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Los alimentos que nunca debes guardar en recipientes transparentes

La luz solar acelera la descomposición de ciertos ingredientes; descubre cuáles deben protegerse en botes opacos para evitar que se echen a perder.

Verduras y frutas preparadas en tuppers de plástico listas para consumir. | Pexels/CC0/Nataliya Vaitkevich

Los tarros de cristal y los recipientes transparentes se han convertido en uno de los elementos más utilizados para organizar la despensa. Permiten identificar rápidamente su contenido, ofrecen una imagen ordenada y ayudan a mantener la cocina más organizada. Sin embargo, esta solución, tan popular por motivos estéticos, no siempre es la más adecuada para conservar algunos alimentos.

La razón principal es la luz. Tanto la radiación solar como la iluminación artificial pueden acelerar un proceso conocido como fotodegradación, una reacción química que deteriora nutrientes, favorece la oxidación de las grasas y altera el color, el aroma y el sabor de numerosos productos. Por ello, algunos alimentos conservan mucho mejor sus propiedades cuando permanecen protegidos de la luz en envases opacos o almacenados dentro de armarios.

El aceite de oliva pierde calidad con la luz

Uno de los alimentos más sensibles es el aceite de oliva virgen extra.

Su característico color verdoso se debe a la presencia de clorofila y otros pigmentos naturales que, al recibir luz de forma continuada, aceleran la oxidación de las grasas saludables que contiene. Como consecuencia, disminuye el contenido de antioxidantes naturales, como los polifenoles y la vitamina E, y aparecen compuestos responsables del sabor rancio.

Por este motivo, los aceites de mayor calidad suelen comercializarse en botellas oscuras o latas, que limitan el paso de la luz y ayudan a preservar todas sus propiedades durante más tiempo.

Las especias también pierden aroma

El pimentón, el orégano, la cúrcuma o el romero seco son otros productos especialmente sensibles.

La exposición continuada a la luz destruye progresivamente los aceites esenciales responsables de su aroma y sabor. Además, sus pigmentos naturales también se degradan, provocando que el intenso color rojo del pimentón o el verde de muchas hierbas aromáticas se vuelvan cada vez más apagados.

Aunque visualmente sigan siendo reconocibles, con el paso de las semanas habrán perdido buena parte de su intensidad culinaria.

Frutos secos y semillas

Nueces, almendras, pistachos, piñones o semillas como las de lino y chía contienen una elevada proporción de grasas insaturadas, muy beneficiosas para la salud, pero también especialmente sensibles a la oxidación.

Cuando permanecen durante semanas expuestas a la luz y al calor en recipientes transparentes situados sobre la encimera, esos aceites comienzan a deteriorarse, favoreciendo la aparición del característico olor y sabor a rancio que estropea por completo el producto.

Lo más recomendable es conservarlos en envases opacos o mantener los recipientes dentro de una despensa protegida de la luz.

Patatas, ajos y cebollas

Estos alimentos también agradecen la oscuridad.

Las patatas, al recibir luz durante varios días, comienzan a producir clorofila, lo que provoca que adquieran una coloración verdosa. Aunque la clorofila en sí no supone un problema, este proceso suele ir acompañado del aumento de solanina, un compuesto natural que, consumido en cantidades elevadas, puede provocar molestias gastrointestinales.

En el caso de los ajos y las cebollas, la luz favorece la aparición de brotes, acelera el envejecimiento del bulbo y modifica su sabor.

Cuidado también con algunos recipientes de plástico

Además del efecto de la luz, algunos expertos desaconsejan almacenar determinados alimentos durante largos periodos en recipientes de plástico, especialmente si contienen mucha grasa, elevada acidez o todavía están calientes.

Las salsas de tomate, los cítricos, los encurtidos o el vinagre pueden favorecer el deterioro de algunos plásticos con el paso del tiempo. Del mismo modo, alimentos grasos como quesos curados, mantequilla, lasaña o pescados ricos en aceite pueden favorecer la migración de determinadas sustancias del envase hacia los alimentos.

También conviene evitar introducir comidas recién cocinadas en recipientes de plástico, ya que el calor puede acelerar esa degradación del material.

Carnes, lácteos y frutas

Los especialistas también recomiendan utilizar recipientes de vidrio para conservar carnes crudas, ya que ofrecen una mejor barrera frente a posibles contaminaciones y no absorben olores.

Los lácteos, especialmente cuando permanecen almacenados durante varios días, también se conservan mejor en envases de vidrio, mientras que algunas frutas muy húmedas, como los frutos rojos o determinados cítricos, pueden deteriorarse con mayor rapidez si permanecen mucho tiempo cerradas en recipientes plásticos.

Las hierbas aromáticas frescas, el ajo o la cebolla también pueden impregnar el plástico con olores persistentes difíciles de eliminar.

La regla de oro para conservar mejor los alimentos

Los recipientes transparentes no son necesariamente un problema si permanecen dentro de un armario o una despensa donde no reciban luz de forma continuada.

Sin embargo, cuando van a estar expuestos sobre baldas o encimeras, la mejor opción es recurrir a recipientes opacos de cerámica, acero inoxidable o vidrio tintado, como el ámbar. De esta forma se limita la acción de la luz y se prolonga la conservación de numerosos alimentos, manteniendo durante más tiempo su sabor, aroma y propiedades nutricionales.

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