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El albornoz de la discordia

Palomo Spain es un genio, pero lo del albornoz en una gala de premios musicales es simplemente una porquería.

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Rita Ora en albornoz | Cordon Press

Si los pijamas de lujo de Dolce & Gabbanapara acudir a un evento, las no-bragas de alguna que otra alfombra roja –dejando clara la ausencia de las mismas– o las zapatillas sucias de Gucci muestran la desesperación en la industria de la moda de los personajes y personajuchos que la componen; lo del albornoz en una gala de premios musicales manifiesta que la realidad supera a la idiotez, y que siempre hay un escalón más bajo para seguir hundiéndose en el estiércol de la estética.

Y no es culpa del autor del albornoz; Dios me libre: soy una fan declarada de Palomo Spain, que, siendo producto nacional, viste a divas internacionales, y encima lleva de apellido ‘Spain’. Pese a su moda estrafalaria, difícil de entender por el españolito medio de calle, es un genio donde los haya. Obviando que su padrino sea Almodóvar, Palomo es uno de esos ejemplos que demuestran que nuestra moda -más allá de la industria textil ‘low cost’- aún late. No necesita vender humo y nutrirse de subvenciones y favoritismos; no se ha prostituido trabajando para otras marcas y tampoco necesita desfilar en Miami o New York para que en España se le respete. Y, aunque pocos sean los que se atrevan con sus creaciones femeninas para vestir al hombre, podemos presumir de diseñador independiente –que no independentista–, supongo, español –que no españolista–, creador y creativo.

Miley Cyrus, Katy Perry, Beyoncé –incluso La Veneno años atrás– han sucumbido al encanto de este diseñador que, con apenas 25 primaveras, está sabiendo labrarse un hueco importante en esta industria; y, lo más importante: llevar la ‘marca España’ por todo el mundo.

Ahora bien: el albornoz es una porquería. Podría ser el de un hotel de la cadena Iberostar, Barceló o Hard Rock, y lo mismo da que lo firme Palomo que una fábrica que trabaja con algodones finos para hoteles de cinco estrellas, para que luego el cliente de turno termine llevándoselo en la maleta de vuelta a su casa. Coleccionistas de albornoces… yo prefiero coleccionar 'bolis' -son más prácticos y abultan menos-. Confieso no haberme llevado nunca un albornoz a mi casa: quizá porque no había sitio en mi maleta, por pereza, o porque acumular por acumular quita espacio en los armarios -bueno, robar tampoco está de moda, o que se lo cuenten a Winona Ryder-.

Pero, volviendo a la polémica. ¿De verdad, Rita, que era tan necesario aparecer en un photocall con el albornoz, toalla en cabeza y diamantes -o algo muy brilli brilli- colgando de las orejas , bajo kilos de maquillaje?

Que Palomo cree una colección llamada ‘Hotel Palomo’, proponiendo prendas inspiradas claramente en un hotel y la estética del mismo –desde vestidos confeccionados a partir de sábanas, trajes de ‘botones’ de distintas épocas y estilos, uniformes del personal de limpieza, llegando a la clienta todopoderosa con 'Síndrome de Jequesa Qtarí'– no significa que cualquier cosa valga para un evento como unos premios con tanta repercusión mediática.

No por el albornoz será más o menos respetada en la industria, pero sí deja constancia el hambre por acaparar titulares esta señora. Es más: yo antes ni sabía que existía una tal Rita Ora. Lo siento por los oranistas y su ejército de seguidores. Estoy por desempolvar mis albornoces y sacar algo vintage para estas navidades.

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