El Gobierno admite que no sabe cómo llegó la peste porcina y vuelve a la tesis del bocadillo
Después de tres meses de investigación, el primer informe del comité científico descarta la fuga del laboratorio o el sabotaje.
Tres meses después de que se detectara el primer foco de peste porcina africana (PPA) en Cataluña, el Ministerio de Agricultura sigue sin saber cómo llegó el virus a España. Así lo reconoce el primer informe elaborado por el Comité científico para el asesoramiento en relación con el brote de PPA, creado expresamente tras la aparición de la enfermedad en el entorno de Collserola (Barcelona).
El comité, presidido por la Secretaría General de Recursos Agrarios y Seguridad Alimentaria, Ana Rodríguez Castaño, admite abiertamente que no puede señalar el origen del brote. "En el momento de emitir este informe preliminar resulta prematuro pronunciarse con certeza sobre el origen del brote", explica el documento compartido por el portal Animal’s Health, en el que también se recuerda que las investigaciones judiciales y administrativas "continúan desarrollándose".
Según el informe, entre noviembre de 2025 y finales de enero de 2026 se analizaron cerca de un millar de jabalíes, con positivos restringidos a un radio de apenas seis kilómetros alrededor del foco inicial y sin ningún caso detectado en cerdo doméstico.
Los expertos destacan que la expansión del virus ha sido "lenta y localizada". También afirman que el virus detectado en Cataluña presenta "una firma genética diferencial" y un comportamiento distinto al de los brotes más agresivos registrados en otros países europeos, aunque reconocen que esta hipótesis aún necesita confirmación experimental. Es decir, creen que el virus no es muy agresivo, pero justo por eso puede ser más difícil de detectar y erradicar, porque se mueve despacio y se queda más tiempo circulando entre los jabalíes.
Laboratorios, sabotajes y rutas imposibles
El documento repasa los escenarios que ya se han barajado sobre el posible origen del brote. Uno de ellos, planteado "por prudencia", es el de la "liberación accidental" relacionada con la actividad del laboratorio del IRTA-CReSA en el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona en Bellaterra, dada la singularidad genética del virus y que varios cadáveres se localizaron a pocos cientos de metros del laboratorio de la Generalidad.
Sin embargo, tras una misión de expertos de la Unión Europea y comparaciones genéticas con virus empleados en experimentación, el propio informe concluye que "no existe evidencia que respalde este escenario".
También se analiza la posibilidad de una propagación natural desde otros focos europeos, especialmente desde Italia, pero el comité la considera poco creíble. La distancia al foco más cercano, la ausencia de casos intermedios y la divergencia genética "reducen significativamente la plausibilidad de esta vía de entrada".
Ni siquiera la hipótesis de una introducción deliberada (sabotaje) se sostiene. El informe señala que no hay indicios que apunten a una acción intencionada y que, además, "el empleo de un aislado con un comportamiento biológico aún incierto no encaja con los patrones habituales observados en acciones de este tipo".
Vuelve la ‘tesis del bocadillo’
Descartadas —o debilitadas— todas las opciones anteriores, el Ministerio recupera la explicación que se barajó inicialmente: la introducción del virus por actividades humanas a larga distancia, el conocido argumento del bocadillo abandonado.
El propio informe identifica este escenario como el "más compatible" con los datos disponibles. Una vía que incluiría la entrada indirecta del virus "a través de restos alimentarios o productos cárnicos contaminados, residuos accesibles o movimientos de personas y materiales". Una hipótesis que encaja, según los expertos, con "el carácter periurbano del área afectada y su elevada conectividad e intensidad de tránsito".
Mientras el Ministerio sigue sin concretar responsabilidades ni causas del brote que costó 153 millones de euros a los ganaderos, el informe insiste en que un virus menos virulento puede ser incluso más peligroso a medio plazo, ya que "puede prolongar el periodo infeccioso y favorecer la persistencia en fauna silvestre", obligando a planes de vigilancia más largos y costosos.
Por ahora, la única certeza es que el origen del brote sigue sin aclararse y que, una vez más, Agricultura se refugia en la hipótesis genérica del factor humano, sin aportar pruebas concluyentes. Una explicación que, en la práctica, deja todo como estaba: muchas incógnitas, pocas respuestas y un sector porcino que observa con inquietud cómo pasa el tiempo sin que nadie señale el verdadero punto de entrada del virus.
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