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¿Estornudas al ver la luz? No es alergia, es un síndrome hereditario

El reflejo ACHOO afecta a un tercio de la población. Se debe a un cruce de señales entre los nervios óptico y trigémino ante la claridad súbita.

El reflejo ACHOO afecta a un tercio de la población. Se debe a un cruce de señales entre los nervios óptico y trigémino ante la claridad súbita.
Pixabay/CC/JillWellington

Sales de un túnel, abandonas una sala de cine o simplemente cruzas la puerta de casa en una mañana luminosa. La luz del sol golpea tus ojos y, sin previo aviso, llega el cosquilleo: estornudas. A veces una vez; otras, dos o tres seguidas. No estás resfriado ni sufres alergia. Lo que acabas de experimentar es el llamado reflejo de estornudo fótico, un fenómeno que afecta a entre el 18% y el 35% de la población mundial.

Lejos de ser una rareza, se trata de una respuesta neurológica hereditaria y benigna. La ciencia lo conoce también como síndrome ACHOO (Autosomal Dominant Compelling Helio-Ophthalmic Outburst), un acrónimo que reproduce fonéticamente el sonido del estornudo en inglés.

Un "cortocircuito" entre ojos y nariz

Durante siglos se pensó que el calor del sol provocaba el estornudo. Sin embargo, la explicación moderna apunta a la intensidad de la luz y a un peculiar cruce de señales en el sistema nervioso.

Cuando una persona pasa de un entorno oscuro a una fuente de luz intensa, el nervio óptico se estimula bruscamente. Esa señal viaja hacia el cerebro, pero en algunas personas se produce una interferencia con el nervio trigémino, responsable de la sensibilidad facial y de activar el reflejo del estornudo cuando detecta irritación en la nariz.

La teoría más aceptada sostiene que la señal luminosa es tan intensa que "salta" al nervio trigémino, generando una respuesta equivocada. El cerebro interpreta que hay un irritante en las fosas nasales y ordena estornudar para expulsarlo. No hay virus ni polen: es un error de comunicación entre nervios.

Este reflejo suele activarse justo en el momento del cambio brusco de luz y no mientras se permanece expuesto de forma constante al sol.

Una condición hereditaria

El estornudo fótico es un rasgo genético dominante. Si uno de los progenitores lo presenta, existe aproximadamente un 50% de probabilidades de heredarlo. Estudios genéticos realizados en 2010 identificaron posibles alteraciones cerca de genes vinculados a respuestas neurológicas ante estímulos luminosos, lo que refuerza su base biológica.

Investigaciones anteriores ya habían observado el fenómeno en consultas oftalmológicas. Algunos pacientes estornudaban cuando el médico iluminaba sus ojos con un oftalmoscopio. También se registraron casos con flash fotográfico e incluso luz ultravioleta.

En pruebas clínicas se ha comprobado que el estornudo puede aparecer pocos segundos después de la exposición a luz intermitente intensa y que suele producirse en pequeñas series, generalmente de dos o tres.

¿Es peligroso?

En la mayoría de los casos, el reflejo fótico es inofensivo y apenas supone una anécdota cotidiana. Sin embargo, puede convertirse en un riesgo en determinadas situaciones.

Al estornudar cerramos los ojos de forma involuntaria y realizamos un movimiento brusco de cabeza. Si esto ocurre al salir de un túnel mientras se conduce a alta velocidad, se recorren varios metros sin visión. También puede resultar problemático en actividades que requieren alta precisión.

Por ello, se recomienda a quienes lo padecen utilizar gafas de sol al exponerse a cambios bruscos de luz. Reducir la intensidad luminosa disminuye la probabilidad de activar el reflejo.

Cómo prevenirlo

No requiere tratamiento médico, ya que no es una enfermedad. Es simplemente una peculiaridad del sistema nervioso. Aun así, existen pequeños trucos que algunas personas utilizan para intentar frenar el estornudo cuando sienten que se aproxima: presionar el cartílago de la nariz, apretar el labio superior o ejercer presión entre las cejas. Su eficacia varía según la persona. Lo más efectivo sigue siendo anticiparse al cambio de luz con gafas de sol o viseras.

La próxima vez que alguien estornude al salir a la calle en un día soleado, no le atribuyas automáticamente un resfriado. Probablemente estés viendo en acción uno de los reflejos neurológicos más curiosos y extendidos del ser humano: un pequeño "fallo de cableado" que convierte un rayo de luz en un sonoro "¡achís!".

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