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Ni claro ni oscuro: la regla de oro para cuidar la vista frente a la pantalla

Visión borrosa por astigmatismo se agrava con letras blancas sobre fondo negro. Resulta óptimo igualar brillo de panel a luz de estancia.

Pixabay/CC/Pexels

En el metro, en la oficina o en casa, la escena se repite: pantallas negras con letras blancas conviven con fondos claros tradicionales. El modo oscuro se ha consolidado como una opción nativa tanto en Android como en iOS desde hace años, y muchos usuarios lo activan convencidos de que protege mejor la vista. Sin embargo, la ciencia no respalda la idea de que exista una opción universalmente superior.

La respuesta es más matizada: el beneficio del modo oscuro depende del entorno y de la tarea. Aunque reduce el brillo y la exposición a la luz azul, no siempre disminuye la fatiga ocular. De hecho, en determinadas condiciones puede incrementarla.

Qué dice la ciencia sobre el contraste

En entornos con poca iluminación, el modo oscuro ofrece una ventaja clara: reduce el deslumbramiento. Una pantalla blanca brillante en una habitación a oscuras genera un contraste intenso que obliga a los ojos a adaptarse de forma brusca. En ese contexto, el fondo negro suaviza la transición y resulta más cómodo.

Sin embargo, cuando leemos texto claro sobre fondo oscuro, la pupila se dilata para captar más luz. Esta dilatación reduce la profundidad de enfoque y la agudeza visual, obligando a los músculos oculares a trabajar más. El resultado puede ser mayor cansancio tras periodos prolongados de lectura.

Además, diversos estudios de ergonomía apuntan que el contraste positivo —texto oscuro sobre fondo claro— permite una lectura más rápida y precisa. Nuestro sistema visual está más acostumbrado a percibir objetos oscuros sobre fondos luminosos, como ocurre a la luz del día.

El fenómeno de la halación

Un efecto relevante es la halación. Al leer letras blancas sobre fondo negro, especialmente en personas con astigmatismo, el texto puede parecer borroso o desbordarse visualmente. Esto ocurre porque la pupila más abierta y la irregularidad en la curvatura de la córnea provocan un enfoque menos nítido.

Con fondo blanco, el iris se contrae ligeramente por la mayor luminosidad, lo que mejora la profundidad de campo y reduce ese efecto difuso. Por ello, para muchas personas con problemas de visión, el modo claro resulta más cómodo y menos fatigante.

Cuándo gana el modo oscuro

El modo oscuro es especialmente recomendable en dos situaciones. La primera, en entornos de baja luminosidad, como al consultar el móvil antes de dormir. Reduce el deslumbramiento y evita una sensación de fotofobia temporal provocada por un fondo blanco intenso en la oscuridad.

La segunda, en dispositivos con pantallas OLED o AMOLED, donde los píxeles negros permanecen apagados. Esto se traduce en un menor consumo energético y, por tanto, en ahorro de batería.

También puede resultar útil en aplicaciones creativas, donde un fondo oscuro permite concentrarse mejor en colores y detalles sin interferencias de brillo excesivo.

Cuándo es preferible el modo claro

Durante el día o en espacios bien iluminados, el modo claro ofrece un contraste más natural con el entorno. Esto reduce el esfuerzo ocular y mejora la legibilidad, especialmente en textos largos o tareas de precisión.

Para leer documentos extensos o trabajar durante horas frente a la pantalla, el fondo blanco con texto oscuro facilita mayor velocidad de lectura y menos fatiga acumulada. También suele ser más adecuado para personas con astigmatismo u otras dificultades visuales.

La verdadera regla de oro

Más allá de elegir un modo u otro, el factor decisivo es el contraste ambiental. El mayor problema para la vista no es el color del fondo, sino que la luminosidad de la pantalla no coincida con la del entorno.

Si estás en una oficina iluminada, el modo claro suele integrarse mejor con la luz ambiental. Si estás en una habitación oscura, el modo oscuro puede resultar más confortable. En cualquier caso, el brillo debe ajustarse para que la pantalla no sea más intensa que la luz que te rodea.

Los expertos también recuerdan que el modo oscuro no es una cura para la fatiga visual por uso prolongado. La regla 20-20-20 —cada 20 minutos, mirar a unos seis metros durante 20 segundos— sigue siendo una recomendación clave. A esto se suma ajustar la temperatura de color hacia tonos más cálidos por la noche y parpadear con mayor frecuencia, ya que frente a pantallas reducimos el parpadeo hasta un 60%.

En conclusión, no hay un bando ganador. El modo oscuro es útil en condiciones específicas y puede ayudar a reducir el deslumbramiento nocturno o ahorrar batería, pero para lectura prolongada y trabajo diurno, el modo claro mantiene ventajas en legibilidad y precisión. La mejor elección no es estética, sino contextual.

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