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Hallan en Teruel la primera mantis religiosa fósil de España

El descubrimiento, publicado en la revista Cretaceous Research, supone uno de los más antiguos del mundo.

Detale de la pata prensora para cazar. | Dinopolis

Se acaba de publicar en la revista Cretaceous Research el estudio detallado de la primera mantis religiosa fósil hallada en España y una de las más antiguas que se conocen en el mundo. La mantis proviene del yacimiento de ámbar de San Just, en Utrillas (Teruel), con una edad de unos 105 millones de años (periodo Cretácico) y se conserva en la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis (Museo Aragonés de Paleontología).

Se trata de la mitad anterior de una ninfa y se ha descrito como Aragonimantis aenigma que significa la enigmática mantis religiosa aragonesa. Se trata de una mantis muy primitiva, por lo que recuerda mucho a las cucarachas, grupo del que surgieron las mantis, probablemente, al final del periodo anterior, el Jurásico.

La mantis aragonesa

Las mantis religiosas son muy conocidas por el público en general debido a la postura que adoptan, por sus movimientos, por su cabeza triangular y por sus patas anteriores prensoras, provistas de espinas, para atrapar a sus presas. También son muy populares por el curioso comportamiento que tienen las hembras (de algunas especies) que decapitan al macho durante la cópula y lo devoran para, de esta forma, aportar nutrientes para la formación de la puesta.

Menos conocido es que se trata de un grupo que se originó a partir de las cucarachas, que está también estrechamente emparentado con las termitas, y que presenta actualmente una gran diversidad, hasta 2.400 especies distintas. Las mantis viven en hábitats variados, como los desiertos africanos o las selvas de Asia, generalmente en climas cálidos.

Las mantis religiosas son muy escasas como fósiles, ya que corresponden a insectos depredadores, y por ello siempre son escasas en los ecosistemas en comparación con insectos que se alimentan de productos vegetales. El nuevo ejemplar es la primera mantis religiosa fósil encontrada en España, aparte del fósil de una posible ala suelta procedente de rocas de la Sierra del Montsec que no ha sido investigada todavía. La escasez de fósiles hace que todo ejemplar hallado sea muy importante para reconstruir la evolución de este grupo tan conocido de insectos.

Corresponde al aspecto general de la mantis.

Todavía se desconoce mucho de esta evolución y numerosas especies fósiles, como el ejemplar de Teruel, no pueden ser encasilladas en una familia de mantis concreta, ni actual ni fósil. De ahí el nombre aenigma que se le ha asignado.

Se trata, además, de una de las mantis más antiguas conocidas en el mundo. Las más antiguas se han encontrado en Mongolia y tienen unos 35 millones de años anteriores al ejemplar de Teruel. La nueva mantis hallada sólo conserva su parte anterior (la cabeza, las patas prensoras para cazar, las patas medias y otras partes del tórax), pero está perfectamente conservada.

Precisamente, lo que se ha conservado de ella es lo más importante para caracterizar estos insectos. Por ello se ha podido distinguir del resto de mantis conocidas, tanto fósiles como actuales, principalmente por la dotación única de espinas en las patas prensoras para cazar. Se trata de una ninfa y, por tanto, no había alcanzado el estado adulto cuando quedó atrapada en resina. Su tamaño es diminuto. La pata prensora completamente extendida sólo medía 7 milímetros y medio de longitud.

Se ha podido determinar que Aragonimantis está estrechamente emparentada con el género Burmantis, un grupo de mantis hallado en el ámbar de El Líbano y Myanmar (antigua Birmania). No es sorprendente si se tiene en cuenta que anteriormente se habían observado similitudes estrechas entre las faunas de insectos de los ámbares de España y los de Myanmar y El Líbano.

De este modo, el estudio, publicado en la revista internacional Cretaceous Research, describe la mantis turolense y otras dos del ámbar libanés y del ámbar de Myanmar. Cabe destacar que dicha investigación se ha llevado a cabo en el marco de un proyecto español del Ministerio de Economía y Competitividad y se ha realizado por investigadores de la Universitat de Barcelona, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y la Universidad Complutense, junto a especialistas de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y El Líbano. El ejemplar turolense fue hallado en 2010 durante una excavación paleontológica realizada gracias al apoyo de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón, de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis y de Caja Rural de Teruel.

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