
Miguel Ríos ha sido el primer rockero español con mayor proyección en la discografía y los escenarios; el que más tiempo ha permanecido en activo. Cumplió recientemente ochenta años, más de sesenta en activo. Y ya sostiene que su final en la música está a la vuelta de la esquina. Que se sepa, nunca se ha casado. Confiesa haber tenido dos grandes amores, entre otros sin que le dejaran huella. Padre de una hija, Lúa, su debilidad sentimental durante muchos años, que ya tiene cuarenta y seis. Y siempre hermético con su vida privada. En Wikipedia aparece como casado con María Ríos. No sabemos quién es y si es verdad que contrajo matrimonio, lo que siempre estuvo lejos de su pensamiento.
Con motivo de su octogenaria celebración, Miguel Ríos organizó entre el 6 y el 8 de junio últimos el All Stars Festival, evento benéfico que tuvo lugar en tres lugares muy representativos de la capital de la Alhambra: el Palacio de Congresos, el Centro Cultural Caja Granada y la Plaza de Toros que recuerda la legendaria figura de Frascuelo. Y en esos eventos Miguel reunió a un grupo de artistas, como la banda Lagartija Nick (aquella con la que el inolvidable Enrique Morente fraguara una fusión flamenco-pop) y hasta Rosendo, rockero madrileño que llevaba ya años retirado. Un éxito para la Fundación Miguel Ríos, que el cantante mantiene para ayudar a cuantos jóvenes valores de la música aparecen en su ciudad, sin patrocinio alguno. Miguel Ríos también hizo un recorrido por sus éxitos de ayer cuando, ya decimos, vislumbra su adiós definitivo a los escenarios. Hace quince años se retiró y, como algunos veteranos toreros, reapareció porque no sabía estar mano sobre mano. Pero ahora ya va en serio su despedida. Ochenta años, por mucho que mantenga un físico admirable – es un deportista de toda la vida – ha de refugiarse "en sus cuarteles de invierno".
Estrenando juventud, hijo de una modesta familia del granadino barrio de la Cartuja, ayudaba a la parca economía de los suyos oficiando de aprendiz de camarero, oficio que dejó para vender discos en unos almacenes, cuando ya le hervía la sangre para ser cantante, a través de las emisoras de radio locales. Dio el salto a Madrid, a comienzos de los años 60 del siglo anterior. Y con el apelativo de Mike Ríos que le impuso su primera casa de discos, fue poco a poco convirtiéndose en el rockero español por excelencia. Con periodos alternativos de éxito y silencio, tuvo su mayor trascendencia como intérprete de una versión singular que Waldo de los Ríos, compositor argentino, junto al arreglista Rafael Trabuchelli, realizador del noveno movimiento del "Himno de la alegría", de Beethoven. Transcurría 1969, vendiéndose en todo el mundo ¡siete millones del disco! Lo anecdótico es que el cantante granadino no estaba al principio muy convencido de esa grabación, negándose en redondo, hasta que lo convencieron en la casa Hispavox.
Esa versión del "Himno a la alegría" repercutió favorablemente en su carrera, tanto en la discografía europea como en la norteamericana, llegando a aparecer en los primeros puestos del "hit parade" de la muy influyente revista Billboard. En un viaje promocional por los Estados Unidos, estuvo en Las Vegas, donde asistió emocionado a una actuación de Elvis Presley en uno de los grandes complejos hoteleros de la ciudad. Ya era la época decadente del "rey del rock and roll", obeso por la ingesta de múltiples pastillas, y hortera vistiendo. Uno de los directores artísticos le propuso a Miguel un contrato para actuar en el mismo escenario, pero al granadino no le satisfizo la oferta. ¿Perdió una gran ocasión? De ganar un dineral en dólares, seguro. O a lo mejor acertó regresando a España. Donde su carrera sufrió algunos sobresaltos y cierto fracaso, aunque finalmente pudo imponer su solidez como rockero, que es lo que siempre le ha apasionado.
Miguel Ríos ha sido siempre un idealista, defensor de valores cívicos, culturales, democráticos. Muy querido en su profesión. Se ha llevado siempre bien con los periodistas. Eso sí: manteniendo un infranqueable espacio sobre su intimidad. Aun así, acabaría reconociendo lo siguiente: "A mí me ligaban ellas, no yo". Y tuvo novias a porrillo, procurando que no lo sorprendieran los reporteros. Si con catorce años se estrenó con una de sus vecinas en Granada, ya en sus giras musicales se colaban en la habitación de los hoteles que frecuentaba o bien en los camerinos, o a la salida de sus actuaciones. Dejándose conquistar, según confesión propia. Lo que nos enteramos un día es del amor platónico que tenía hacia Rocío Dúrcal. La conoció, pero sin atreverse jamás a hacerle alguna proposición sentimental. aceptando que Junior era más guapo que él.
En Barcelona, cuando iba, lo esperaba una mujer madura, con la que retozaba. Pero ni ésta ni otras ocasionales parejas, llegaban a su corazón. Hasta que en Ibiza conoció a una diseñadora de ropa, inglesa, también traductora, con la que inició una relación amorosa que duraría casi veinte años. Era Margaret Watty. Con ella vivía en Madrid, procurando siempre que los reporteros no los cazaran juntos, hasta que algunas veces no podían rehuirlos. Fueron padres de una niña, Lúa. Todo un padrazo, Miguel, cuando la niña cumplió dos añitos, le dedicó una canción: "Lúa, Lúa, Lúa". Heredó la pasión musical de su progenitor, y se enroló en una banda indie, "Gold Lake". Un tanto bohemia, como alguna vez ejerció su padre, Lúa se ayudó económicamente regentando un bar y también una tienda de chocolates, pues confiesa ser muy golosa. Lo que le ha fastidiado siempre es que haya empresarios que la anunciaran como "la hija de Miguel Ríos"; por supuesto se siente orgullosa, pero no que omitan el nombre de su grupo musical.
Haciendo acopio de sus recuerdos amorosos, Miguel Ríos concedía, muy seguro de esconder detalles precisos de sus amores ante la demanda de los periodistas, que llegó a ligarse a una ministra. ¿Sería de Cultura? Y a una actriz de ojos claros; y también a una ayudante de dirección.

Rota su convivencia con Margaret Watty su otra pareja que marcó su biografía sentimental fue Regina. Sólo ese nombre supimos del otro gran amor de su vida, con quien hace un año seguía siendo su compañera. Pero ¿ha continuado con ella? ¿Porqué, insistimos, se dice en Wikipedia que se ha casado con una tal María Ríos? Ahí lo dejamos.
Miguel Ríos vivió muchos años en Madrid. Donde se asoció con unos amigos en el negocio de una fábrica de harina y panadería, algo tan ajeno para un artista de la canción. Su mayor ocio lo disfrutaba con los veteranos del Real Madrid, jugando al fútbol con auténtica furia, así como no se perdía partidos en el Bernabéu. Pero de vez en cuando tenía nostalgia de su querida y hermosa capital de nacimiento, y regresaba a Granada. Yendo en tren hacia allí, tomó un papel y bolígrafo y antes de arribar a su destino ya tenía pergeñada la letra de "Vuelvo a Granada". Ese himno fue bien acogido por sus paisanos y llegó a ser número 1 en las listas de éxitos. En 1992 regaló los derechos de autor a su ciudad, representada por el Ayuntamiento, para que destinara lo recaudado en pro de la cultura local.
Hay imágenes del cantante abrazado a una guitarra. Tiene muchas en su casa granadina, amén de un estudio de grabación. Pero últimamente no ha podido pulsar las cuerdas de ninguna de ellas, porque lo operaron de un hombro. Han transcurrido ya algo más de sesenta años en la música de Miguel Ríos. Toda una vida de quien es uno de los pioneros, veteranos rockeros-pop de la historia.