
Investigadores de City of Hope (Estados Unidos), en colaboración con el Broad Institute y la Keio University (Japón), han demostrado cómo bacterias intestinales específicas, en combinación con una dieta baja en proteínas, pueden activar un "interruptor" metabólico que transforma la grasa blanca en grasa beige, capaz de quemar calorías.
El estudio –que se ha publicado Nature– en revela que la grasa no es estática: mientras la grasa blanca almacena energía, la grasa beige y parda la queman para generar calor. Los investigadores descubrieron que ratones alimentados con una dieta baja en proteínas desarrollaban grasa beige solo si tenían las bacterias intestinales adecuadas. En animales sin microbioma, el efecto desapareció, lo que evidencia que la dieta por sí sola no es suficiente.
La doctora Kenya Honda, coautora del estudio, explica que ciertas bacterias "perciben lo que come el huésped y traducen esa información en señales que indican a las células grasas que quemen energía".
Identificación de bacterias clave y mecanismos
Se identificaron cuatro cepas bacterianas específicas necesarias para desencadenar el pardeamiento de la grasa. Al introducir estas bacterias en ratones junto con una dieta baja en proteínas, los animales ganaron menos peso, mejoraron el control de la glucosa y presentaron niveles más bajos de colesterol.
Las bacterias activan dos vías: una altera los ácidos biliares para estimular las células grasas, y otra induce al hígado a liberar la hormona FGF21, que acelera el metabolismo. Interrumpir cualquiera de las señales elimina el efecto de quema de grasa, lo que confirma que ambas son esenciales para el proceso.
Implicaciones y limitaciones
El coautor principal, Ramnik Xavier, del Instituto Broad, señala que los hallazgos subrayan cómo el microbioma interpreta activamente la dieta y traduce esa información en señales metabólicas. Aunque los resultados podrían orientar nuevas estrategias para tratar la obesidad y enfermedades metabólicas, los investigadores advierten que no deben aplicarse directamente a humanos, ya que la dieta usada es inferior a la recomendada y los probióticos por sí solos no han mostrado resultados comparables.
En cambio, los descubrimientos podrían guiar el desarrollo de nuevos objetivos farmacológicos basados en las vías biológicas activadas por los microbios, sin necesidad de dietas extremas o suplementos bacterianos.

