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Por qué es un error comparar el coronavirus con la gripe, según la OMS

España suma más de 30 casos. Los expertos piden que no haya alarmismo pero sin restar importancia a la enfermedad.

Personal desinfectando estaciones de metro en Corea del Sur | EFE

Mientras el coronavirus continúa su expansión fuera de China, con focos importantes en Corea del Sur, Irán e Italia, decenas de casos en España y primeros positivos a Latinoamérica y África subsahariana, las autoridades sanitarias continúan preparándose para hacer frente a una pandemia. La opinión pública se debate entre el alarmismo, por ejemplo con el uso injustificado de mascarillas para combatir el virus, y la banalización de la enfermedad. La Organización Mundial de la Salud, que acaba de elevar a "muy alto" el riesgo de propagación del virus, avisa de que tan peligroso es que cunda el pánico como que no se valore adecuadamente la importancia de este virus.

En su último informe analizando los nuevos datos de los que se dispone, la OMS recuerda que es un virus "completamente nuevo" para el que los humanos no tienen inmunidad, por lo que toda la población mundial es susceptible de contagiarse. Es, avisa, "altamente contagioso", se propaga muy rápidamente y puede provocar un "enorme" impacto en la salud, la economía y la sociedad. "No es ni el SARS ni la gripe", sentencia el organismo, avisando del riesgo de comparar esta nueva enfermedad con otros patógenos y que se minimicen sus potenciales efectos.

El SARS de 2001, también provocado por un coronavirus, pudo ser frenado relativamente pronto y el número de víctimas, pese a su mayor mortalidad, no llegó a las mil. Su forma de actuar y sus síntomas han sido comparados con el nuevo coronavirus para tratar de comprender cómo funciona pero la OMS ve un riesgo en las comparaciones: ya se está viendo cómo las diferencias son sustanciales, como por ejemplo la mucho mayor capacidad de propagación del COVID 19.

Sobre la gripe común, utilizada para relativizar la mortalidad del nuevo coronavirus, expertos recuerdan cómo aún no está clara la tasa de mortalidad del COVID 19: en China las cifras oscilan entre el 2 y el 3% de Wuhan y el 0,7 del resto del país, y aún está por ver cuál será en los nuevos focos europeos y asiáticos y en los posibles brotes que se den en países con sistemas sanitarios deficientes. Los expertos rechazan afirmaciones "categóricas" comparando una y otra tasa: en el caso de la gripe, situada habitualmente en el 0,1%, también varía según los grupos de edad y zonas.

Un operario desinfectando un vagón en Milán | EFE

La clave está en seguir investigando para conocer el virus: hay cuestiones clave aún pendientes de esclarecer y que serán las que finalmente determinen qué ocurre con la expansión de la enfermedad. El análisis de lo visto hasta ahora arroja algunos datos tranquilizadores, como que la población infantil no parece ser de riesgo, y otros no tanto, como su "alta capacidad para propagarse" y una nada desdeñable tasa de mortalidad entre la población mayor, del 15% entre los mayores de 80 años.

La OMS destaca la importancia de no rebajar la guardia y pide a los gobiernos contundencia en las medidas de contención ante los primeros casos, con el rápido aislamiento de los afectados, cuarentenas "rigurosas" para sus contactos, test hospitalarios en todos los casos de neumonías atípicas y una exhaustiva investigación sobre el paciente cero. A los ciudadanos, les reclama que cumplan con las medidas básicas de protección, fundamentalmente el lavado de manos; que acepten las medidas de precaución que puedan adoptarse en sus países, que estén atentos a los síntomas y que sean conscientes de que el nuevo coronavirus es una enfermedad "preocupante" pero de la que "la gran mayoría de infectados se recupera".

Coronavirus-gripe: una semejanza deseable y otra temible

Aunque los expertos rechacen las comparaciones, lo cierto es que se han hecho y se seguirán haciendo. Una de ellas se refiere a la reacción que tendrá el virus con las altas temperaturas, algo que aún es un misterio. Se especula con la posibilidad de que con este virus ocurra como con el del virus de la gripe, cuya incidencia cae drásticamente con la llegada del buen tiempo. La proximidad de la primavera, según esta teoría, colaboraría a frenar la expansión de la enfermedad pero es algo que no se sabrá hasta que ocurra y que podría invitar a bajar la guardia.

Viandantes con mascarilla en Bielorrusia | EFE

Mientras, algunos artículos sí comparan el coronavirus con la gripe, pero no con la común, sino con la de 1918: se basan en la posibilidad, aún en estudio, de que el contagio se produzca también entre infectados asintomáticos y de que en realidad la enfermedad se esté propagando más rápidamente de lo que se piensa gracias a un largo periodo de incubación de 15 días y a que muchos sólo presentarían síntomas muy leves. Las actuales medidas sanitarias comparadas a las de principios del siglo XX hacen difícil que pudiera vivirse una situación similar, pero un artículo del New England Journal of Medicine apunta al riesgo de grandes picos de contagios en zonas pequeñas que podrían hacer colapsar los sistemas sanitarios.

Por todo ello, las autoridades sanitarias insisten en que hay que seguir centrados en contener el virus recurriendo a medidas drásticas con el objetivo de frenar su expansión y evitar que el nuevo coronavirus se quede para siempre entre nosotros como una especie de nueva gripe o, en el peor de los casos, que provoque un gran número de fallecimientos sobre todo entre gente mayor o inmunodeprimida.

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