
Al Jefe del Estado Francisco Franco le gustaban los toros. Presidía todos los años la tradicional corrida de Beneficencia, que suele celebrarse siempre como colofón de la feria de San Isidro. Los diestros que intervenían aquellas tardes ante Franco le brindaban el primero de cada uno de su lote, recibiendo por ello casi siempre una bandeja de plata. ¿Tenía preferencia por algún diestro? El matador de toros con quien tuvo mayor confianza fue Manuel Benítez "El Cordobés". Los encuentros entre ambos fueron varios, en cacerías y fiestas restringidas.
Ha aparecido estos días un libro de memorias del que fuera excelente torero Andrés Hernando: Con la verdad por delante. El diestro segoviano recordaba lo siguiente, acaecido en la corrida de Beneficencia del año 1964, cuando concluyó el festejo y él y "El Cordobés" ascendieron hasta el palco donde los esperaba Franco: "Yo le saludé con todo respeto, apretándole y soltándole la mano con algo de miedo, y con una frialdad que no pude evitar. Luego se giró para estrechar su mano manteniendo firme el pulso a esa mano del aparentemente temible Franco, esa mano de guerrero vencedor de una guerra, la de regidor de todo un país. "El Cordobés", con esa mano de Franco aún fundida en la suya, le dice al General: "Excelencia, estamos aquí los dos que mandamos en España". Franco, al oírlo, se echó a reír con ganas, y con él todos los que estábamos en la sala".
Había que ser osado para pronunciar ante Franco aquella frase. No sería la única en el transcurso de los años en los que ambos se encontraron, en cacerías o en alguna fiesta particular.

A mitad de los años 60 el diario madrileño El Alcázar de su primera época publicó en portada en exclusiva a gran tamaño la imagen de Francisco Franco en actitud interesada a lo que podía decirle en aquel momento "El Cordobés". La imagen fue tomada en una cacería a la que había sido invitado el diestro, quien acudió con un fotógrafo que lo seguía a menudo: José Rubio Montano. Cacería en la que Franco, con una cámara de cine de 8 milímetros, tomó imágenes del torero en su puesto, pendiente de su escopeta: mató treinta y cinco perdices y luego, ya al final de la jornada cinegética bailó flamenco. Tuvo tiempo "El Cordobés" de conversar con sus anfitriones, los condes de Argillo, consuegros de Franco, sobre los problemas del campo. Y el general metía baza en ese tema. De aquella foto del Caudillo con "El Cordobés", Rubio hizo cientos de copias y las fue vendiendo por todos los restaurantes y bares de carretera. Sacó una buena pasta.
A Franco le gustaba cazar y al "Cordobés" también. Buenas escopetas ambos. Entrevistado por un reportero del diario Córdoba, Manuel comentaba: "Sí, yo me iba con Franco "de perdices", a muchas cacerías. Sabía que yo tenía una avioneta, en realidad llegué a ir cambiándolas hasta siete veces, y estuve diez años volando con motores. Franco me decía que por qué me arriesgaba a pilotar mi avión. Pensaba que podía matarme".
Había una cuestión sobre la que se ignoraba si Banítez se había decidido a hablarle: el pasado del padre del torero, que había muerto en la cárcel, enfermo, era rojo, de filiación republicana: "Franco lo sabía todo". Con tan breve comentario, quedaba claro que era un asunto que ninguno de los dos quiso abordar las veces que se encontraron.

A la vuelta de uno de sus viajes por Hispanoamérica de "El Cordobés", coincidieron en otra montería. Sentados alrededor de una mesa de camilla Franco le inquirió así: "Qué se dice de mí por donde tú has estado ahora?". A lo que, textualmente, respondería de esta guisa: "Mi" Excelencia, si yo no sé ni pedir un café…" Y con esa salida, lo único que le susurró al oído el Dictador, fue esto: "¡Ay, qué pájaro eres…!". Esta y otras conversaciones que aquí recogemos las recordaba "El Cordobés", de ahí que las incluyamos en este artículo. De otra forma, al no estar nadie presente salvo los interpelados se haría difícil transcribirlas como así ocurrieron.
De cómo iniciaba la conversación Franco con "El Cordobés" tenemos alguna referencia, insistimos que evocada siempre éste. Así, por ejemplo: "¿Qué pasa, Manolo?" Y la respuesta: "¡Que va a pasar! Que la gente no hace más que hablar de nosotros"
Como quiera que en cierta ocasión flotara en el ambiente los problemas que pudiera arrastrar el Jefe del Estado, como también "El Cordobés" con respecto a su entorno, no se le ocurrió otra frase al diestro que la que sigue: "¡Es que a los dos nos fallan a veces las cuadrillas!"
En una de esas cacerías, tras el recuento de las piezas cobradas, sentados ambos muy cerca, Franco recordó a "El Cordobés" lo que decía la gente: que había ganado ya dos mil millones de pesetas. A lo que retrucó el espada: "Excelencia, ¿y no le han hablado de los revolcones que me han dado los toros? A mí en Ecija, en 1960, un toro me sacó "el mondongo". Y Franco: "Como a mí en la guerra de África". Y Manolo: "Me han dado la extremaunción una vez". La conversación se cerró con esta frase del Jefe del Estado: "Tú también has ganado la guerra". Tal diálogo aparecía en Un ataúd de terciopelo…, escrito por Raúl del Pozo y el surrealista y bohemio Diego Bardón. Libro del que recojo también un relato que les contó Rafael Sánchez "El Pipo": y es que al parecer "El Cordobés" trató de conquistar a María del Carmen, la nieta del Caudillo. Y hasta se atrevió a llamarle "suegro" al padre de ésta, el marqués de Villaverde. Con quien en otra ocasión llegó a las manos por culpa de una joven que iba con el torero, y el yerno de Franco quiso disputársela. Estaban en el restaurante "Jockey", el más acreditado de Madrid y Benítez insultó a su oponente tildándolo de "marqués del Nabo": "Te voy a dar dos ceporrazos en los ojos.
Los comentarios del matador de toros hacían mucha gracia a Franco. Sabido es que habitualmente se mostraba en público serio, sin apenas esbozar una tenue sonrisa. Riendo, se le vio pocas veces. Con "El Cordobés" sí que mostraba esa expresión divertida que desconocíamos los españoles.
"¿Qué vio en ti Franco para prodigarte tantas muestras de admiración y afecto?". Y Manolo dijo lo que sigue a un periodista del ya antes mencionado diario Córdoba: "A un guerrero fuerte. Me comparaba con él en el sentido de luchador. Aunque yo no me he metido nunca en política. Él buscaba hablar conmigo, y a mí me daba mucho respeto. Y pensaba qué iba a decirle cada vez que me preguntaba cualquier cosa".

En una corrida celebrada en Bilbao con asistencia del Jefe del Estado, "El Cordobés" le brindó el primero de sus toros: "Porque es usted muy bueno y que viva cien años más". Lo recordaba Marino Gómez-Santos en "El Cordobés y su gente", donde preguntado el diestro si improvisaba sus brindis, la respuesta fue ésta: "A una personalidad "ansí" es en el momento cuando se tiene uno que "espirar". Inspirar, claro. Analfabeto hasta avanzada edad, ya cuando empezó a ser figura de los ruedos tuvo un profesor particular que lo enseñó a leer y escribir. Lo que todos los que hemos conocido a este quinto Califa del toreo cordobés coincidimos es que tiene una inteligencia natural.
Cuando los allegados al diestro le preguntaban algo sobre el Caudillo, Manuel Benítez procuraba ser cauto. Refiriéndose a él, a veces lo mencionaba con el apelativo familiar de su nombre: don Paco. Ocurrió una anochecida que Benítez fue llevado a una comisaría por haber intervenido en una pelea. El comisario le interrogó por lo sucedido. Y entonces, para defenderse, el interpelado le hizo saber que "yo soy amigo de don Paco". No estuvo Benítez aquella noche mucho tiempo retenido. Aquel comisario, consciente de la personalidad de quien tenía enfrente, optó por librarle de pasar unas horas entre rejas.
Francisco Franco, que se sepa, fuera de sus viajes oficiales y su afición a la caza y pesca, y a navegar, no era amigo de fiestas. Pero conocimos unas Navidades en las que, animado por su esposa, ya en su senectud, viajaron hasta la finca Arroyovil, situada en la provincia de Jaén, propiedad de la familia de su yerno, padres de éste, marqueses de Argillo. En aquella Nochevieja entre los invitados, casi todos del círculo social de Cristóbal Martínez-Bordiú y Carmen Franco Polo, se encontraba "El Cordobés", quien atendiendo el protocolo de sus anfitriones vistió impoluta vestimenta de etiqueta: el esmoquin le sentaba de maravilla. Cuanto relato a continuación me fue revelado por otro invitado. Transcurrida la medianoche, Manolo estaba en su salsa, bailando y de vez en cuando levantando el codo. Fue a sentarse junto a la Señora. En determinado momento, a Benítez le entró el sueño y a punto estuvo de apoyarse en el hombro de doña Carmen Polo de Franco y caer en su regazo. Los marqueses de Villaverde lo excluyeron de su lista de asistentes a posteriores eventos.