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La planta que resuelve crímenes imposibles: así cazaron al asesino de Kate

La botánica forense surge como una herramienta clave para vincular a los sospechosos con escenarios muy concretos.

La botánica forense surge como una herramienta clave para vincular a los sospechosos con escenarios muy concretos.
Las briofitas son una prueba forense determinante y poco conocida. | Flickr/CC/Román__PG

Aunque parece insignificante, un fragmento diminuto de musgo es capaz de delatar a un asesino y desvelar dónde ocurrió un crimen. Es lo que afirman los investigadores del Museo Field de Chicago, que en un artículo han mostrado el papel de "testigo silencioso" de estas diminutas plantas y su papel esencial en algunos crímenes como el de la pequeña Kate, asesinada en 2011.

Los musgos, pertenecientes al grupo de las briofitas, son plantas simples sin tallos, hojas ni raíces. Su habilidad para absorber agua y nutrientes directamente del entorno les permite prosperar en lugares húmedos y sombreados donde otras plantas apenas sobreviven. Cada especie crece en microhábitats muy específicos y precisamente esto las convierte en excelentes indicadoras de ubicación.

Según ha explicado el director de Colecciones Botánicas del Museo Field, Matt von Konrat, en declaraciones recogidas por Science Daily, incluso aunque una zona parezca uniforme, los musgos crecen en microhábitats muy específicos: bajo la hierba, entre las hojas caídas, en los árboles... Y, además, el musgo alberga microorganismos como insectos, hongos o bacterias que crecen en condiciones muy concretas. Así que puede ser una gran herramienta para los forenses porque proporciona pistas muy precisas sobre el lugar en el que se ha podido cometer un crimen.

De la teoría a la práctica: 150 casos resueltos

No es sólo teoría. Los investigadores del Museo Field han analizado 150 años de casos forenses en los que los musgos aportaron una información crucial para resolver el caso. Desde un caso en 1929, donde el crecimiento de musgo ayudó a estimar el tiempo de muerte, hasta investigaciones en Finlandia, Suecia, Italia, China y Estados Unidos, en las que estas plantas han ayudado a determinar el momento, el lugar o las circunstancias de un crimen.

La pequeña Kate fue asesinada en el condado de Mason, en el norte de Michigan (Estados Unidos), cuando apenas tenía solo unos meses de edad. La mató su padre, Sean Phillips, que enterró su cuerpo en un lugar que se negó a revelar a la policía.

Al cabo de un tiempo, los investigadores encontraron fragmentos microscópicos de material vegetal —incluyendo varias especies de musgo— adheridos al barro de los zapatos del padre. En 2013, el propio von Konrat lideró a un equipo de botánicos y voluntarios que, analizando esas especies, consiguieron reducir la búsqueda a algo menos de cinco metros cuadrados del bosque, es decir, hasta el lugar exacto donde la niña había sido enterrada, tal y como reconoció el padre. Desafortunadamente, no se pudieron recuperar los restos de la bebé posiblemente debido a su edad tan temprana.

"Las plantas, y en concreto las briofitas, representan una fuente de evidencia forense poco conocida, pero poderosa, que puede ayudar a los investigadores a vincular personas, lugares y acontecimientos", afirma Jenna Merkel, estudiante de Ciencias Forenses y colaboradora del Museo Field en declaraciones a Science Daily. "Con este artículo, pretendemos concienciar sobre la botánica forense y animar a las fuerzas del orden a reconocer el valor incluso de los fragmentos de plantas más pequeños durante las investigaciones".

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