
Nada hay más triste, dentro de la propia tragedia, que morir en soledad; sin nadie que te acompañe en el tránsito al más allá. Sin unas manos queridas que cierren tus ojos para siempre. Es añadir un doloroso silencio más en ese espacio infinito. Mayra Gómez Kemp, por desgracia, acaba de emprender tan largo viaje inesperadamente. Cuando creía recuperarse de un estúpido accidente doméstico: la caída en su hogar, una vivienda en Mijas (Málaga) adonde se había ido a vivir, ella sola, tiempo después de quedarse viuda en 2021.
A Mayra se la recuerda por su época de presentadora del programa-concurso "Un, dos, tres… responda otra vez", que mantuvo durante seis temporadas, a partir de 1982. Sustituyó entonces a quien había sido el animador del programa, Kiko Ledgard, quien estando en Lima, su país, en una absurda pirueta en la barandilla de la terraza de un hotel, cayó al vacío ante el estupor de los periodistas que habían sido convocados con él a una rueda de prensa. Moriría a consecuencia de las heridas sufridas. El destino, a veces cruel, nos remite a una tragedia similar: la de Mayra Gómez Kemp fallecida también como consecuencia de una caída casera, sin nadie delante como le ocurrió a Kiko, pero absurdamente comparada por ese mutis sin poder controlar el choque con el suelo, con fatal resultado.
A la hora de condensar su vida y su carrera profesional eludimos a propósito capítulos que ella contó más de una vez en múltiples entrevistas: que nació en La Habana el 14 de febrero de 1948 y que, hija de padres actores, tuvo desde su adolescencia y juventud experiencias artísticas. Llamada Mayra Cristina Gómez Martínez Kemp Febles, acortó esa identidad por razones comprensibles. La llegada de Fidel Castro al poder precipitó la salida urgente de la isla de toda su familia. Y ese exilio, cuando Mayra contaba solamente diez años, marcó sin duda su futuro a partir de aquella Nochevieja revolucionaria de 1959. Puerto Rico fue el siguiente destino de los suyos. Allí tuvo su primer novio. Al que siguieron otros a aquel condiscípulo: un camarero en Miami, el componente de una brigada de salvamento en Florida y algunos otros que la memoria de ella había dejado en el olvido. Caracas y luego Miami fueron otras de sus residencias hasta que en 1970 Mayra arribó a Barcelona, adonde arribó con solo trescientos dólares en el bolsillo, y sin pasaje de vuelta. Contaba veintidós años. Encontró su primer empleo en una agencia de publicidad. Alcanzó el puesto de ejecutiva de cuentas. Prestaba mucha atención a los anuncios de sujetadores, entonces llamados sostenes para las mujeres. Y en ese puesto se enamoró de un publicista. Fue un desastre. Una época que había tenido, al menos, un tramo positivo: trabajó también en Radio Barcelona en un programa con Joaquín Prat.
El desastre con el novio catalán la empujó a radicarse en Madrid. Y en unos estudios de doblaje conoció al que iba a ser el gran amor de su vida, el actor Alberto Berco. Con él se olvidaría de otros romances de poca monta. Mayra era una mujer apasionada que hasta entonces no había conseguido encontrar al hombre que podía hacerla feliz,
Alberto Berco era un actor argentino descendiente de antepasados rusos: se apellidaba realmente Berconski Fonaroff. Prudente fue al alterar esos apelativos. De elevada estatura, muy atractivo, le llevaba a Mayra veinticinco años de diferencia. Yo lo había conocido a finales de los años 60 cuando era galán de la compañía de revistas de Celia Gámez. Se había enamorado de la segunda "vedette", una inglesa muy guapa llamada Diana Garvey. Al terminar aquel romance es cuando Alberto Berco y Mayra Gómez Kemp iniciaron un largo idilio que iba a durar nada menos que cuarenta y cinco años, hasta la muerte de él. Tardaron en casarse diez años. Y resulta que cuando decidieron legalizar su unión lo hicieron por poderes, en Bolivia. Y en 1987 ya se casaron en ceremonia civil en Madrid.
Antes de esa decisión sentimental, Alberto y Mayra habían estrenado en 1974 una comedia musical titulada "The Rocky Horror Show", que, avalada por su éxito internacional, prolongó esa circunstancia también en Madrid. Mayra destacaba como actriz, cantando y bailando. Llevaba la obra un año en cartel cuando ella quedó embarazada. El espectáculo obligaba a Mayra a realizar ejercicios físicos que no eran los más apropiados para una mujer "en estado de buena esperanza". Perdió a su bebé. Ya no pudo darle en el futuro a su pareja el hijo que ambos soñaban tener. Una decepción que acompañaría, sobre todo a Mayra, toda su vida.
Si Mayra Gómez Kemp tuvo una biografía artística muy diversa en radio, cine, discos y televisión, no hay duda alguna en repetir que su gran trampolín a la popularidad en toda España fue "Un, dos, tres…". Chicho Ibáñez Serrador confió siempre en ella y le permitió, pese a lo severo que era para que se respetase íntegramente el texto de los guiones, que cuando como animadora del concurso tenía que concluir su parlamento con los concursantes de turno, durante la habitual subasta, hasta que se decidieran por los regalos que ella les proponía, decidió leyendo los puntos suspensivos del guion, introducir una frase de su cosecha, que hizo fortuna: "Y hasta aquí puedo leer!".
Transcurridas seis temporadas de "Un, dos, tres…", Chicho Ibáñez Serrador prescindió de Mayra. No le comunico con tiempo esa decisión, lo que para ella supuso un desprecio, que le acarreó una depresión. La popularidad obtenida en ese espacio le permitió formar parte de un grupo musical, Acuario, junto a María Durán y Beatriz Escudero, en 1978. Trío sexy que 'popularizó algunas canciones, como "Rema, rema marinero". Posteriormente, Mayra fue presentadora de "625 lineas", que le reportó también una dosis de popularidad, y oportunidades de entrevistar a grandes personajes, como el protagonista de "Yo, Claudio", Derek Jacobi. Después, intervino en la que sería su última película, "Donde hay patrón", cuyo protagonista era Manolo Escobar.
Fue con la llegada de la década de los 80 cuando Mayra hubo de enfrentarse a la grave enfermedad de su marido. Alberto Berco llevaba un tiempo sin trabajar, ocupado de la carrera de ella y quizás esa circunstancia lo llevó a un estado depresivo del que tardaría en recuperarse. Mayra sufrió mucho a su lado durante un largo periodo. Hasta que él falleció en 2021. Había sido un seductor: se casó cuatro veces, una de ellas con la conocida actriz argentina Susana Campos, y era padre de dos hijas, una con la citada y otra, llamada Viviana, casada con Joaquín, el del dúo Pimpinela. Mayra siempre quiso como propias esas hijas de su marido. Lamentaba, como dijimos, no haber alcanzado la maternidad.
Mayra Gómez Kemp sufrió dos graves contratiempos de salud en 2009 y en 2012: un cáncer de garganta, primero, y luego, otro de garganta y cuello. Le afectó, claro está, a sus cuerdas vocales. No podía hablar. Para una actriz, locutora y presentadora, era el final, su herramienta de trabajo. Sometida a largas sesiones médicas pudo, finalmente, hacerse comprender con un lenguaje evidentemente alterado. Cuantas personas se encontraba por la calle le evidenciaban el cariño del que era destinataria con toda justicia. Porque Mayra se había ganado siempre el afecto y la admiración. Pero no sólo por su empatía a través de las cámaras de televisión: puedo garantizar, porque la conocí, que era una mujer llena de sensibilidad, sencilla, que te hacía partícipe de su alegría. Cuando le llegó el golpe terrible de su enfermedad, en dos ocasiones, ella colaboró después activamente con la Asociación Española contra el cáncer.
Mayra Gómez Kemp pasó por la vida no sólo destacando en sus actividades artísticas. Fue siempre una mujer entrañable con cuantos se acercaron a ella, con los compañeros que a su lado compartieron tantos programas de radio y televisión. Era muy querida. En su libro de memorias, escribió al final cuanto sigue, con lo que rubricamos este obituario, para mí doloroso por cuanto recuerdo de ella: "Dicen que la felicidad es pensar que manejas las riendas de tu vida. Si eso es así, soy feliz".
Y así se ha marchado de este mundo, rumbo al cielo, seguro.