silla de ruedas, que aun así le ha permitido cantar en algunas ocasiones; no muchas, la verdad. Y encima, cuando tenía esperanzas en recobrar la popularidad perdida, con un disco en la calle editado en 2020 en plena pandemia, "La vida a mi manera", los contratos que había firmado se convirtieron en papel mojado, a causa del malhadado Covid. Ahora transcurren sus días ocupada en la Fundación que lleva su nombre, que creó para enfrentarse a las mujeres que padecen violencia, orientándolas en casos necesarios para no engrosar esa maldita lista de quienes pierden la vida a manos de sus verdugos. María fue víctima de malos tratos cuando estuvo casada. El hijo que tuvo con Pepe Sancho es su mayor ayuda, quien preside esa entidad.

No se le conocieron amores, salvo el que tuvo con un irresponsable ganadero sevillano, hijo de una adinerada familia, en la que destacaba un buen rejoneador, padre de su hija Rocío, que fue como la bautizó María Jiménez. Aquel tipo no quiso reconocerla ni siquiera saber de ella, sin pasarle a la madre cantidad alguna de dinero. Un canalla, vamos. Y un día de 1979 advertí la presencia de la ya muy conocida María Jiménez en la madrileña discoteca "Long-Play" bailando arrobada con el galán valenciano Pepe Sancho. Tate, tate, me dije para sí: aquí hay un rollo, seguro. No me equivoqué Se casaron al año siguiente en la sevillana iglesia de Santa Ana. El novio gozaba entonces de gran popularidad, de resultas de su papel de "El Estudiante" en la serie televisiva Curro Jiménez. Ni qué decir que todas las revistas del corazón dieron en portada y en páginas interiores buena cuenta del enlace.

María siempre declaró su amor por Pepe. Aguantó carros y carretas, sobrellevando unos hermosos cuernos. Pero cuando acusó a su marido de arrearle golpes de vez en cuando, ya dijo ¡basta!. Se separaron. "Me daba una paliza -recordaba ella – y al rato me pedía de rodillas que nos casáramos otra vez". Perfecto argumento para cualquier sobado melodrama, que se hizo realidad, puesto que volvieron a hacer el paripé de otro enlace en San José de Costa Rica, donde él rodaba una película de Carlos Saura, El dorado. Vuelta al cabo de unas temporadas a repetir las bofetadas, los celos, las infidelidades… Para la bufonada de otra boda de mentirijillas en Nepal. No encontraron un sitio más a mano.

Por supuesto que esos últimos bodorrios fueron recompensados por dos exclusivas que a buen precio pagó la revista Diez Minutos, la favorita de la pareja, pues tenían a un redactor muy amigo que estaba al tanto de las cuitas sentimentales del actor y la cantaora.

Un episodio necrológico sembró el dolor de María, cuando ya estaba separada de Pepe: la muerte en accidente de carretera de su hija Rocío, el 16 de enero de 1985. Apenas tres semanas antes Pepe había celebrado las Navidades en París con la hija que ya llevaba su apellido, Rocío, aunque María no los acompañó. Un viaje extraño que dio algo que hablar. La joven contaba sólo diecisiete años. La tragedia unió durante un tiempo a María y a Pepe.

Hubo un episodio propio de un vodevil aunque doloroso para María, tras llegar una tarde a casa y encontrarse a su maridito en cueros vivos en la cama matrimonial, mano a mano con una conocida de ella; lo echó de casa sin contemplaciones, iniciando días después la gestión para divorciarse. Llegaron a un acuerdo económico, repartiéndose algunas propiedades. El hijo que habían tenido, se quedó con la madre, sin romper totalmente con el padre, al que de alguna manera recriminaba, siquiera para dentro de sí, por su comportamiento hogareño. Cuando Pepe Sancho murió en 2013, María no acudió a su entierro en Manises, pero sí Alejandro Sancho Jiménez. Que ha tenido siempre una actitud muy digna, apoyando cuanto ha podido a ella. Es muy respetuoso siempre cuando acude a un plató televisivo.

Al margen de su desdichado matrimonio María Jiménez no tuvo otras amistades íntimas masculinas, que se sepan. De lo que se deduce que en el amor, no fue feliz, salvo en contados momentos. La salud no la respetó ya en su etapa de madurez, porque en 2013 sufrió cáncer de mama, que afortunadamente venció. Pero en 2019 vivió alarmantes jornadas en un hospital sevillano donde estuvo a las puertas de la muerte por una obstrucción intestinal. Salió tocada de esa recuperación. Con problemas de movilidad.

María es una mujer de gran fortaleza: los hechos lo prueban, las penurias y daños que ha pasado de orden físico y psicológico. Pero ahí está, luchando, con las alteraciones que se operan en el físico de cualquier mortal conforme pasa el tiempo. ¿Cambiada por fuera?. Bueno, sí. Pero no por dentro. Es una permanente luchadora. Se merece que en esta actual etapa de su vida ya no encuentre tantos sinsabores. Como abuela, disfruta de momentos entrañables. ¡Que te vaya bonito, María, te queremos!

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