
Tener un antojo de dulce después de comer o cenar es algo bastante habitual. Es casi un ritual para muchas personas. Pero, tiene una explicación científica el hecho de tener hueco para el postre incluso con sensación de saciedad. De hecho, según numerosos especialistas existen diversos motivos por lo que el cuerpo "quiere" ingerir alimentos dulces tras una comida o cena, y algunos de ellos no son demasiado positivos. En ocasiones se dice que las personas tienen un "estómago para el postre". Este concepto se refiere a la creencia de que, aunque una persona se sienta llena tras una comida, siempre queda espacio para el postre.
Es cierto que muchas veces, después de una comida copiosa, parece imposible seguir comiendo, pero al llegar los dulces, esa sensación de saciedad disminuye, permitiendo disfrutar de un postre. Tanto que, como se suele decir, "siempre hay un espacio para el postre" o eso de que "tenemos un segundo estómago para el postre". Y, aunque parezca mentira, estos dichos tienen bastante de cierto. Concretamente, este fenómeno es lo que los científicos denominan saciedad sensorial específica (SSS), que se trata de la disminución del placer sensorial que se experimenta al consumir de manera repetida un alimento en particular hasta sentirse saciado, mientras que otros alimentos no consumidos mantienen su nivel de atracción sensorial. Por tanto, se podría decir que los humanos no tienen un 'segundo estómago' para el postre, pero sí ocurre este fenómeno de saciedad sensorial específica.
¿Existe realmente el 'estómago del postre'?
Desde un punto de vista fisiológico, no existe un segundo estómago dedicado exclusivamente a los postres. Sin embargo, hay explicaciones científicas que ayudan a entender por qué a menudo uno siente que puede seguir comiendo cuando se trata de dulces. Una de las teorías más aceptadas es que el cambio en el sabor juega un papel importante, es decir, que después de comer alimentos salados o grasos, el cambio a un sabor dulce puede estimular el apetito. Esto se debe a que el cerebro responde al contraste de sabores, lo que puede reactivar la sensación de hambre, aunque el cuerpo esté físicamente satisfecho.
Además, el azúcar tiene un impacto en el sistema de recompensa del cerebro. No hay que olvidar que consumir dulces libera dopamina, una sustancia química que produce una sensación de placer, lo que podría explicar por qué las personas sienten el deseo de comer postres incluso cuando ya están llenas. También influyen factores psicológicos, como la costumbre social de concluir una comida con un dulce o el simple antojo.
Pero, otra de las argumentaciones científicas es que existe un fenómeno conocido como saciedad sensorial específica. La saciedad sensorial específica se refiere a cómo el cerebro disminuye su interés en un alimento después de consumirlo repetidamente durante una comida. Sin embargo, ese mismo cerebro puede 'despertarse' ante la oportunidad de comer algo completamente diferente, como un postre, que aporta nuevos estímulos de sabor y textura. Por lo tanto, esto significa que cuando uno se siente lleno después de haber comido un plato principal, no es que necesariamente el cuerpo haya agotado su capacidad física para ingerir alimentos. Más bien, uno se cansa del sabor específico de lo que se ha comido.
¿Por qué apetece algo dulce después de comer o cenar?
Un antojo por comida dulce puede llegar a superar a hormonas como la leptina y la grelina, que pueden superar a su vez las señales que se envían al cerebro para que se pare de comer. De esta manera, aquellas personas que, al seguir una dieta cetogénica tienen que reducir de una manera drástica los hidratos de carbono, es más probable que les apetezca disfrutar de unos dulces ricos en carbohidratos. Sin embargo, el hecho de no consumir suficientes carbohidratos puede llevar a tener bajos niveles de azúcar en sangre, lo que a su vez hará que el cuerpo quiera ingerir alimentos azucarados.
Asimismo, hay que tener en cuenta que el hecho de consumir alimentos dulces inmediatamente tras el almuerzo o cena, puede ser un indicativo de una deficiencia en magnesio, hierro, calcio y zinc. No hay que olvidar que el magnesio puede ayudar a la regulación de la producción de la insulina, y que, por tanto, contribuye a mantener unos niveles bajos de azúcar, si se da una deficiencia de esta vitamina, puede ocasionar antojos de comida dulce.
Otro motivo de que apetezca algo dulce tras la comida tiene que ver con la saciedad sensorial específica, también denominada "estómago de postre". Esta tiene lugar cuando un alimento en particular pasa a ser menos agradable por provocar una sensación de estar demasiado lleno, y el hecho de comer un tipo de comida diferente, como un dulce o un pastel, hace que se convierta más deseable.
Palatabilidad y sistema de recompensa
Ya se ha hablado largo y tendido sobre la palatabilidad, que es la sensación de resultar extremadamente agradable al paladar. Esto se consigue no solo con el sabor, sino que hacen falta características organolépticas (olor, textura, color...) y químicas, es decir, las hormonas involucradas en los mecanismos de hambre, apetito y recompensa. Por este motivo, hay que recordar que los postres ultraprocesados como la bollería industrial o los helados son ejemplos perfectos de alimentos extremadamente palatables y que, gracias a su contenido en azúcares, inciden en el sistema de recompensa y ayudan a que se libere dopamina, un neurotransmisor relacionado estrechamente con el placer y la recompensa.
No hay que olvidar que el mecanismo de recompensa ‘premia’ al cerebro cuando se tiene un comportamiento positivo para la supervivencia humana, como las interacciones sociales, hacer ejercicio, las relaciones sexuales y la ingesta de alimentos que tienen mucha energía. Pero, ¿cuáles son las claves de por qué el apetito se decanta por ciertos alimentos para terminar? Una de ellas es la grelina, una hormona que se sintetiza en el estómago, estimula el apetito y envía una ‘señal’ al hipotálamo, que entre muchas funciones tiene también la de controlar la ingesta de alimentos. El mecanismo de esta hormona es complejo, pero se conoce que su secreción está muy relacionada con preferir comidas con alto nivel calórico y, específicamente, con alimentos dulces.
La conexión cultural y social
Además de la explicación fisiológica, también hay una perspectiva cultural y social vinculada al "estómago del postre", el motivo es que el acto de consumir postre puede ser una forma de distinción social. Los gustos alimenticios se convierten en símbolos que transmiten una pertenencia cultural o social. En este contexto, el postre no solo se consume por la satisfacción que ofrece su sabor, sino también como un acto simbólico que refleja estatus y pertenencia a ciertos grupos. Así, el gusto por el dulce tras una comida copiosa también puede ser una construcción social que refuerza ciertos comportamientos y preferencias culturales.
El 'estómago del postre' se convierte, entonces, en una combinación de factores biológicos, psicológicos y culturales. No se trata simplemente de una cuestión de tener más o menos hambreo, sino que existe una interacción entre cómo el cuerpo responde a los estímulos sensoriales y cómo la sociedad enmarca el consumo de ciertos tipos de alimentos.
¿Por qué el postre suele ser dulce?
El tipo de alimento también tiene un papel fundamental en este fenómeno. Los postres suelen ser dulces, lo cual tiene implicaciones tanto a nivel fisiológico como psicológico. Hay que recordar que los azúcares que contienen los postres actúan rápidamente sobre el sistema de recompensa, haciendo que el cerebro libere dopamina y se experimente una sensación de placer intensa. Esto también explica por qué muchas veces, resulta difícil resistirnos a una tarta de chocolate o a un helado, incluso con sensación de saciedad.
Además, el dulzor está asociado evolutivamente a alimentos energéticamente densos, algo que era fundamental para la supervivencia en el pasado. Esta preferencia por lo dulce, un rasgo que se comparte con muchos otros mamíferos, que lleva a buscar este tipo de alimentos después de una comida, ya que suponen una fuente de energía rápida.