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España huele a España

Hace año y medio escribía aquí mismo ‘¿A qué huele el 155?’, y concluía, en otras palabras, que olía a complejos, a miedo, a presión, a tiranía…

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¿A qué huele España? | Gotas de España

Elegir un aroma para una nación no es tarea fácil. Sobre todo cuando se trata de un país tan rico en esencias como España. Nace así ‘Gotas de España’, como un proyecto cien por cien nacional y elaborado a partir de materias primas de primera calidad obtenidas, (¡cómo no!), en España. ¡Feliz de recibir noticias tan buenas! Y es que se trata de una fragancia para mujer, en un frasco decorado con los colores de la rojigualda, cuya esencia verdadera es abrazar España y proyectar en silencio el orgullo de ser español y vivir en este país.

Hace año y medio escribía aquí mismo ‘¿A qué huele el 155?’, y concluía, en otras palabras, que olía a complejos, a miedo, a presión, a tiranía…

A más de uno mi apellido les suena a nombre de tenista rusa. Sí, el apellido es ruso. Aunque yo nací en Armenia. Y con un año (exactamente, con 14 meses), mis padres se trasladaron a Madrid. Mis padres han nacido y crecido en Azerbaiján, ellos y las dos generaciones anteriores. El apellido es de origen ruso, ya que mis antepasados por la línea paterna los tendríamos que ubicar en San Petersburgo. De hecho, mi tatarabuelo formó parte del Ejército Blanco durante la Guerra Civil en Rusia, cuyo triste final con sabor a Stalinismo que todos conocemos. Un Stalinismo que apesta. Que, en caso de haber tenido una fragancia comercial, tendría que oler a campo chamuscado, a mentiras, a ceguera… en suma, a asco. Mi madre, de origen armenio, también creció en el país de Azerbaiján, y cosas de la vida desembocaron en España.

Tengo una única nacionalidad: la española. Tengo un único himno, que es ese que se tararea sin letra (aunque ojalá se rescatara o se usara la de Marta Sánchez) durante las Eurocopas y los Mundiales de fútbol cuando juega la mal-llamada ‘La Roja’ (que yo siempre he preferido llamar ‘la rojigualda’). Mi lengua es el castellano: mejor, el español, que suena más nuestro. Y mis colores son el rojo-amarillo-rojo, esos que figuran en una bandera (que mañana domingo decorará la Plaza de Colón como nunca) que aun tenemos en el jardín de mi casa, herencia de una colectiva lucha no verbal contra el secesionismo catalán, aunque algunos lo utilizan para sonarse los mocos y hacer humor de ellos. Esos colores que trasladados a los llaveros, camisas (con firmas como La Española o Capote)..., recuerdan que España es bonita y mágica. Y no sólo el rojo-amarillo-rojo nos recuerda que España late en nosotros: también los volantes, los lunares, las rosas, los claveles, los bordados, los tocados especiales, los mantones adaptados a la urbe, las toreritas funcionales, los trajes de luces que que se trasladan a ropa cotidiana para el día a día, los flecos… y mucho más. Elementos utilizados por centenares de diseñadores de alta costura del mundo entero (Desde Dolce&Gabbana, pasando por Gucci, Versace, Moschino, Vuitton, Loewe… el mundo mira a España, y se inspira en Ella).

Mi lucha y mi orgullo es este: poder, a través de la imagen y las palabras en este espacio, defender aquello que soy porque no conozco otro concepto vital que no sea España, y mi Madrid. Y encontrar un aroma que se asemeje a todo ello me parece fascinante. Y en esta línea, ‘Gotas de España’ (por 60 euros la colonia) tiene como fin la defensa del patriotismo y el orgullo de ser español, recopilando, seguramente estos valores también descritos.

España huele a naranjos, a olivas; huele a vino, a tinta de toro, a tempranillo. Huele a tierra, seca o húmeda, independientemente de adónde nos desplacemos. Huele a vermut, a vinos de Jerez. Huele a azahar, a claveles, a rosas… Huele a verdad, a pasión. Huele a bondad y solidaridad (no hay más que ver cómo se ha volcado España con el caso de Julen). Huele a vida. A historia. España huele a España. Y eso no se discute. Simplemente se siente.

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