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Alain Delon construyó una capilla para ser enterrado tras el altar

Alain Delon a modo de autorretrato, se definió así mismo de forma sincera: "Lo que más he amado en vida ha sido ser Alain Delon".

Alain Delon a modo de autorretrato, se definió así mismo de forma sincera: "Lo que más he amado en vida ha sido ser Alain Delon".
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Alain Delon hacía tiempo que esperaba su muerte; es más, la deseaba. "No la temo", dejó dicho en una de las muy escasas entrevistas que concedió cuando ya la enfermedad le rondaba. Quiso, además, adelantarse en esa lucha con "la vieja dama" y pidió la eutanasia. Hasta se dirigió por carta al presidente Macron para que mediara en su deseo. Menos conocido es su decisión, hace veintiocho años, cuando contaba sesenta, de mandar construir una capilla en la localidad de Douchy, en la región francesa de Louret, donde vivía, con la idea expresa de que fuera enterrado detrás del altar.

Se ha repetido estos días que la última aparición pública del actor fue en 2019, mes de mayo, en el transcurso del Festival de Cannes, donde le brindaron la Palma de Oro honorífica por su larga carrera cinematográfica. Hubo sectores que no compartieron ese premio. Lo que resulta incuestionable es que fue el más conocido y popular astro galo. Las controversias por ese galardón eran a causa de sus ideas ultraconservadores. También procedentes del feminismo más radical, considerándolo un confeso machista. No era tampoco muy apreciado por los reporteros, al margen de cuanto fuera alabado por la crítica cinematográfica: era antipático, nada amigo de contar sus impresiones para ser publicadas, salvo en muy contadas ocasiones.

Unas semanas después de su paso por el certamen de Cannes sufrió un derrame cerebral. Fue el principio del fin. Pudo no obstante comprobar cómo su físico cambiaba, el deterioro era harto visible. Y renunció ya a salir de su mansión de Douchy, una propiedad de cincuenta y cinco hectáreas, que adquirió cuando convivía con Mireille Darc. Fue desde entonces su hogar y apenas iba al pueblo a ser atendido en un hospital: optó porque médicos y enfermeras se trasladaran a la casa, en vez de hacerlo él a la inversa.

Había sido el rostro más atractivo de las pantallas europeas. No pudo competir con otros guapos de Hollywood, pues no era apenas conocido en los Estados Unidos. En Francia, sí: un ídolo. Y en otros países de nuestro continente: "Yo admito que la belleza me abrió las puertas del cine. La belleza estaba a mi lado, todo el mundo me lo decía todo el tiempo".

Pero sería injusto infravalorar su carrera de actor, como demostró a partir de "Rocco y sus hermanos", "El Gatopardo", "La piscina", "A plano sol", "El silencio de un hombre"… Definitivamente, además de carisma personal, Alain Delon fue el más importante galán del cine francés, con todo derecho por su talento. Lo de ser muy guapo, como repetimos, le valió en sus inicios. Visconti se enamoró de él. Delon negó haber accedido a relaciones homosexuales. Rumor que lo acompañó mucho tiempo.

Un suceso le pasó factura, injustamente, durante una temporada. Lo acusaron de sospechoso en la muerte violenta de un antiguo guardaespaldas suyo, el joven yugoslavo Stefan Markovic, cuyo cadáver fue encontrado en un vertedero a las afueras de París, embutido en una bolsa con una bala en la cabeza. Markovic no sólo protegía al actor, sino a la familia de éste. Por aquella época Alain Delon estaba casado con Nathalie y se aseguraba que el tal Stefan había mantenido relaciones sexuales con ella. ¿Acaso Delon, al enterarse de esa supuesta infidelidad se tomó la venganza por su cuenta? No, no fue así. La policía investigó lo suficiente para que un juez determinara la inocencia de Alain Delon y sí la implicación en el crimen de un delincuente, amigo suyo, con el que lo habían confundido. Se llamaba François Marcantoni, quien solía organizar fiestas privadas para políticos y empresarios. El asunto Markovic salpicó incluso al presidente francés Georges Pompidou. Finalmente, Delon quedó fuera de toda sospecha.

Alguien tuvo la ocurrencia de llamarlo "el Sinatra francés". La comparación no le gustó nada al aludido, quien no obstante reconoció que si bien Frank estaba relacionado con la Mafia, él mismo también era amigo de varios jefes del hampa marsellesa. Pero eso fue antes de ser un actor célebre. Cuando interpretó papeles de "gánster" lo hizo con toda convicción.

Hay algo que le sembró la mente de tristeza cuando recordaba su infancia: fue abandonado por sus padres, que se habían separado. Y así, su infancia y adolescencia resultó amarga, complicada, expulsado de colegios, huésped habitual de reformatorios, rebelde acaso con causa, al revés de aquel otro ídolo llamado James Dean. Después de desempeñar oficios para mitigar el hambre, llegó al cine por casualidad. Y eso lo salvó de haber sido un delincuente.

"La vida no me aportó gran cosa – confesó poco antes de apartarse de los focos del cine y la fama -. Lo conozco todo, lo he visto todo. Y además detesto el mundo en que vivimos. Todo es mentira y falso. Ya no hay respeto. No se cumple la palabra dada. Sólo cuenta el dinero". Bien lo sabía él, que ganó millones a espuertas con sus películas, unas cuantas de ellas financiadas por él mismo, que fundó dos productoras. También tenía negocios diversos, relacionados con una marca de cosméticos y una cuadra de caballos de carrera. Y algunos más, como dueño de un restaurante en Niza y empresario de veladas de boxeo, que no vamos a detallar para no alargar este texto.

Ególatra siempre, trató de demostrar que no sólo brillaba como actor en el cine. Pero en las pocas funciones teatrales en que intervino, no pasó de discreto. Y tampoco resultó aceptable como cantante, más bien susurraba como en una canción a dúo con una de sus primeras amantes, la egipcia Dalida: "Paroles, paroles".

En su papel de padre, fracasó. Lo reconocía así: "No estuve a la altura ni con Anthony, ni con Anouchka ni con Alain Fabien". A sus tres retoños los inscribió con nombres que empezaban con la letra A, la suya propia. A la hora, hace pocos años, de repartir sus bienes en vida, se resistió a pesar de legarles propiedades y dinero, de desprenderse de cuadros valiosos, de autores impresionistas, y algún Picasso. No quería que al fallecer sus descendientes se disputaran esa herencia. A última hora se ha sabido que en el testamento ha beneficiado a Anouchka, que era su preferida, la única con la que mantenía cariñoso afecto de sus tres hijos.

Los últimos meses de vida de Alain Delon fueron penosos. El cáncer iba minando la resistencia física del actor. Estaba ya irreconocible. Sus hijos acordaron con un juez en el pasado mes de abril que fuera incapacitado legalmente, bajo su tutela. Se anticipó él hace un par de años escribiendo una carta para agradecer a sus amigos íntimos cuanto lo habían ayudado. Siendo un ser solitario que no dejaba que nadie accediera a su intimidad, pudo saberse que en su billetero portaba tres fotografías de la mujer que más lo amó, Romy Schneider. Las tomó cuando ella murió, se cree que a causa de ingerir unos barbitúricos. Alain no quiso asistir al entierro de la actriz, pero permaneció unas horas velando su cadáver y quiso obtener esas imágenes con el cuerpo aún caliente de la actriz austríaca. También le afectó a Delon la desaparición de su gran amigo y colega, Jean-Paul Belmondo. Ambos eran los más taquilleros de las pantallas francesas. Por lo demás, pocos fueron los amigos de Alain. Se había amoldado a vivir en soledad, en compañía de su fiel perro belga "Lombo". Treinta y cinco canes tuvo el actor, que fue enterrando en los alrededores de su casa de Douchy.

Una frase pronunciada por él mismo a modo de autorretrato, es la definición más sincera del actor: "Lo que más he amado en vida ha sido ser Alain Delon".

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