4+1 carnavales sorprendentes, diferentes e imprescindibles para este 2026
El Placer de Viajar repasa varios de los mejores carnavales de España y también uno de los más míticos del mundo para un especial de estas fiestas.
En este nuevo capítulo de El Placer de Viajar, Carmelo Jordá y Kelu Robles proponen un itinerario festivo por cuatro de los carnavales más destacados de España, además de un quinto que tiene lugar en Estados Unidos. Aunque cada uno cuenta con tradiciones propias y una personalidad marcada, todas comparten un elemento esencial: garantizan diversión y dejan recuerdos imborrables a quienes deciden vivirlas sobre el terreno.
El recorrido arranca en Badajoz, cuyo carnaval ostenta el reconocimiento de Interés Turístico Internacional. Es una fiesta profundamente participativa donde, según Kelu, "no entran en juego edades ni otro tipo de cuestiones, todo el mundo participa". Además de sus famosas murgas, el podcast destaca los "artefactos", que son "camiones gigantes que tienen un curro detrás enorme", disfrazados y equipados con música y comida, convirtiéndose en auténticas peñas móviles que inundan las plazas. Las murgas, por su parte, realizan un ejercicio festivo de libertad de expresión; Kelu menciona cómo grupos como "Los Mirinda" utilizan la sátira para criticar problemas locales, como la planta invasora del río Guadiana, demostrando que "esa unión con la actualidad está muy bien y utilizan la libertad de expresión".
Desde allí, el episodio se traslada a las Islas Canarias para detenerse en el espectacular Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Carmelo confiesa que, aunque iba escéptico, quedó maravillado por las cabalgatas, a las que define como "una auténtica vorágine". Destaca especialmente el papel del ciudadano: "Me gustan mucho las fiestas en las que la gente normal es la protagonista... es la gente la que se sube al escenario". El ambiente es una mezcla única de celebración familiar, donde se ven "abuelos, hijos y nietos todos disfrazados de lo mismo", y un toque más atrevido y "sexy" favorecido por el buen clima, donde los días de carnaval funcionan como un "paréntesis en los que la gente hace cosas que fuera de esos días a lo mejor no haría".
Sin abandonar el archipiélago, el viaje prosigue hasta Santa Cruz de La Palma para descubrir Los Indianos. Esta fiesta transforma la ciudad en un mar de blanco y música cubana, recreando de forma caricaturesca el regreso de los emigrantes. Kelu explica que la fiesta estalla con la llegada al puerto de la Negra Tomasa, personaje interpretado tradicionalmente por un vecino llamado Soso, quien "inaugura la fiesta" y cambia simbólicamente el nombre de la plaza principal por "Plaza de la Habana". Es una celebración visualmente potente por el lanzamiento de polvos de talco, una tradición que, según las leyendas locales, podría tener su origen en un barco de harina varado o en antiguos juegos de cortejo con polvos de maquillaje.
La siguiente parada cruza el océano hasta llegar al Mardi Gras de Nueva Orleans. Carmelo lo describe como algo "loquísimo", donde en una misma calle conviven desfiles, mujeres que intercambian collares de cuentas por mostrar los pechos, fundamentalistas cristianos con cruces de madera y desfiles de drag queens. El ritual central consiste en que, desde las enormes carrozas de los Krewes, se lanzan baratijas al público, creando un "momento de conexión" único mediante el contacto visual entre el enmascarado y el espectador. Destaca también el "Skull and Bones Gang", un grupo que desfila a las 5 de la mañana vestidos de esqueletos con influencias africanas para "alejar los malos espíritus de la ciudad".
Para cerrar, el podcast pone el foco en el carnaval rural de Luzón, en Guadalajara. En este pueblo de apenas 30 habitantes, el sábado de carnaval aparecen los Diablos, personajes que cubren su piel con una mezcla brillante de "hollín de las chimeneas con aceite de oliva" y portan grandes cuernos de toro reales. Su objetivo es "tiznar" a los visitantes y perseguir a las Mascaritas, mujeres que visten trajes tradicionales y máscaras blancas inexpresivas, defendiéndose con bastones. Al ser una aldea tan pequeña sin restaurantes, la fiesta termina con una gran comida popular donde los vecinos reparten "panceta, chorizo y limonada" entre todos los asistentes, reivindicando la fuerza de las tradiciones en la España rural.
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