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Willem Dafoe lleva una vida modesta y dona parte de sus ingresos a obras de caridad

El legendario villano de Spider-Man abandona el lujo de Hollywood por la tranquilidad de Italia junto a su esposa, la cineasta Giada Colagrande.

Cordon Press

Willem Dafoe está clasificado entre los actores estadounidenses como uno de los villanos más eficaces del cine. Ha tenido la fortuna de intervenir con papeles destacados en películas que ya son historia dentro del género de terror y la ciencia ficción. En Spider-Man, del año 2002, incorporó a Norman Osborn/Duende Verde con tal verosimilitud que, dado el taquillazo que registró en un montón de países, no es extraño que volvieran a contar con él en las dos sucesivas secuelas. Dada la notoriedad que disfruta, de los muchos premios recibidos entre los más prestigiosos del séptimo arte, no es extraño que lo inviten de vez en cuando a festivales internacionales. En 2005 ya estuvo en San Sebastián para recoger el Premio Donostia. Y dentro de unos días volará a Barcelona, donde será también homenajeado en otro certamen, que lleva como denominación la Ciudad Condal y la festividad de Sant Jordi, a celebrar entre los días 16 y 24 del presente mes.

Willem Dafoe nació hace setenta años en el estado estadounidense de Wisconsin, hijo de un cirujano y una enfermera. Por sus venas corre la sangre de sus antepasados, ingleses, franceses, alemanes, irlandeses y escoceses. Cursó estudios de arte dramático, formando parte de grupos teatrales. En una de esas asociaciones escénicas coincidió con una compañera, a la que convirtió en su pareja entre los años 1977-2004, sin que contrajeran matrimonio. Ella era Elizabeth LeCompte y le dio un hijo al que registraron con el nombre de Jack, en 1982.

Pasó un año Willem sin compañía femenina hasta que volvió a enamorarse, de una directora y actriz italiana, Giada Colagrande, con quien comparte la mayor parte del año en una vivienda modesta en Italia. Salvo en los meses que él ha de desplazarse fuera por sus contratos.

En la década de los 80, entre los filmes en que intervino, conviene destacar Platoon, donde en 1986 fue nominado al Oscar, estatuilla que aún no ha logrado, pese a sus muchos méritos. Dos años más tarde fue elegido para protagonizar una muy criticada cinta, La última tentación de Cristo. Su interpretación fue relevante, elogiada, pero el propio Willem se preguntaba cómo habían pensado en él para dar vida en la pantalla a un personaje de la trascendencia de Jesús.

En los años 90, siempre muy solicitado, apareció en El paciente inglés, de 1996. Y ya en el nuevo siglo es cuando alcanzó su mayor repercusión en la pantalla, desde su papel de investigador privado en American Psycho, al reparto principal de El paciente inglés y al héroe fantástico de Spider-Man, en tres ocasiones como apuntábamos. El mito de Nosferatu le repercutió también favorablemente en su carrera. Tuvo que someterse a diario, como se comprenderá, a duras y pesadas sesiones en la sala de maquillaje. Pero todavía más fatigoso fue en 2023 el rodaje de Pobres criaturas, donde aparecía con su rostro totalmente desfigurado.

Su biografía se concreta en ciento veinte papeles en la pantalla y en los escenarios. Gran parte de sus papeles, insistimos, eran catalogados como de villanos. Se acostumbró a ellos el buenazo de Willem Dafoe. Y así se desprende lo que dijo un celebrado crítico: "Es quien mejor encarna la maquiavélica sonrisa del demonio".

Luego resulta que en su existencia normal es todo lo contrario a lo que representa en su profesión. Cansado de vivir en Los Ángeles, huyendo de la fama de Hollywood que nunca compartió en cuanto a la frivolidad y toda la parafernalia de sus gentes siempre pendientes del dinero y la fama por encima de otra forma de vida más real, Willem, de acuerdo con su esposa italiana, convinieron en abandonar Estados Unidos para irse a un lugar más tranquilo en el país de ella.

La modestia ha caracterizado a este gran actor quien calladamente mientras puede, dona generosamente parte de sus honorarios a alguna entidad benéfica en favor de gente necesitada. De ahí que, averiguando su patrimonio, después de muchos años en la profesión, haya sido estimado solo en cuarenta millones de dólares. Cifra importante en Europa, por ejemplo, para un alto cargo empresarial, mas no en el caso de un actor reconocido en Estados Unidos. Bien cierto que allí, el fisco es implacable.

La presencia de Willem Dafoe en el Festival de Barcelona durante estas fechas dará la oportunidad de conocer, fuera de concurso, su última película, El anfitrión, coproducción dirigida por el español Miguel Ángel Jiménez.

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