
No pasa un tiempo sin que Paris Hilton nos sorprenda con una de sus habituales excentricidades. Pero lo último que se ha sabido sobre ella ha de considerarse algo inusual, fuera de cuanto en su vida ha realizado en ambientes frívolos, mundanos o de naturaleza artística. Esta vez, el pasado 27 de junio, acudió nada menos que al Capitolio de Washington, para declarar ante el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes. Un escenario que no hubiera extrañado a nadie de ser, pongamos por caso, Donald Trump. Pero ha sido esta despampanante dama, últimamente conocida también como DJ (lo que años atrás se conocía como "disc-jockey", vamos) quien ha ocupado esa tribuna para "que se reestructuren los programas de bienestar infantil y la protección de los niños en los Estados Unidos". Ocasión que aprovechó para decir que había sido violada varias veces cuando contaba dieciséis años.
No se ahorró detalles esta "socialité", como la definen en la prensa rosa, contando pelos y señales de aquella violación. Por su entonces desordenada conducta social había sido internada en un centro de rehabilitación. En su relato, contó ante sus estupefactos oyentes, que a mitad de una noche la trasladaron (no dijo quiénes pero se supone que unos enfermeros) a otro lugar, un centro estatal tal vez, sacándola de su cama completamente desnuda. Durante dos años, siempre según su sorprendente versión, la mantuvieron en régimen de aislamiento, y abusaron sexualmente de ella. ¿Tanto tiempo, sólo aquella primera noche, o en muchas más ocasiones? Que fuera violada puede entenderse. Pero ¿a lo largo de dos años en una residencia de rehabilitación, que presuntamente dio a entender que dependía del Estado? La historia de esa declaración pública en el Capitolio, y no en un "show" televisivo, ha debido causar reacciones poco habituales en la sociedad norteamericana.

Como quiera que en "Chic" hace tiempo que contamos "la vida y milagros" de esta mujer, nos ahorramos repetirla. El argumento que la condensa es el de que ha llevado una existencia libre, escandalosa, con más de una docena de amantes, que la prensa sensacionalista iba publicando periódicamente.
Cualquier otra fémina sin su identidad no habría tenido ni una línea en un periodicucho de pueblo. Pero es que Paris Hilton, no se olvide, es bisnieta del fundador de la famosa cadena de hoteles, Conrad Hilton. Heredera de una inmensa fortuna, que ha ido dilapidando. Aunque en su haber conste ser una afortunada empresaria, diseñadora de ropa para perros (adora a estos animales) y actriz de dudosa reputación pues fue acreedora varias veces del premio Razzie, que se otorga a las más delirantes intérpretes de la pantalla, y asimismo cantante que dista años luz de, pongamos, Taylor Swift.
Normalmente, a todos sus amantes los despedía "con la patada de Charlot", que se decía en tiempos. Llegado el 21 de noviembre de 2021 nos dejó pasmados: acababa de contraer matrimonio, el primero por supuesto, con el empresario Carter Reum. Nunca había querido, digamos, atarse a ningún hombre, sino usar a sus novios como una servilleta. Y he aquí ese inesperado deseo nupcial. Sobre su marido ha dicho que es "su alma gemela". Quería ser madre. Lo ha conseguido en dos ocasiones por el método de gestación subrogada. El 24 de enero de 2023 dio a luz un varón, Phoenix. Y en noviembre del mismo año, una niña por el mismo procedimiento. Le puso un nombre que, convendrán conmigo, no resulta muy corriente: London. Adujo que lo decidió pensando que Londres es su ciudad favorita. Es como si una pareja española alumbra un bebé y decide llamarlo, por un casual, Villatempujo de Arriba.
No se la ha relacionado más a Paris Hilton con ningún ocasional amante, sino que continúa con su marido y los retoños. Se han obtenido imágenes de uno de ellos, aunque ella prefiere que sean ignorados por la prensa. Todo lo contrario con lo que ha sido hasta nuestros días la vida de esta estrella de la prensa del corazón quien ha anunciado que en septiembre estará a la venta su segundo álbum, "Infinite Icon". Desde 2006 no publicaba ninguno: aquel era "Stars Are Blind". Sí que aparecían de vez en cuando discos sencillos, adquiridos por admiradores de la diva, que los tiene, a pesar de la discutible calidad de tales grabaciones.
Se ha hecho, por cierto, muy amiga de Rosalía y en cierto modo la ha imitado en el video reciente que se ha conocido a través de TikTok. En la línea desenfadada de los vestidos de la catalana, en su coreografía, que no en la interesante voz de la artista de "Mitomani". Les une a ambas la coincidencia de ser amigas de las no menos "influencers" (permítaseme ese vocablo, del que suelo huir) hermanas Kardashian.
Paris Hilton tiene publicadas sus memorias: "This is Paris". No tengo noticias de que se hayan comercializado en España. Me imagino que su lectura, tanto si ha contado todas sus aventuras o no, nos haría pasar un buen rato este verano, en caso de no decidirnos por el interesante y ameno volumen de mil doscientas páginas del reciente posible "best-seller" de Juan Manuel de Prada.