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Dos modelos aparecieron sin bragas en el Festival de Venecia. Y menuda se ha organizado.

Katy Mikhailova
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Dos modelos aparecieron sin bragas en el Festival de Venecia. Y menuda se ha organizado.
Giulia Salemi y Dayane Mello | Cordon press

Medio mundo está escandalizado por la aparición de dos modelos, en el Festival de Cine de Venecia, literalmente sin bragas, y con dos tacones, oiga. Qué le vamos hacer cuando el libertinaje aplasta el liberalismo y la necesidad de generar ruido a través de la polémica es el pan nuestro de cada día.

Mi consejo ante situaciones como estas es disfrutar con el hecho de que, por lo menos -y no es poco-, como diríamos en nuestra jerga, "están bien buenas".

Esto me recuerda a aquella vecina de Irina Shayk en Nueva York que se quejaba porque la modelo rusa paseaba sin ropa por su casa sin bajar las persianas.

Tampoco voy a defender ni muchísimo menos este espectáculo, solamente quiero ver el lado gracioso, divertido y sexy del asunto. Pero la realidad profunda es que, como llevo ya diciendo desde hace años, el mundo está en decadencia, y tal desastre moral y espiritual se manifiesta, entre otras, en el arte y la moda.

La moda cumple el rol de aspirar a ser un fiel reflejo de la personalidad de cada uno y de su estado emocional y profesional. La moda ya no sirve para reflejar un estatus como pasaba hace dos siglos -porque el poder adquisitivo manifestado a través de la moda es fácilmente manipulable desde que Zara es Zara y las imitaciones ‘dan el pego’-. Tampoco es el arte de vestir una cuestión de higiene, porque naturalmente no es muy saludable salir de casa sin bragas en tanto en cuanto una debe de sentarse en algún momento, digo yo, y esas cosas.

Sin embargo, la situación podría haber sido peor: que fueran sin depilar y ensangrentadas, como esas feminazis que salieron no hace mucho vestidas de blanco y llenas de manchas recordando que la menstruación existe. Al menos las dos bellezas del festival menstruando no estaban… o quizá sí y gozaban de las esponjas vaginales propuestas por Manresa. Eso sí que sería un espectáculo, ¿se imaginan? La esponja cayendo por la alfombra roja… Sin bragas, pero con un par de tacones.

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