
Desde 1995, cuando se confirmó el primer exoplaneta orbitando una estrella similar al Sol, el catálogo no ha dejado de crecer. A 26 de febrero de 2026, la NASA tiene registrados 6.128 exoplanetas confirmados. Y la cifra aumenta casi a diario.
De ello ha hablado Roberto Pascua, miembro de la Real Sociedad Española de Física y divulgador astronómico, en Es la Mañana del Fin de Semana de esRadio.
Un exoplaneta, explica Pascua, es simplemente "un planeta que está orbitando otra estrella que no es la nuestra". Aunque durante décadas se dio por hecho que debían existir, no fue hasta el 5 de octubre de 1995 cuando se confirmó el primero alrededor de una estrella "como el Sol": 51 Pegasi b, descubrimiento que acabaría valiendo un Premio Nobel.
Cómo se descubren si no se ven
Ver directamente un exoplaneta es extremadamente difícil. "Una estrella brilla del orden de mil millones de veces más que el planeta", señala Pascua. Por eso los astrónomos utilizan métodos indirectos.
El más eficaz es el método del tránsito: cuando el planeta pasa por delante de su estrella, la luz disminuye ligeramente. Esa mínima variación permite calcular su tamaño, su órbita e incluso datos sobre su atmósfera.
También se emplea el método de velocidad radial, basado en el efecto Doppler. El planeta ejerce una pequeña influencia gravitatoria sobre la estrella, que oscila ligeramente. Esa oscilación, casi imperceptible, delata su presencia.
Gracias a estos sistemas —y a misiones espaciales como Kepler— el número de mundos detectados no deja de crecer.
El sistema raro podría ser el nuestro
Lo más llamativo es que muchos de los sistemas descubiertos no se parecen al nuestro. Se han encontrado gigantes gaseosos del tamaño de Júpiter orbitando muy cerca de su estrella, algo que no ocurre en el Sistema Solar.Por eso Pascua lanza una afirmación sorprendente: "Para mí el Sistema Solar raro es el nuestro".
Solo en la Vía Láctea podría haber cientos de miles de millones de estrellas. Si muchas de ellas tienen varios planetas, el número total sería casi inimaginable.
Y en medio de esa inmensidad, la Tierra ocupa una posición clave. "La Tierra tiene que estar donde está para que haya vida. Y mucha culpa de eso la tiene Júpiter", explica, aludiendo a los modelos que describen la migración de los planetas en los primeros tiempos del Sistema Solar.
