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La decisión que marcó la vida de Sonsoles Ónega: "No he visto a mis hijos nunca"

La presentadora de Y Ahora Sonsoles recuerda con emoción a su padre, Fernando Ónega, y reflexiona sobre el coste personal de su éxito profesional.

Sonsoles Ónega. | Atresmedia

La trayectoria de Sonsoles Ónega ha estado marcada por la ambición profesional, la autoexigencia y, como ella misma ha revelado ahora con una honestidad descarnada, por un sacrificio personal que todavía hoy le pesa. A sus 48 años, convertida en la reina de la tarde televisiva, la presentadora de Y Ahora Sonsoles ha decidido abandonar por un día su rol de conductora para sentarse en la silla de la entrevistada y abrir su corazón sobre la cara B del éxito: la renuncia sistemática a la infancia de sus hijos en favor de una carrera periodística que no le dio tregua.

En una charla íntima con sus propios colaboradores, la ganadora del Premio Planeta ha recordado que el momento clave de su vida profesional coincidió con el inicio de su maternidad. Mientras se labraba un nombre en la corresponsalía parlamentaria de Telecinco, informando desde el Congreso de los Diputados, sus hijos crecían lejos de su mirada diaria. Al ser preguntada por si alguna decisión condicionó drásticamente su vida, Sonsoles no ha vacilado en señalar que fue el hecho de no renunciar a su trabajo cuando se convirtió en madre. Con la perspectiva que dan los años, la periodista ha pronunciado unas palabras que han dejado en silencio el plató por su dureza y sinceridad: "Mi hijo tiene ahora 17 años, y no renunciar fue una decisión determinante en mi vida. No renunciar significa que yo no he visto a mis hijos nunca, que no les he hecho el bañito, no he leído con ellos. Me he perdido toda su infancia".

Esta confesión pone sobre la mesa el eterno debate sobre la conciliación, una palabra que, en el caso de la alta competición mediática, a menudo se convierte en un concepto inalcanzable. Ónega ha admitido que la decisión fue "desgarradora", pero la tomó consciente de que estaba en una etapa crucial de su carrera profesional. No obstante, el paso del tiempo le ha hecho reflexionar sobre si el precio pagado ha sido demasiado alto. Lejos de buscar una redención fácil ante las cámaras, Sonsoles ha mostrado una postura firme pero vulnerable, dejando el veredicto final en manos de quienes más le importan. "Yo pienso que serán mis hijos los que algún día me digan, mamá, te entiendo sin necesidad de tener que perdonarte. Espero que eso sea así", ha confesado con un hilo de esperanza en que sus descendientes comprendan la pasión y la necesidad vital que la empujaron a seguir adelante con su vocación.

La emoción ha alcanzado su punto álgido cuando el programa ha viajado a las raíces de la presentadora. Apenas un mes después del fallecimiento de su padre, el legendario periodista Fernando Ónega, el programa ha emitido un vídeo grabado en Mosteiro, la aldea gallega donde nació y creció su progenitor. Al ver las imágenes de los vecinos que aún guardan la esencia de su linaje, Sonsoles no ha podido contener las lágrimas. "Habéis elegido muy bien a los protagonistas porque son Maruja, la prima de mi madre, Mari Carmen, la panadera, y Avelino, que es nuestro vecino de enfrente y que cuida la casa de mi abuela. Y son los que quedan, no quedan muchos más. Y te da pena", ha señalado visiblemente afectada. Para ella, la pérdida de su padre ha supuesto un cambio de guardia emocional que le genera una gran responsabilidad generacional. "Empiezas como a situarte en la primera línea y no sabes si serás capaz de trasladar a tus hijos ese amor por la tierra, por la raíz, por lo esencial, que al final es lo que importa. Y eso a mí es algo que me preocupa mucho", reflexionaba sobre el legado intangible que desea dejar a sus hijos, compensando quizás los años de ausencia física con una conexión profunda con sus orígenes humildes.

Durante la entrevista, también ha habido espacio para desmitificar la figura de su padre como un tótem del éxito inalcanzable. Sonsoles ha querido aclarar que crecer con Fernando Ónega no fue crecer con una estrella, sino con un trabajador del periodismo que conoció la inestabilidad de cerca. "Cuando me preguntan por un padre famoso, digo que no. Fue un padre al que yo he visto más fracasar que otra cosa. Le daban un informativo, se lo quitaban, dirigía la revista Tribuna, dejaba de dirigirla, dirigía la revista Ya, el periódico Ya, dejaba de dirigirlo, los servicios informativos de la COPE, de Onda Cero, que es donde probablemente fue más feliz y era eso. Nada más. Y nada menos, por supuesto", explicaba para situar su propia ambición en un contexto de esfuerzo constante.

Esa ética del trabajo es la que parece haber heredado y la que, paradójicamente, la alejó del hogar durante casi dos décadas. Recordando la influencia de su padre en su vocación, Sonsoles evocaba las palabras que este solía decirle cuando ella intentaba descansar: "Oía a mi padre decirme '¿qué haces en casa, puedes irte a trabajar ya?'". Ese impulso constante hacia la excelencia profesional es el que la ha convertido en la figura que es hoy, pero también el que la ha llevado a reconocer hoy, con orgullo y melancolía a partes iguales, que sus orígenes están en el esfuerzo de quienes no tenían nada. "No dejó de ser nunca el hijo de Angelita y José Ramón, un labrador y una señora de ojos azules preciosos que dieron una educación a sus hijos viviendo de unos orígenes humildísimos. Y de los que estoy muy orgullosa, por cierto", concluía la presentadora, cerrando un círculo de honestidad sobre el éxito, la pérdida y el alto coste de cumplir los sueños en televisión.

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