
Me sorprende la muerte de Carlos Ferrando, murciano de familia emigrante en Cataluña, que entre los años ochenta y siguientes décadas marcó una época como cronista social. Sus chismes acerca de personajes del espectáculo lo eran en sus vidas reales: Carlos Ferrando no inventaba. En todo caso, callaba mucho. Se ha ido callando no pocas confidencias importantes de la vida española. Y es que vivía la noche, desde diferentes lugares, pero compartiendo siempre historias cercanas de muy destacados personajes del mundo del cine, el teatro y la televisión, como asimismo la vida social.
Por ejemplo, siendo relaciones públicas de una discoteca madrileña en los años 9 que frecuentaba don Felipe de Borbón supo siempre proporcionarle la discreción precisa. Carlos Ferrando no era periodista, como se afirma en algunos obituarios, sino cronista social. Trabajaba en Barcelona como oficinista en una empresa y tenía una obsesión como admirador de la bailarina y actriz Esperanza Roy. Un mitómano de esta sensacional artista y, como tal y sin conocerme, vino a la redacción de Semana donde yo trabajaba con la pretensión de que le publicara una fotografía con ella. Satisfice su petición. Nunca me dio las gracias pero al cabo de los años, radicado en Madrid, ya se había convertido en relaciones públicos y también colaboraba en prensa, radio y televisión.
En la discoteca Bocaccio de Madrid, punto de encuentro de gente del espectáculo, ejerció su trabajo con gran habilidad. Llevó los inicios de carrera de actores como Imanol Arias, al que ayudó promocionando en los medios de comunicación. No hubo en la década de os 90 ningún famoso que no lo contratara por sus campañas publicitarias. Atesoró muchas confidencias nocturnas de Carmen Ordóñez, de quien se ha llevado a la tumba un secreto uque le confió. Sospecho que tenía mucho que ver con la vida íntima de la infortunada viuda de Paquirri.
Frecuentaba Carlos las noches de Madrid, la de los años de la Movida y los siguientes. Supo de primera mano los vicios de cantantes y actores. Y él mismo confesaba haber participado en "performance" secretas de drogas y encuentros sexuales de todo tipo. Pero siempre calló y jamás delató a nadie. Me contó cómo Ortega Cano "se moría de celos" cuando fue unos días al rodaje de la película La Lola se va a los Puertos, remake de Josefina Molina en la que la artista de la copla Rocío Jurado tenía escenas de besos y arrumacos con el galán de la película. Al torero tuvieron que sacarlo fuera del tablao donde se rodaban las secuencias, pues no toleraba que a su entonces novia le "metieran mano". Carlos Ferrando era el responsable de prensa de la productora, siendo muy discreto al respecto.
Como lo fue ejerciendo un puesto similar en la primera película de Isabel Pantoja, donde descubrió que su oponente masculino, José Coronado, en el camerino de uno de los dos, mantenía una relación apasionada con ella. Y solo a los amigos Carlos nos brindaba alguna confidencia en la seguridad de que nunca lo denunciaríamos.
Y así podrían contarse muchas historias de las que solo una mínima parte contó en su libro de memorias. Carlos Ferrando era dueño de una verborreica manera de ser, siempre adornada con un humor desatado. Procuraba no herir a nadie a quien sus confidencias pudieran perjudicar (muchos casos de cuernos, por ejemplo). Así como su rival Jesús Mariñas era más ácido, Carlos Ferrando utilizaba más la ironía, el comentario chistoso, a la hora de rubricar sus investigaciones por lo común -insistimos- veraces.
Hizo sus últimas apariciones en televisión hace escasos meses en el programa Lazos de sangre. Usaba desde hacía tiempo una gorra que no se quitaba para nada, escondiendo así su escasez de pelo. No le conocí afición a las bebidas alcohólicas, sus vicios iban en otra dirección. Sentimentalmente encontró a un compañero con el que halló la estabilidad que había buscado desde hacía tiempo. Y hace un par de años, al margen esas esporádicas apariciones en la televisión, decidió jubilarse.
Carlos Ferrando era un tipo divertido, que te ponía al día de cuanto ocurría en la trastienda del mundo del espectáculo.