
Javier Cámara es uno de los actores españoles más destacados de los últimos años, tanto por sus papeles en el cine (ha ganado dos Goyas) como en la televisión, donde últimamente ha protagonizado la secuela de "Rapa 3", un "thriller" sobre el ELA, donde aparecía en una silla de ruedas. Mantiene a raya ante los reporteros su vida privada. Nadie ha podido sorprender a Cámara con una cámara (perdón por el chiste fácil) junto a su pareja; ni tampoco en compañía de sus dos mellizos. Sólo en cierta ocasión fue captado paseándolos en un cochecito, por las calles de su barrio, pero sin verse a los bebés. Lo mismo estaba vacío. Es un hombre discreto, amable, sencillo, admirado por el gran público y asimismo por sus colegas. Su historia es la de quien, partiendo del hogar de unos agricultores, se empeñó en ser actor después de muchos sacrificios. Lo mismo que superó su complejo al ser homosexual, tras sufrir dolorosas incomprensiones. El triunfo personal de un bienhumorado riojano que, a fuerza de tesón, es en la actualidad uno de los rostros más conocidos en su profesión artística.
Natural de Albelda de Iregua, pueblo cercano a Logroño, donde vino al mundo el 19 de enero de 1967. Un hermano suyo, mayor que él, murió a temprana edad por lo que sus padres, al nacer el futuro actor, le impusieron el mismo nombre que el fallecido: Javier. Es una historia que ha ocurrido en otras familias; que recordemos, por ejemplo la de Salvador Dalí.
Su padre trabajaba en el campo, ocupándose de un par de huertas, y quería que Javier lo ayudara en esas faenas agrícolas. Así lo hizo durante un tiempo, pero cuando lo vio muy preocupado por las malas cosechas obtenidas en un año, Javier se opuso a continuar a su lado en esas labores y preparó su salida del pueblo, donde sus amigos siempre le hablaban de mujeres y del por qué no se echaba una novia. Estaba ya más que clara su condición sexual. Y aguantaba bromas de mal gusto propias de los pueblos, al menos hace tiempo, donde ser llamado marica convertía al aludido poco menos que en un apestado.
Tomó un tren y llegó a Madrid casi con lo puesto. A poco de encontrar una pensión, bajó las escaleras del Metro por primera vez y al entrar en uno de los vagones, igual que si lo hiciera en una reunión de amigos, dijo en voz alta: "¡Buenos días!", lo que supuso un run run guasón, puro cachondeo de los usuarios, tomándolo por un paleto. Cuando años más tarde ya era un actor reconocido y fue a comprar un kilo de patatas en la tienda de comestibles cercana a su casa, los parroquianos, al verlo, comenzaron a reírse, recordando algunos de sus personajes cómicos. Javier Cámara ya está acostumbrado a esas reacciones de la gente que advierte su presencia, la de un actor popular.
Larga es la lista de sus éxitos cinematográficos y televisivos. Lamenta que su padre no llegara a tiempo de compartir sus primeros trabajos, como la serie "Ay, Señor!", junto a Andrés Pajares, vestidos con hábitos sacerdotales, porque murió cuando esa serie se estaba emitiendo.
Pedro Almodóvar supo valorar el talento interpretativo de Javier Cámara: lo tuvo a sus órdenes en varias películas. No sólo ha rodado todas ellas en España: en el exterior compartió repartos con los acreditados Jude Law y John Malkovich. En Javier sobresale su afán de aprender siempre de los demás y no alardear de sus propias aptitudes.
Y eso que, al principio, él prefería el teatro pues en el cine, pensaba que siendo calvo y con los ojos pequeños, no lo tendría fácil. Y sin ser guapo ni contar con una figura atractiva, supo ir imponiendo su estilo propio: haga el papel que quiera, no se parece a ninguno de otros colegas de su generación. El espectador "se cree" cuanto interpreta Javier Cámara.
Luego estaba en sus primeros años en Madrid la aceptación de su sexualidad. Si se sentía desplazado al ser diferente a la mayoría de los jóvenes de su pueblo, en una gran capital eso ya no le suponía tanto problema, aunque al ir relacionándose con gentes de su edad, todavía notaba algún desdén. Lo combatió al acudir a la consulta de un psiquiatra durante cinco años, a la que fue por primera vez aconsejado por una compañera. Así aprendió a estar seguro de sí mismo.
Sentía la necesidad de ser padre. Lo logró recurriendo a un vientre de alquiler. Por gestación subrogada en 2017 cumplió ese sueño en Nueva York, desde donde viajó a Madrid con dos mellizos. Desde entonces, como decíamos al principio, ha llevado lo más discretamente posible tal paternidad. Tampoco se sabe si tiene o no pareja. Respetemos lo que es de su exclusiva incumbencia y su derecho a no ser juzgado públicamente por ello. No se merece que haya reporteros apostados a las puertas de su vivienda para ver si consiguen la exclusiva de sus hijos. Él, ya avezado, los despista siempre o les pide que comprendan su deseo de intimidad.
Está siempre en alerta para que lo que ya no es un secreto vea la luz en revistas rosas. Y si se va de vacaciones a su chalé del Cabo de la Nao, en Jávea (Alicante) toma todas las precauciones posibles. Hay que aceptar que siendo un personaje público interese su vida particular. Pero él no tiene obligación alguna de dar tres cuartos al pregonero contando sus intimidades. Está en la cima de su carrera, ha ganado popularidad y mucho dinero, y no le faltan contratos. Iba para "destripa terrones" en el campo y ha acabado siendo un admirable actor.