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Katy Mikhailova

Jugando a ser dioses

¿Por qué los fotógrafos y diseñadores transforman tan cruelmente el físico de la mujer?

Katy Mikhailova
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¿Por qué los fotógrafos y diseñadores transforman tan cruelmente el físico de la mujer?
La portada de Inma Cuesta | El Periódico/Instagram

¿Quiénes se han creído los fotógrafos y/o diseñadores gráficos que retocan las fotos para transformar tan cruelmente el físico de una mujer? A esos que "retocan" sin ton ni son les digo lo mismo que a los cirucomplejines: ¿por qué, a veces, destrozan de esa cruel manera la belleza natural?

El pasado domingo Inma Cuesta se convertía en trending topic en Twitter, debido a que manifestó su rotundo desencanto y decepción con un portada photoshoppeada a más no poder. Aún seguimos hablando de ello. Y ya, en frío, podemos reflexionar con mayor profundidad.

Su silueta quedaba reducida a la mitad y su rostro pasaba a ser más grande que el cuerpo. Aquel era el resultado. O mejor dicho: aquel era el cruel resultado. Y, aunque la inmensa mayoría de la sociedad virtual aplaudía las palabras de la bella actriz, hubo un sector minoritario que se dedicó a criticarla.

Que si era una manera de estar en el candelero, que si se había aprovechado en un pasado de las técnicas de retoque fotográfico y que ahora le da por protestar, eran algunos de los muchos reproches; otros afirmaban que quizá no era la manera más elegante de expresar su descontento y que podría haberlo hecho por privado.

Muchos llegaron a justificar que el autor de la portada definitiva del semanal es "víctima" de los cánones de belleza. Vamos a ver: los cánones de belleza son eso que vemos en la televisión, en las campañas de publicidad, en las revistas, en el cine y ahora también en Internet que recopila todo lo anterior. Quiénes los dictan -los cánones- no lo conocemos a ciencia cierta.

Están ahí, en forma de etiquetas; a veces en abstracto, otras en fotos e imágenes. Son palabras, ideas, conceptos y tallas, sobre todo, tallas. No podemos cambiar con facilidad e inmediatez las tendencias de las diosas de papel que gran parte de la sociedad desea tener o ser.

Todos en mayor o menor medida contribuimos a la existencia y a la retroalimentación de estos cánones, medidas. Pero cuando a un artista le das un pincel para crear más belleza, aquel puede seguir las tendencias estéticas de muchas maneras. Puede crear desastres naturales como el bótox y las operaciones de Donatella Versace, por ejemplo, o puede alisar silenciosamente el rostro de una mujer como el de Isabel Preysler –¡vaya ejemplo también el mío! Con lo bien que iba la columna de opinión...–

Si algo tienen los artistas en sus manos es que son unos catalizadores y a su vez unos "hacedores" de tendencias, que pasan por ellos; y que, a través de sus manos, las plasman sobre un lienzo, un tejido, un rostro o papel maché.

En manos de quién ponemos nuestra cara y cuerpo es lo que nos tenemos que preguntar. En esas manos y en nuestra voluntad se están jugando también nuestros valores. A fin de cuentas, la belleza son valores. A través de esas manos pasa el concepto que ese "experto" tiene de las tendencias, de la estética y, en suma, de la belleza de la que estamos hablando.

La actriz Inma Cuesta no tiene ninguna necesidad de generar estas polémicas. Ha tenido tacones para decir lo que muchas callan. ¿Que en otras muchísimas ocasiones ha sido cómplice y amante del photoshop? No es nada nuevo. Ella misma lo ha dicho: una cosa es un retoque de luces, alisar algunas imperfecciones que han salido ese día, intensificar los colores… Y otra muy distinta es reducir su cuerpo a la mitad. ¿Qué mensaje le está diciendo el profesional que la ha recortado?

Cuando se carece de gusto ocurren desgracias como los labios de silicona exagerados y la portada de Inma Cuesta. Cuando la tendencia estética más vulgar se apodera del imaginario social de un subgrupo determinado nacen verdaderos desastres. A fin de cuentas cirujanos estéticos y profesionales del photoshop hacen una labor muy similar: "mejorar" -o eso creen- la naturaleza. Juegan a ser dioses en algunas ocasiones. Otras veces hacen simplemente una labor muy respetable; que se deja de respetar en el momento en que va en contra de la voluntad de la materia que trabajan -véase una cara o un cuerpo a través de una fotografía digital-, y más aún en contra de esa mujer a la que terminan humillando.

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