Colabora

Michael J. Fox continúa luchando contra el Parkinson sin dejar el cine y la televisión

El inolvidable protagonista de Regreso al futuro compagina su carrera en la gran pantalla con la visibilización de su dolencia crónica.

Michael J. Fox y Tracy Pollan | Cordon Press

Tres décadas y media lleva el actor soportando la enfermedad de Parkinson. Se la diagnosticaron cuando tenía veintinueve años y se encontraba en la cima del éxito como actor, protagonista de una recordada película, Regreso al futuro, en el personaje de Marty McFly. Quienes comprueban en seres queridos el tormento que viven estos enfermos, estarán al corriente de las limitaciones que padecen: la movilidad, sentados en silla de ruedas, apenas sin poder andar la mayoría, pérdidas de memoria, dificultades en el habla, cansancio…

Imaginen en el caso de un actor, lo que le ocurre a Michael J. Fox, que acaba de cumplir sesenta y cinco años, para reintegrarse a su profesión. Cuando casi todos estos enfermos ya están jubilados a la fuerza, incapaces de continuar su oficio por muy fácil que sea ejercerlo, este entusiasta y tesonero Michael J. Fox sigue integrado en su profesión artística, apareciendo en películas y series de televisión.

Regresa a la cuarta temporada de Terapia Sin Filtro, serie que puede verse a través de Apple TV+, donde su participación le supuso estar nominado al Emmy. Desde su lugar de residencia, tenía pendiente estos día veraniegos viajar a California para rodar nuevos capítulos. "Eso ha alargado mi vida", declara satisfecho.

El argumento de Terapia Sin Filtro gira en torno a dos enfermos de Parkinson, uno lo interpreta con toda veracidad Michael J. Fox, el otro está en manos de Harrison Ford, en el personaje de un doctor aquejado de ese mismo mal. Michael bromea sobre este: "Con la fama que arrastra de gruñón no sabía qué esperar de él cuando empezamos la serie. En realidad, es un encanto. Fue muy afectuoso conmigo desde el primer día que nos vimos, recibiéndome con los brazos abiertos".

Hubo un tiempo en el que Michael se refugió en el alcohol, aguantando su dolor y dándole vueltas a su futuro, que él lo veía negro. Casado, con cuatro hijos, no veía la forma de que pudiera alimentarlos cuando acabaran sus ahorros, por importantes que fueran. Tenía una vida por delante, en blanco, sin poder trabajar, sin ingresos que recibir en casa.

Su mujer, Tracy Pollan, fue quien más lo ayudó desde los primeros momentos que lo vio postrado en cama, sin ganas de vivir. Lo alentó cuanto pudo. Y él, en contacto con su agente artístico y con sus amistades, pudo aparecer hasta el presente en sucesivas series y en alguna película. De aquellas, las tituladas Scrubs, Boston Legal, Equipo de Rescate, The Good Wife, Larry David… Esta situación que viene atravesando Michael J. Fox nos recuerda a la de Tony Leblanc, al que un accidente de carretera, por culpa de cierto irresponsable conductor que embistió el coche del actor en un adelantamiento prohibido, lo dejó inválido de por vida. Santiago Segura lo salvó de su aislamiento, al contratarlo para su primera película de la saga Torrente.

Michael J. Fox no se ha limitado a sus actuaciones. El año 2000 creó una fundación que lleva su nombre e impulsa la investigación sobre el Parkinson. Recaudados hasta la fecha alrededor de tres mil millones de dólares, han servido para que no decayeran esos proyectos científicos.

Ver los comentarios Ocultar los comentarios

Portada

Suscríbete a nuestro boletín diario