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Mujeres embutidas

La última artimaña para vender regalos navideños es una media que acoge a una mujer. Una mujer delgada, claro.

Katy Mikhailova
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Medias grandes, modelo pequeña | Wish

Es época de navidades y lo de guardar regalos y sorpresas dentro de un saco se nos va de las manos. Desde el clásico calcetín navideño encima de la chimenea, pasando por burbujas rellenas de diferentes regalos. ¿Saben cuál es la última? En lugar de calcetín, una media que acoge a una mujer. Eso sí: que la mujer sea delgada. Esta es la fórmula de la tienda online Wish para triunfar vendiendo pantis de talla grande. Mujer de talla S -o XS- atrapada en una media de -se supone- una talla XL.

En el artículo A mí me gustan gorditas criticaba precisamente el fenómeno de renunciar a todo lo "perfecto", pero en esta ocasión me produce un enorme rechazo ver fotografías de mujeres embutidas en unas gigantescas medias de color carne. Siento una profunda pena por la campaña. No es ni estética, ni graciosa, ni divertida; tampoco es una metáfora de nada, más que de la necesidad de llamar la atención para hacer caja.

Se presupone que el complemento de moda está confeccionado para mujeres "grandes" -ni siquiera gordas, las altas llevamos medias L o XL-; tan grandes, que una mujer -aparentemente- normal puede entrar en ellas y que, para colmo, le sobre espacio. Es una evidente exageración del concepto a explotar que, si pasáramos por alto los muchos trastornos alimenticios que padecen algunas mujeres -también hombres- en Occidente, podría tener su aquel; pero, sumergidos en esta continua lucha por hacer entender que la belleza y la salud no depende de una etiqueta que refleja el tamaño de tu cuerpo, es una ofensa y un error.

El otro día me "notificaba" Instagram que una tal Lucía Etxebarría me seguía en esta red. Total: si sigo perfiles de gatitos con nombres cursis, cómo no iba a devolverle el ‘follow’ a una periodista, comulgue o no con sus ideas. Lucía subía una foto de una botella de anís, en cuya etiqueta aparecía una mujer morena, de complexión física robusta, con una banda donde ponía ‘Miss Andalucía’. "El ideal de belleza moderno es una imposición capitalista y reciente. Estar delgado es caro", escribía Lucía.

Me entraron ganas de recordarle que hace un siglo estar gordo era caro, y que, por esa regla de tres, el "ideal de belleza" siempre fue caro de alcanzar, y que también el Comunismo, entonces, impone estar delgado -supongo que porque con dicho régimen, y nunca encajaría mejor una palabra, la gente pasa hambre involuntariamente-.

En la misma línea de mi columna de la semana pasada, el ideal de belleza es eso que escasea, que gusta y que, por tanto, termina "imponiéndose" sobre lo que abunda. Porque las mayorías aspiran a ser y tener lo inalcanzable. Seguramente por falta de seguridad y por ese sentimiento de idolatración y pertenencia a un colectivo.

Y, como una de otras tantas campañas polémicas, el final de ésta ha sido el mismo de siempre: trending topic, lluvia de críticas y productos agotados. Los responsables de la plataforma de venta online no se han pronunciado y mucho menos han decidido la retirada de las medias. Se justificarán el día de mañana -si procediera- con eso de la libertad de expresión y esas pamplinas tan románticas que permiten a uno manifestar lo que le entre en gana; y, mientras tanto, esto no es más que una de las muchas "anécdotas" de la moda y la belleza que se van sumando a la historia de la lucha "por la talla saludable", mientras miles de mujeres viven acomplejadas en el silencio y el miedo. A ver quién se come el pavo mañana.

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