
Danny DeVito es uno de los actores bajitos que mayor popularidad disfruta en el cine, muy querido por sus compañeros y por el público, que lo ha distinguido no sólo como un estupendo y bienhumorada intérprete sino un hombre de serios valores, sencillo y pleno de simpatía. De su vida sentimental sólo se sabe que estuvo casado con la actriz Rhea Perlman, tuvieron tres hijos, y acabaron separándose, sin recurrir al divorcio y manteniendo su amistad, aunque sólo sea a través de un teléfono móvil. Fechas atrás ha cumplido ochenta años, que no le afectan para nada en su buena salud, el cariño de su familia y el trabajo.
El padre de Danny trabajaba en modestos empleos; le reportaban poco dinero y encima empinaba el codo a menudo, por lo que la infancia del futuro actor fue complicada. A ello se unía su breve estatura: no superó nunca sus actuales medidas de un metro y cuarenta y siete centímetros de estatura. ¿A qué se debía ello?
Padecía nada más nacer la enfermedad de Fairbaank, una afección muscular que inhibe el desarrollo del hueso y el cartílago, lo que supone graves dificultades para caminar. Esto último lo fue superando. Con su carácter abierto, divertido, no sufrió nunca burlas de nadie. Rota la armonía en su hogar, con catorce años abandonó el pueblo en el que vivía en el estado norteamericano de Nueva Jersey y se fue con una hermana al salón de belleza que ésta regentaba. Danny se aplicó en ese trabajo, leyó cuanto pudo sobre cosmetología, pero tras un tiempo ejerciéndola optó por estudiar Arte Dramático. En Nueva York se hizo amigo de Michael Douglas, que iniciaba su brillante carrera en la pantalla, y compartieron un apartamento en Manhattan. Gracias a Michael, Danny DeVito trabajó con él en unas cuantas películas a lo largo de los años.
Los inicios cinematográficos de Danny no le satisficieron. Desilusionado pasó a integrarse en compañías teatrales, en el Off-Broadway, que es la parte de esa zona neoyorquina detrás de donde se encuentran los principales escenarios, más modesta.
En 1975, el director Milos Forman y Michael Douglas, convertidos en socios productores lo contrataron para la película "Atrapados sin salida", cuyo protagonista fue Jack Nicholson. Constituyó un gran éxito de crítica y taquilla. Aunque a Danny no le sirvió a continuación, pues sólo le ofrecían pequeños papeles. Tuvo que recurrir a la televisión para ir viviendo. Y eso que en aquella película logró una gran interpretación de un enfermo mental, para la que se preparó observando a los enfermos de un centro psiquiátrico. Pero tan en serio se tomó rigurosamente su papel que al poco tiempo él mismo padeció una crisis mental, relacionada con la separación de su novia.
A Danny DeVito nunca le deprimió esa etapa gris de su carrera. Porque entonces se rehízo protagonizando para la televisión una serie, "Taxi", con excelentes resultados de audiencia. Eso ocurrió entre 1978 y 1983. Era el protagonista absoluto, al volante de un taxi por las calles de Nueva York. (Robert de Niro hizo lo mismo en la gran pantalla). Su papel era el de un malhumorado conductor, que por un lado se hizo antipático de los telespectadores, aunque la crítica supo apreciar esa interpretación concediéndole un premio Emmy. Y es que dentro de su vehículo, se dirigía a su clientela o a los viandantes con voces destempladas, provocándolos, y cuando descendía del taxi, al verlo tan bajito, producía grandes carcajadas y se reían de él a mandíbula batiente.
Fue en los años 80 y 90 cuando también pudo demostrar de vuelta a la gran pantalla no sólo su extraordinaria vis cómica, sino también su talento para papeles de entidad dramática, convertido, por ejemplo, en un villano. Téngase en cuenta que el físico del pequeño gran actor determinaba las características de sus personajes.
De esa relación de películas que contribuyeron al éxito de Danny en el siempre competitivo Hollywood, sobresalen: "Dos bribones tras la esmeralda perdida", "Por favor, maten a mi mujer", "Tira a mamá del tren" y "Gemelos", donde la presencia a su lado de Arnold Schwarzenegger ya garantizaba la risa nada más verlos juntos. Únanse también otras apariciones suyas en "La fuerza del cariño", "L. A. Confidential", "Mars Attacks!", "Big Fish", "Dumbo", "Batman regresa" (como Pingüino) y la serie televisiva "Los Simpson", para darnos una idea de su currículo profesional.
Ganando mucho dinero, lo mejor que pensó para invertirlo fue haciéndose productor, junto a la que fue su esposa, con quien fundó "Jersey Films", en alusión al estado en el que nació. Productora que financió unas cuantas películas entre las que se cuentan "La guerra de los Rose", "Hoffa", "Erin Brockovich" sin olvidarnos de "Pulp Fiction", que les proporcionaron amén de críticas positivas unas recaudaciones importantes.
"Matilde" resultó también un filme inolvidable para aquella pareja, Danny y Rhea Perlman, pues fueron tanto protagonistas como productores. Él era un estafador que vendía a su clientela coches en mal estado, que naturalmente no funcionaban. Ambos actores se habían casado en 1982, les nacieron tres hijos, ella trabajaba en la serie "Cheers". Por razones que nunca hicieron públicas, decidieron en separarse en 2012, aunque de una manera definitiva ya no aguantaron más juntos llegado 2017. Formaban una pareja adorable, eran muy queridos por la comunidad cinematográfica, por eso al romper su vínculo matrimonial incluso sus seguidores no llegaron a comprender el porqué de aquella decisión. Ya decíamos al principio que no quisieron divorciarse. Y desde entonces han seguido siendo amigos.
Entre película y película Danny DeVito se reincorporó en 2006 a otra serie de televisión para la productora Disney +, "Colgados en Filadelfia", una de las más longevas en Estados Unidos, que le siguió aportando mucha popularidad. Él ha repetido muchas veces que nunca ha querido ser protagonista de nada, aunque lo haya sido bastante tanto en el cine como en la pequeña pantalla. Lo que más le gusta es confraternizar con un gran y unido equipo.
Hay una anécdota, de las muchas que ha vivido, de la tarde que se emborrachó junto a George Clooney bebiendo limoncello, ese licor italiano. Tenía que comparecer esa misma noche en un programa de televisión como entrevistado y no pudo disimular el estado en que se hallaba. Después del incidente lo que hizo fue crear con su nombre una marca de esa misma bebida.
Con varios socios montó un negocio de varios restaurantes. Uno era de lujo, en Miami. Lo frecuentaba a menudo sólo para darse el gusto de saludar a la clientela. Todo iba bien hasta que en 2011 aquella empresa quebró y el actor hubo de responder a las demandas de los proveedores y bancos. Quedó muy tocado por tal descalabro económico y hubo de refugiarse en los brazos de su mujer, pues todavía continuaban conviviendo.
Aquello se olvidó y Danny recuperó lo perdido. En los últimos tiempos ha estado actuando en Broadway junto a su hija Lucy en la comedia "I Need That". Para él no parecen existir penas que le afecten. La vida le sonríe y él siempre echa mano de su gran, y a veces corrosivo, sentido del humor.